Kilómetros de carretera para recuperar el DNI – Mi vida en cámara oculta

Kilómetros de carretera para recuperar el DNI

Esta es la historia de un hotel que hizo perder mucho tiempo (y mucha gasolina) a los familiares de una amiga mía.

El verano pasado emprendieron un viaje en coche desde España hasta Portugal, con varias paradas para conocer diferentes ciudades. Pero en la primera parada intermedia se enfrentaron a un problema técnico que les hizo perder mucho tiempo y muchas energías.

Al hacer el registro en la habitación, la madre de mi amiga entregó su DNI para los datos personales. Mientras hacían turismo, los responsables de recepción se encargarían (supuestamente) de completar el registro y le devolverían el DNI después.

 

Kilómetros de carretera para recuperar el DNI – Mi vida en cámara oculta

Dejar abandonado el DNI por error y que sea muy difícil recuperarlo puede ser una pesadilla en medio de un viaje…

Y aquí viene el problema: en recepción se olvidaron de que tenían ese DNI pendiente, y la familia de mi amiga tampoco lo recordó.

Por la mañana salieron de viaje hacia el siguiente destino, y cuando ya estaban llegando se dieron cuenta del olvido.

Lo primero que hicieron fue llamar al hotel, pero los empleados no tenían muchas ganas de ayudar y repetían constantemente que ellos no tenían ningún DNI allí.

Al final no les ofrecieron ninguna solución y lo único que pudieron hacer fue dar media vuelta y regresar. Eran casi 200 kilómetros de camino, pero no había otra opción.

Por suerte, después de mucho insistir, consiguieron recuperar el DNI perdido y retomar el viaje… Con una anécdota más que no olvidarán fácilmente.

Gracias a L. por esta historia.

Un mono de peluche perdido en una maleta

Un mono de peluche perdido en una maleta

Hace poco he publicado otra anécdota relacionada con un peluche. Por suerte, conseguí rescatar a ese Charmander y ahora forma parte de mi colección… Pero no todas mis compras por Internet han tenido el mismo éxito.

Hoy os quiero contar la historia de “Bolita intermedio”, un mono de peluche de la colección Beanie Ballz de Ty.

Hace aproximadamente dos años, me enamoré de un monito de peluche de esa colección y conseguí encontrarlo por Internet. Pasó a ser uno de mis indiscutibles favoritos y lo llamé “Bolita”.

Casi medio año más tarde, en un viaje por Eslovaquia, encontré a su hermano mayor, la versión más grande de todas, en una juguetería de Bratislava. No me pude resistir y lo compré también. No fui muy original con el nombre: se llama Súper Bolita.

Un mono de peluche perdido en una maleta

Súper Bolita y Bolita, posando para la foto mientras esperan a su hermano.

Desde hace un tiempo, mi novio me insistía para que buscáramos a la versión intermedia, porque es el único que nos falta de esa familia de monitos. Y aquí es cuando viene lo divertido…

Buscando por Internet encontramos a nuestro “Bolita intermedio” y lo encargamos a un vendedor de Estados Unidos. Encargué a una persona de mi familia que lo recibiera en su domicilio allí en Estados Unidos, para luego traerlo a España cuando viniera de vacaciones.

El caso es que otros miembros de mi familia fueron a visitarla en Semana Santa, y aprovecharon para meter el peluche en la maleta. La idea era traerlo de vuelta a España y dármelo en ese periodo.

Y aquí llega la mala noticia: ¡la aerolínea perdió la maleta! Después de tres semanas de espera y de búsqueda sin éxito, la compañía la ha dado definitivamente por perdida.

No sabemos dónde están todos los objetos que llevaba esa persona, y por supuesto “Bolita intermedio” también está desaparecido, en algún lugar del mundo… 😦

Rescatando a Charmander de la tormenta

Rescatando a Charmander de la tormenta

En este fin de semana de lluvia torrencial en Madrid, me estoy acordando de una anécdota muy divertida y surrealista que viví hace unas semanas en Valencia. Me había marchado unos días a esa ciudad por temas de trabajo y aproveché para ver a una amiga que vive allí.

El caso es que no pude contenerme y entré varias veces en Wallapop para ver si encontraba peluches interesantes que ampliaran mi colección.

¡Sorpresa! Encontré un anuncio de un Charmander de peluche precioso, y me entraron muchas ganas de adoptarlo. Contacté con el dueño a través del anuncio y acordamos quedar por su zona en una de las tardes que iba a pasar allí.

Esa tarde fui con mi amiga a visitar a unas conocidas suyas y pasamos las horas con juegos de mesa. Cuando se hizo la hora de ir a recoger a Charmander, me di cuenta de que el cielo estaba negro y que amenazaba tormenta.

