Rescatando a Charmander de la tormenta

Rescatando a Charmander de la tormenta

En este fin de semana de lluvia torrencial en Madrid, me estoy acordando de una anécdota muy divertida y surrealista que viví hace unas semanas en Valencia. Me había marchado unos días a esa ciudad por temas de trabajo y aproveché para ver a una amiga que vive allí.

El caso es que no pude contenerme y entré varias veces en Wallapop para ver si encontraba peluches interesantes que ampliaran mi colección.

¡Sorpresa! Encontré un anuncio de un Charmander de peluche precioso, y me entraron muchas ganas de adoptarlo. Contacté con el dueño a través del anuncio y acordamos quedar por su zona en una de las tardes que iba a pasar allí.

Esa tarde fui con mi amiga a visitar a unas conocidas suyas y pasamos las horas con juegos de mesa. Cuando se hizo la hora de ir a recoger a Charmander, me di cuenta de que el cielo estaba negro y que amenazaba tormenta.

Según los cálculos de Google, para llegar al punto de encuentro tenía que recorrer unos 20 minutos a pie (y otros 20 de vuelta), y yo temía que no me diera tiempo a llegar antes del chaparrón.

Mi amiga me prestó su paraguas y salí a toda velocidad de allí, corriendo gran parte del tiempo, hasta que llegué a la zona donde vivía el chico del anuncio.

En cuanto recogí a Charmander, empezó a llover. Y no era una lluvia normal, sino un diluvio en toda regla. Me faltaba caminar otros 20 minutos para volver a casa de mis amigas, y tenía que luchar por mantener el paraguas abierto con tanto viento. Ah, y todo eso manteniendo a Charmander bien pegado a mi cuerpo debajo del paraguas para que no se mojara.

Debía de ofrecer un espectáculo bastante surrealista porque los pocos que iban por la calle me miraban sorprendidos.

Aquí tenéis el perfil de mi querido peluche de Charmander. Sobrevivió a la tormenta sin mojarse y ahora vive conmigo 😀

Después de empaparme los pies y de correr como pude, conseguí llegar a mi destino con Charmander a salvo. Y luego nos quedaba aún el desplazamiento desde la casa de esta conocida hasta la de mi amiga. Otros 20 minutos de caminata bajo la lluvia torrencial, y el pobre Charmander bajo el paraguas.

Fue una aventura bastante curiosa… (¡lo que hay que hacer por un peluche!), pero mereció la pena. ¿No es adorable mi Charmander? ❤

'La Lanzadera – Parque de Atracciones', por Sisuka7

Noches de tormenta… ¡en el Parque de Atracciones!

'La Lanzadera – Parque de Atracciones', por Sisuka7

‘La Lanzadera – Parque de Atracciones’, por Sisuka7

A través de las redes social es y el “boca-a-boca”, el portal Universia, en colaboración con Iberia, Ford y los 40 Principales, organizaron un evento especial para la noche del jueves 24 de junio en Madrid.

¿En qué consistía? Lo único que había que hacer era darse de alta en Universia, facilitando nombre, DNI y correo electrónico, y aceptar recibir información de las empresas implicadas. A cambio… ¡entrada gratis para el Parque de Atracciones de Madrid el jueves 24 de junio, de 21.30 a 2.00!

Dejando de lado el agobio y las risas que nos acompañaron durante la eterna espera para entrar (la ordenada fila se convirtió pronto en un mogollón en el que apenas había espacio para rescatar el DNI de la mochila y prepararlo para la entrada), lo verdaderamente increíble de la noche fue, sin duda, la compañía.

Nada más entrar, topamos con un stand de Ford en el que recogían datos para participar en el sorteo de un coche, pero lo que más nos interesaba a mis amigos y mí era la pelota de plástico que regalaban. En su interior había un maravilloso chubasquero…

No, no nos interesaba el chubasquero. Estábamos demasiado ocupados llamando “pokeball” a la susodicha pelotita. Nos dio tiempo a subir a un par de atracciones, incluyendo una de agua en la que solo se mojó una amiga que iba con pantalones blancos (imaginaos el cachondeo posterior).

Nos dirigíamos hacia una de las montañas rusas que más nos gustan cuando, literalmente, el cielo se n os cayó sobre las cabezas, como tanto temían los galos de los comics de Goscinny.

Una tormenta espectacular que provocó un par de apagones en el parque y, obviamente, cierre “hasta nuevo aviso” de todas las atracciones, además de la desbandada general de gran parte de los visitantes. En lo que a mí respecta, nuestro grupito se refugió en un lugar seguro, y esperamos a que amainara la tormenta contando anécdotas divertidas y comiendo pipas.

Y sí, la tormenta pasó, pero no abrieron la montaña rusa. Dispuestos ya a largarnos, descubrimos que habían abierto una de las atracciones de agua y aprovechamos para subirnos dos veces seguidas. Era más o menos la 1.00 de la mañana y acabamos completamente empapados.

“Vale, ahora sí que sí, nos vamos, que hace fresquito [normal, con la camiseta empapada]; nos tomamos algo y volvemos a casa”.

¡Pues no! Habían abierto un par de atracciones más y decidimos tirar la casa (o más bien, el estómago) por la ventana. Gritamos tantas estupideces que nos quedamos casi afónicos, y salimos del parque como si nos hubiera atropellado un camión.

Dolor de piernas, cansancio, “fresquito” y muchas risas hasta llegar al coche para volver a casa. Por el camino, nos encontramos un coche de juguete, con el volante y un botón para el claxon… Se nos ocurrió cogerlo y hacer un poco el tonto con él. Nos llevamos un susto de muerte cuando, al apretar el botón del claxon, empezó a sonar una musiquita que daba auténtico miedo.

1. ¿Por qué la gente tira juguetes si funcionan perfectamente y con las pilas puestas?

2. ¿Por qué el claxon tenía musiquita y no el típico sonido del claxon de Maggie Simpson (meeeec, meeeeec)?