Micro-infarto por el salto de una pitbull – Mi vida en cámara oculta

Micro-infarto por el salto de una pitbull

Hoy toca hablar de animales (concretamente, de perros). Porque hay una pitbull que casi le provoca un infarto a un amigo cuando fue a recoger a unos clientes en su vehículo Cabify.

La joven había encargado un coche para desplazarse al aeropuerto y salir de viaje este verano. Pero cuando mi amigo llegó a su casa, todavía quedaban algunos preparativos de última hora por hacer.

Mi amigo ayudó a llevar las maletas del portal al maletero para acelerar el proceso, pero no se esperaba el “ataque” de la pitbull.

Cuando abrió el maletero y empezó a guardar el equipaje, no le dio tiempo a reaccionar. Vio de reojo un animal que saltaba con toda su energía, directo hacia él, y apenas pudo reconocer qué tipo de animal le estaba atacando.

Pero ya sabemos que los perros son adorables, y la protagonista de la historia no estaba intentando atacar a nadie. Lo que hizo fue saltar directamente por encima de mi amigo y “aterrizar” en el maletero, donde se tumbó poniendo carita de pena.

No sabemos qué cara se le quedó a la pitbull, pero seguro que era parecida a la que vemos en esta foto 😀

Después del “micro-infarto” inicial, llegaron las risas. Los dueños explicaron a mi amigo que su perrita estaba triste porque sabía que se iban y quería que la llevaran con ellos. ¡Por eso se había metido directa al maletero!

Al final, con un poco de esfuerzo, pudieron sacarla de allí para llevarla de nuevo al interior de la casa, donde los otros familiares la iban a cuidar durante las vacaciones. Aunque seguro que la pobre lo pasó mal echando de menos a sus dueños durante tantos días…

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Viajes de pesadilla: de Zagreb a Sarajevo en autobús

Viajes de pesadilla: de Zagreb a Sarajevo en autobús

Este verano me lancé a una aventura inolvidable con tres grandes amigas: nos animamos a hacer un viaje por las capitales de los Balcanes en autobús y tren, saltando de una ciudad a otra en transporte público.

Hay que mencionar, de entrada, que los servicios por lo general son bastante pobres y funcionan mal, pero nada nos había preparado para el que fue nuestro primero contacto con las agencias de autobuses en los Balcanes.

Por si fuera poco, era el primer trayecto que teníamos que hacer allí, entre Zagreb y Sarajevo, y resultó ser el peor con diferencia de todo el viaje. Eso sí: el resto de problemas y situaciones surrealistas de las vacaciones nos parecieron un chiste en comparación con la pesadilla de ese trayecto.

Nuestro viaje comenzó con un vuelo Madrid – Zagreb (Croacia), y después seguimos nuestra ruta en un autobús nocturno hasta Sarajevo. Y aquí es donde empiezo a contar todas las penas…

El autobús era más pequeño de lo habitual, bastante viejo, y sin apenas espacio en el maletero. Los muy “simpáticos” habían vendido más billetes que el número de plazas disponibles, así que el acceso al autobús se convirtió en una auténtica guerra por ver quién subía primero y quién metía primero las maletas.

Viajes de pesadilla: de Zagreb a Sarajevo en autobús

Nosotras, al ser un grupo de cuatro, decidimos dividir los esfuerzos: dos de mis amigas subieron a los asientos con sus macutos, porque no había espacio libre en el maletero, y se encargaron de vigilar otros dos asientos para mi otra amiga y para mí.

Mientras uno de los conductores hacía revisión dentro del autobús, gritando sin parar en bosnio o en croata (no hablaba una palabra de inglés), el otro conductor se dedicaba a ignorarnos abajo, sin importar que le mostráramos los billetes o que intentáramos por todos los modos posibles que nos dejaran meter nuestro equipaje.

Así que dos sufrían dentro, recibiendo broncas e intentando explicarse con alguien que no quería entenderlas, mientras otras dos sufríamos fuera, pensando que nos íbamos a quedar en tierra.

Al final, sin saber cómo, nuestros dos macutos entraron (de chiripa) en el maletero a reventar, y pudimos subir a los dos asientos que nos habían guardado nuestras amigas. Hubo otras personas que se quedaron en tierra, y tuvieron que reclamar por el overbooking.

Nosotras respiramos tranquilas en los asientos, pero la pesadilla no había hecho más que empezar. Los conductores encendieron el aire acondicionado a una temperatura muy muy muy baja. Nos pusimos todas las capas que pudimos pero aun así era muy difícil no tiritar. Por si fuera poco, el aire también salía de los laterales, junto a las ventanas, y ni las cortinas nos salvaban del frío.

Recordemos, por cierto, que teníamos dos macutos en medio del pasillo porque no habían entrado en el maletero…

¡Ah! Los conductores también decidieron que no iban a dejarnos dormir en toda la noche, porque se pasaron el viaje entero escuchando música A TODO VOLUMEN, y cada dos por tres encendían todas las luces del autobús sin ningún motivo.

Podría contar otras muchas cosas de ese viaje insufrible, pero casi es mejor olvidarlo… ¡Vaya pesadilla!