Según los cálculos de Google, para llegar al punto de encuentro tenía que recorrer unos 20 minutos a pie (y otros 20 de vuelta), y yo temía que no me diera tiempo a llegar antes del chaparrón.

Mi amiga me prestó su paraguas y salí a toda velocidad de allí, corriendo gran parte del tiempo, hasta que llegué a la zona donde vivía el chico del anuncio.

En cuanto recogí a Charmander, empezó a llover. Y no era una lluvia normal, sino un diluvio en toda regla. Me faltaba caminar otros 20 minutos para volver a casa de mis amigas, y tenía que luchar por mantener el paraguas abierto con tanto viento. Ah, y todo eso manteniendo a Charmander bien pegado a mi cuerpo debajo del paraguas para que no se mojara.

Debía de ofrecer un espectáculo bastante surrealista porque los pocos que iban por la calle me miraban sorprendidos.

Aquí tenéis el perfil de mi querido peluche de Charmander. Sobrevivió a la tormenta sin mojarse y ahora vive conmigo 😀

Después de empaparme los pies y de correr como pude, conseguí llegar a mi destino con Charmander a salvo. Y luego nos quedaba aún el desplazamiento desde la casa de esta conocida hasta la de mi amiga. Otros 20 minutos de caminata bajo la lluvia torrencial, y el pobre Charmander bajo el paraguas.

Fue una aventura bastante curiosa… (¡lo que hay que hacer por un peluche!), pero mereció la pena. ¿No es adorable mi Charmander? ❤

llaves apartamento airbnb – mi vida en cámara oculta

¿En qué piso vivo?

Este fin de semana he vivido una anécdota bastante curiosa (y ridícula) gracias a Airbnb, y gracias también a mi cabeza despistada.

He pasado dos días en un congreso en otra ciudad, y me alojé en un piso con otros amigos, a través de la plataforma Airbnb. Como yo fui la primera en llegar, quedé con la propietaria para recoger las llaves y para entrar al apartamento.

Subimos al piso y la chica me enseñó todas las habitaciones, me explicó lo que había dejado en la casa para nosotros y revisamos juntas el acuerdo al que habíamos llegado.

Como había una cama extra que no estaba prevista en un principio, tenía que pagarle un extra en efectivo. Ella no tenía cambio, y decidimos bajar a la cafetería de enfrente a cambiar mi billete para poder pagarle.

El “pequeño” problema es que me dejé el móvil arriba, cargando, y bajé solo con las llaves y la cartera… Cuando la propietaria se marchó, me di cuenta de que no recordaba el piso al que habíamos subido, y la dirección detallada la tenía –cómo no– en el móvil.

Por suerte sí recordaba la letra del apartamento, así que subí en ascensor hasta el último piso –por suerte, el edificio tenía solo cinco– y empecé a bajar por las escaleras piso por piso hasta que di con el apartamento adecuado.

Por suerte para mí, recordaba perfectamente el aspecto de la puerta y no me tocó ir probando la llave en pisos de desconocidos para saber cuál era el mío…

llaves apartamento airbnb – mi vida en cámara oculta

En cuanto entré al apartamento, lo primero que hice fue desenchufar el móvil y metérmelo en el bolsillo. ¡No podía permitir que me volviera a ocurrir en otra ocasión!

Desde luego, lo que no me pase a mí… ¡no le pasa a nadie! Eso sí: os aseguro que en esos dos días ya no volví a cometer ese error garrafal ni una vez, y me aprendí perfectamente de memoria todos los detalles de la dirección 😛

amigas de la infancia nos conocemos – mi vida en cámara oculta

Pero… ¿nos conocemos?

¿Eres de los que recuerda perfectamente las caras de las personas conocidas en el pasado? ¿Reconoces a esas personas, años después, si los encuentras en un  lugar inesperado?

Hay muchas situaciones particulares en las que nos encontramos por sorpresa con caras que nos resultan familiares, pero en otras ocasiones directamente no sabemos quién era la persona que nos ha saludado.

Algo así le pasó a una amiga mía en uno de sus viajes en el metro de camino al trabajo.

Mi amiga estaba sentada en el tren, leyendo tranquilamente demasiado y sin prestar atención a lo que ocurría a su alrededor.

Y estaba tan distraída que no se dio cuenta de que una completa desconocida se había sentado a su lado y había empezado a hablar con mucha emoción.

La chica la estaba tratando como si se conocieran de toda la vida, y empezó a preguntarle cómo le iba la vida, qué tal estaban sus padres, etc.

Mi amiga estaba bastante desconcertada y respondió a las preguntas sin mucho entusiasmo, mientras se estrujaba el cerebro para intentar recordar quién era esa supuesta amiga de la infancia que no recordaba de nada. Después de un rato, se separaron porque la desconocida bajó del tren en una estación anterior.

