Viajes de pesadilla: de Zagreb a Sarajevo en autobús

Viajes de pesadilla: de Zagreb a Sarajevo en autobús

Este verano me lancé a una aventura inolvidable con tres grandes amigas: nos animamos a hacer un viaje por las capitales de los Balcanes en autobús y tren, saltando de una ciudad a otra en transporte público.

Hay que mencionar, de entrada, que los servicios por lo general son bastante pobres y funcionan mal, pero nada nos había preparado para el que fue nuestro primero contacto con las agencias de autobuses en los Balcanes.

Por si fuera poco, era el primer trayecto que teníamos que hacer allí, entre Zagreb y Sarajevo, y resultó ser el peor con diferencia de todo el viaje. Eso sí: el resto de problemas y situaciones surrealistas de las vacaciones nos parecieron un chiste en comparación con la pesadilla de ese trayecto.

Nuestro viaje comenzó con un vuelo Madrid – Zagreb (Croacia), y después seguimos nuestra ruta en un autobús nocturno hasta Sarajevo. Y aquí es donde empiezo a contar todas las penas…

El autobús era más pequeño de lo habitual, bastante viejo, y sin apenas espacio en el maletero. Los muy “simpáticos” habían vendido más billetes que el número de plazas disponibles, así que el acceso al autobús se convirtió en una auténtica guerra por ver quién subía primero y quién metía primero las maletas.

Viajes de pesadilla: de Zagreb a Sarajevo en autobús

Nosotras, al ser un grupo de cuatro, decidimos dividir los esfuerzos: dos de mis amigas subieron a los asientos con sus macutos, porque no había espacio libre en el maletero, y se encargaron de vigilar otros dos asientos para mi otra amiga y para mí.

Mientras uno de los conductores hacía revisión dentro del autobús, gritando sin parar en bosnio o en croata (no hablaba una palabra de inglés), el otro conductor se dedicaba a ignorarnos abajo, sin importar que le mostráramos los billetes o que intentáramos por todos los modos posibles que nos dejaran meter nuestro equipaje.

Así que dos sufrían dentro, recibiendo broncas e intentando explicarse con alguien que no quería entenderlas, mientras otras dos sufríamos fuera, pensando que nos íbamos a quedar en tierra.

Al final, sin saber cómo, nuestros dos macutos entraron (de chiripa) en el maletero a reventar, y pudimos subir a los dos asientos que nos habían guardado nuestras amigas. Hubo otras personas que se quedaron en tierra, y tuvieron que reclamar por el overbooking.

Nosotras respiramos tranquilas en los asientos, pero la pesadilla no había hecho más que empezar. Los conductores encendieron el aire acondicionado a una temperatura muy muy muy baja. Nos pusimos todas las capas que pudimos pero aun así era muy difícil no tiritar. Por si fuera poco, el aire también salía de los laterales, junto a las ventanas, y ni las cortinas nos salvaban del frío.

Recordemos, por cierto, que teníamos dos macutos en medio del pasillo porque no habían entrado en el maletero…

¡Ah! Los conductores también decidieron que no iban a dejarnos dormir en toda la noche, porque se pasaron el viaje entero escuchando música A TODO VOLUMEN, y cada dos por tres encendían todas las luces del autobús sin ningún motivo.

Podría contar otras muchas cosas de ese viaje insufrible, pero casi es mejor olvidarlo… ¡Vaya pesadilla!

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