Castigada sin mi restaurante favorito

Castigada sin restaurante favorito

Castigada sin mi restaurante favorito

Imagen de Diliff

¡Hola a todos!

Estoy muy contenta porque pasé el fin de semana en Sevilla y lo pasé fenomenal. Asistí al Evento Blog España (EBE) y dediqué un tiempo a conocer la ciudad, ya que no recordaba nada de mi “visita de infancia” con mis padres.

Uno de los mayores atractivos de Sevilla para mí (que soy gran amante de la comida) es la cantidad de bares de tapas donde se pueden comer verdaderas maravillas: desde la tradicional tortilla de patatas hasta las tapas más innovadoras que mezclan la cocina española con la oriental. Sencillamente, delicioso.

Llegué al hostal el viernes por la noche, muy tarde, después de un largo viaje en autobús. Ya había comido unos bocadillos en el trayecto, así que decidí reservar mis ansias de tapas para el sábado… Y ese día descubrí, con mis amigos, un sitio genial en el que “nos pusimos las botas” con tanta comida y a un precio más que razonable. Qué delicia de pollo con curry, de sashimi, de revuelto… Todo riquísimo, os lo aseguro.

Como es lógico, estábamos soñando con repetir la experiencia y fijamos para ello el lunes por la noche, pero… ¡Premio! Los lunes el local cierra por descanso del personal.

Nuestra última opción era posponerlo al martes al mediodía, justo antes de la salida de nuestro autobús de vuelta, pero también estaba cerrado y esta vez no entendimos por qué. ¡Aaaaaggggh! La ley de Murphy me persigue siempre.

Basura

La basura es mi destino

Todos tenemos un “destino” o una “maldición” que parece que nos persigue a todas partes. Tengo una amiga que siempre, siempre, siempre, siempre, siempre sin excepción pierde el Metro porque “se le cierran las puertas en las narices” (como se suele decir). También conozco a gente a la que se le acaba siempre el papel higiénico en los baños públicos.

¿Y qué me ocurre a mí? Yo sufro una extraña maldición cada vez que salgo de casa por la noche: me persiguen los camiones de la basura.

No es nada agradable volver, después de una noche de fiesta, junto a un camión de la basura que va parando constantemente (la historia se convierte en un “lo adelanto, me adelanta, lo adelanto, me adelanta, lo adelanto”). Os podréis imaginar lo perfumada que llego a mi portal…

Al principio mis padres me decían que eso era porque siempre volvía a la misma hora de fiesta, pero luego he descubierto que, efectivamente, tengo la maldición del camión de la basura: da igual a qué hora llegue (0.00, 1.00, 3.30, 5.00) porque siempre, siempre, siempre, siempre, siempre, me encontraré con él.

Un domingo fui de excursión a un pueblo de la sierra con una amiga, y nos encontramos con el camión de la basura de allí, que al parecer trabaja los domingos a las 9.00 de la mañana.

En otra ocasión, me crucé con uno distinto en pleno centro de Madrid, un martes a eso de las 15.00.

Pero, queridos basureros que tanto me queréis, ¿por qué venís a buscarme también a París? La otra mañana, yendo a clase de francés, me crucé con cuatro (SÍ, CUATRO) camiones de la basura. No sería tan alarmante si no fuera porque, de mi residencia a la escuela, hay tan solo 10 minutos a pie.

Metro de Madrid

Empezando los viajes con buen pie

Metro de Madrid

Imagen de TomTom24.

Como si se tratara de algún tipo de odiosa magia oscura, llevo todo el día intentando publicar esta entrada y mi conexión a Internet no se pone de mi parte. Así que yo la guardo y a saber a qué hora o qué día decide la informática hacerme un poco de caso…

En cualquier caso, por muy desesperada que me tenga dicho problema, he de decir que me hace gracia porque parece un “guiño” a la temática del post.

Como ya os he explicado, asistí hace poco a un encuentro científico en Granada, y el hotel supuso una desagradable sorpresa para los que tuvimos el dudoso honor de alojarnos en él.

Ahora bien: desde el mismo momento en que salí de casa para ir a la estación de autobuses y comenzar el viaje, las fuerzas del universo se aliaron en mi contra para dar lugar, una vez más, a ese tipo de historias de “catastróficas desdichas” que me ocurren cada dos por tres.

Para empezar, aguanté un retraso en el Metro debido a problemas técnicos. He de reconocer que, aunque había salido de casa con tiempo de sobra para este tipo de imprevistos, no pude evitar ponerme nerviosa.

Llegué a la estación de autobuses y, para mi sorpresa, el mío no estaba anunciado en las pantallas. Me dirigí a la zona de las dársenas y pregunté a otro conductor de la misma empresa, quien me envió hacia el otro extremo de la estación argumentando que el autobús a Granada siempre aparcaba allí.

En el supuesto sitio asignado a dicho autobús había más gente esperando, y casi estábamos al borde de un ataque de nervios porque veíamos que se acercaba el momento de la partida y no llegaba por ninguna parte…

Al final escuchamos un grito de “¡Granada!” desde el otro extremo de la estación y volvimos hacia allí a toda velocidad. El conductor nos dijo que lo sentía mucho, pero que no había encontrado sitio para aparcar en la zona que le correspondía.