Mi amiga siguió su camino al trabajo mientras daba vueltas (sin éxito) al misterio. Finalmente lo resolvió al volver a casa, cuando contó lo ocurrido a sus padres y ellos supieron reconstruir esa parte olvidada del pasado de mi amiga.

amigas de la infancia nos conocemos – mi vida en cámara oculta

Al parecer, la desconocida había sido compañera de mi amiga en algunos campamentos de verano cuando eran pequeñas, y habían entablado buena relación también gracias a que los padres de ambas se conocían.

Sin embargo, habían pasado muchos años desde esos campamentos, y las chicas no habían vuelto a verse. Curiosamente la desconocida había reconocido a mi amiga, pero ella no había conseguido acordarse de su compañera de infancia.

¡Gracias a L. por esta anécdota!

Cuidado con los trenes Exprés de Nueva York

Nueva York es una de las ciudades más mágicas del mundo, ya que no deja indiferente: puedes odiarla o amarla, pero es innegable que tendrá un impacto sobre ti.

Solo he visitado Nueva York en una ocasión, pero pasé más de dos semanas allí, y tuve mucho tiempo para aprender a moverme por sus calles y por su red de transporte público.

La anécdota de hoy tiene mucho que ver, precisamente, con el metro de Nueva York, ya que por un despiste muy tonto acabé con mi amiga a más de seis paradas del destino que nos habíamos planteado, y todo por no haber prestado suficiente atención.

Los trenes de la red de metro de Nueva York pueden resultar un poco confusos las primeras veces, porque puede haber más de una línea que pase por el mismo andén, por lo que no sirve subirse al primer tren que pase, sino que hay que comprobar si es la línea que necesitamos.

Una mañana, mi amiga y yo habíamos madrugado bastante porque queríamos echar el día en uno de los maravillosos museos de la ciudad, y todo iba fenomenal hasta que llegamos a la estación de metro.

Cuando bajábamos las escaleras hacia el andén, nos dimos cuenta de que ya había un tren esperando y nos metimos a toda velocidad, después de comprobar que era la línea que necesitábamos.

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Mapa del intrincado metro de Nueva York

Y aquí es donde entra en juego nuestro error garrafal, ya que en Nueva York, además de comprobar que esa es la línea que debes usar, debes tener en cuenta que algunos trenes dentro de una misma línea son “Exprés” y solo paran en las estaciones importantes, saltándose todas las demás.

Cuando nos desplomamos en los asientos y el tren arrancó, era demasiado tarde. Nos preguntamos la una a la otra, pero ninguna de las dos habíamos comprobado si era un tren normal o exprés…

Finalmente terminamos unas seis estaciones más allá de lo previsto porque el tren no se detuvo en ninguna otra estación, y tuvimos que retroceder después todo el camino en un nuevo tren (eso sí, comprobando primero que fuera un vehículo normal y no un expreso).

Otra familia de turistas que se sentaron enfrente de nosotros les pasó lo mismo y tuvieron que dar la vuelta con nosotras para llegar al museo. Ya se sabe: “Mal de muchos, consuelo de tontos…”

Una foto de una caída de la bici

Una foto de una caída de la bici

Queridos lectores:

Escribo este post (como los de las últimas semanas) desde Bruselas, “el corazón de Europa”. Me ha tocado mudarme a esta ciudad para trabajar unos meses, así que voy a aprovechar este periodo para viajar todo lo que pueda por Europa… Sobre todo porque los billetes son muy baratos y hay muchas conexiones.

El pasado fin de semana me fui en tren a Rotterdam (Holanda), y decidí dedicar uno de los días a viajar a otra ciudad cercana. Delft está a unos 15 km, así que me subí a una bicicleta y me dispuse a hacer la mini-excursión.

Cuando llegué a Delft aparqué la bici y recorrí la ciudad a pie, pero antes de marcharme quise hacerme una foto frente a un precioso edificio que hay en la plaza más importante.

Pedí a otra pareja de turistas que me hicieran la foto con mi móvil, y me coloqué junto a la bici (¡no encima!) para posar con mi mejor sonrisa.

El problema es que no había colocado bien la bici, y la rueda delantera giró bruscamente. Obviamente, el manillar se me deslizó de la mano y mis esfuerzos para recuperar el control fueron inútiles: la bici se cayó y yo fui detrás.

Mis fotógrafos, lógicamente, no pudieron evitar reírse mientras yo me levantaba. Al final les pedí que hicieran otra foto (esta vez, de verdad).

Lo que me sorprendió enormemente al mirar el móvil después fue que, junto a mi bonita foto posando en el centro de Delft, estaba capturada mi más que vergonzosa y ridícula caída.

Una foto de una caída de la bici

Foto del momento justo en el que me caí con la bici.

Obviamente, lo primero que pensé fue: “¡Para el blog!” 😛