Kilómetros de carretera para recuperar el DNI – Mi vida en cámara oculta

Kilómetros de carretera para recuperar el DNI

Esta es la historia de un hotel que hizo perder mucho tiempo (y mucha gasolina) a los familiares de una amiga mía.

El verano pasado emprendieron un viaje en coche desde España hasta Portugal, con varias paradas para conocer diferentes ciudades. Pero en la primera parada intermedia se enfrentaron a un problema técnico que les hizo perder mucho tiempo y muchas energías.

Al hacer el registro en la habitación, la madre de mi amiga entregó su DNI para los datos personales. Mientras hacían turismo, los responsables de recepción se encargarían (supuestamente) de completar el registro y le devolverían el DNI después.

 

Kilómetros de carretera para recuperar el DNI – Mi vida en cámara oculta

Dejar abandonado el DNI por error y que sea muy difícil recuperarlo puede ser una pesadilla en medio de un viaje…

Y aquí viene el problema: en recepción se olvidaron de que tenían ese DNI pendiente, y la familia de mi amiga tampoco lo recordó.

Por la mañana salieron de viaje hacia el siguiente destino, y cuando ya estaban llegando se dieron cuenta del olvido.

Lo primero que hicieron fue llamar al hotel, pero los empleados no tenían muchas ganas de ayudar y repetían constantemente que ellos no tenían ningún DNI allí.

Al final no les ofrecieron ninguna solución y lo único que pudieron hacer fue dar media vuelta y regresar. Eran casi 200 kilómetros de camino, pero no había otra opción.

Por suerte, después de mucho insistir, consiguieron recuperar el DNI perdido y retomar el viaje… Con una anécdota más que no olvidarán fácilmente.

Gracias a L. por esta historia.

Libreta

¿Dónde está mi libreta?

Libreta

Imagen de SplitShire

Hace varias semanas, antes de que empezaran las vacaciones, estaba currando de monitora como cada viernes. Mi compañera de fatigas y gran amiga mía desde la tierna infancia, siempre ha sido bastante despistada en el sentido de que suele olvidar y perder sus pertenencias con bastante frecuencia.

Ese día, ya habíamos terminado las actividades con nuestros chavales y nos disponíamos a salir de la sala para marcharnos a casa. Mi amiga, de repente, se acercó a una de las mesas (la que siempre utilizamos nosotras dos) para mirar más de cerca una agenda bastante bonita, hecha con material reciclado. Ya sabéis, se están poniendo de moda…

Esta libreta era de una ONG, y mi amiga lo notó al instante: “¡Hala, qué guay, es como la mía, yo me quiero hacer voluntaria de esta ONG!”

De repente se le quedó una cara digna de las películas de humor absurdas, abrió la libreta y dijo: “¡Un momento, pero si es la mía! ¡Me la dejé olvidada la semana pasada!”

Como diría mucha gente: “Aaaaaaay, Señor, dame paciencia…”