¿Acaban las sorpresas? No, os aseguro que no: al llegar a la otra estación de Madrid, donde tenían que subir más viajeros, nos hicieron abandonar el vehículo a todos y cambiarnos a otro aparcado al lado porque el primero “se iba a quedar en taller para revisión”. Sí: nos tocó sacar las maletas y cambiarlas de autobús, cambiarnos de vehículo, volver a enseñar el billete, etc.

En fin… Mirándolo por el lado positivo, estaba tan agotada antes de empezar el viaje que dormí después casi dos horas seguidas.

Recorriendo Bruselas

Recorriendo Bruselas

Recorriendo Bruselas

Imagen de reine-marie.

Brujas y Gante el primer día, Amberes el segundo y destiné el tercer día a Bruselas, ya que necesitaba un poco de tranquilidad y, además, había quedado con un amigo mío que estudia en Holanda y que aprovechó mi visita para conocer la capital belga.

La mañana ya empezó con ciertas dificultades, ya que mi amigo tuvo problemas con los trenes desde Holanda y dentro de la propia Bélgica (¡qué desastre!). A eso hay que añadir que yo había salido de fiesta la noche anterior, así que me costó levantarme y “arrastrarme” hasta la estación para recogerlo.

El resto del día, sin embargo, fue muy divertido: comimos en un restaurante y no nos acordábamos de cómo pedir la cuenta en francés, así que él la pidió en flamenco y la camarera nos dijo amablemente que la palabra que buscábamos en francés era “addition”. Maldita amnesia…

Nos paseamos de un lado a otro en Metro y tranvía (en el tranvía vi a un hombre que era clavadito a uno de mis profesores de la universidad) y, cuando llegamos al Atomium, casi dimos saltos de alegría cuando nos dijeron que teníamos 2!1 en la entrada por una promoción especial de San Valentín… ¡para la que no era necesario ser pareja! Perfecto: mi bolsillo se alegró un montón.

Al final del día entramos en una especie de “círculo vicioso” por el que paseábamos en el centro y siempre acabábamos en la Grand Place (espectacular, por cierto).

Decidimos tomar un exquisito gofre con chocolate y fresas naturales junto al Maneken pis y después acabamos el día cenando en uno de los múltiples restaurantes de las callecitas centrales que, curiosamente, me recordaron muchísimo al barrio Little Italy de Nueva York.

Se quedó dormido mientras hablaba...

Se quedó dormido mientras hablaba…

Una de las mayores locuras que he tenido el placer de probar en esta vida (y que recomiendo a todo el mundo) es la de irse de viaje con amigos en medio de una época de exámenes, y no llevarse apuntes. Obviamente, si le tenéis algo de aprecio a vuestras notas, hay que darse una paliza increíble a estudiar antes de marcharse y comprobar que durante los días de ausencia no hay ningún examen.

El año pasado, en marzo, tuve la oportunidad de viajar a las Islas Canarias, pero las fechas parecían totalmente incompatibles con mis exámenes. La solución fue, como ya he dicho, estudiar como una posesa antes de irme y disfrutar al máximo del viaje.

Como ya supondréis, en los días que estuve en Canarias me lo pasé fenomenal, pero no dormimos casi nada, y a mí me esperaban deliciosos exámenes a la vuelta.

‘I’m getting sleepy’, por Takashi(aes256)

El sueño y el cansancio llegaron a límites insospechados, y mis dos compañeros de viaje decidieron, al igual que yo, dedicar el trayecto de vuelta a dormir. Yo conseguí descansar un rato, pero me desperté pronto y, para mi sorpresa, vi que uno de mis amigos también estaba despierto. Charlamos durante un par de minutos y, de repente, él se quedó dormido, en medio de la conversación, de una forma alucinante. Me entraron unas ganas tremendas de reírme, sobre todo cuando pasó la azafata a ofrecerme un caramelo y se dio cuenta de que mis dos amigos estaban totalmente “sopa”, uno con la cabeza hacia atrás y la boca abierta, y el otro con la cabeza hacia abajo.

Imaginaos lo que nos reímos los tres cuando aterrizamos y les conté que uno de ellos se había quedado dormido mientras hablaba.

Teníamos los tres un aspecto lamentable y un sueño insufrible mientras recogíamos las maletas. Aproveché para echarle un vistazo a un periódico gratuito, pero mis amigos me dieron un codazo. “¡Mira, es Aída!”, me dijeron. Efectivamente, acababa de pasar Carmen Machi delante de nuestras narices, y no reaccionamos a tiempo para hacernos una foto con ella. Mientras aún sonreíamos por la coincidencia, otro personaje que nos resultaba familiar se acercó a hablar con un señor que estaba a nuestro lado. Esta vez reaccionamos al instante: ¡Javier Bardem!

A veces siento que las cosas más interesantes ocurren de manera imprevista, cuando tenemos mucho sueño y mucho cansancio acumulado.