La cámara oculta se apaga – Mi vida en cámara oculta

La cámara oculta se apaga

Después de tanto tiempo, me resulta muy muy raro escribir esta entrada. La cámara oculta que tantas anécdotas ha compartido se apaga, o al menos temporalmente.

Mi vida en cámara oculta nació en mayo de 2010 como un blog asociado al portal Gaceta Joven, pensado para el público juvenil y con un estilo curioso y desenfadado.

No voy a mentir: fue mi primera inmersión en el mundo de los blogs y desde entonces he crecido mucho. El blog me enseñó a mejorar técnicas de escritura, y también descubrí cómo desenvolverme en WordPress.org y WordPress.com.

Como resultado, empecé a trabajar también en el fascinante sector de las redes sociales, que sigue apasionándome a día de hoy.

Gaceta Joven desapareció de Internet pero transferí todos mis posts a este nuevo lugar, donde he seguido escribiendo de manera irregular pero sin abandonar nunca la ilusión.

Pero en los últimos meses mis prioridades han cambiado, y llevo ya bastante tiempo planteándome el modo de dedicar más esfuerzos a mis dos webs principales: LauraTejerina.com (mi gran blog personal) y Cineturismo.es, el portal donde escribo sobre turismo cinematográfico.

Tampoco hay que olvidar que sigo dando clases como entrenadora personal en mi proyecto Despierta y Entrena, así que tengo poco tiempo para seguir dedicando a este blog “secundario”.

Logo de "Mi vida en cámara oculta" creado por mi amiga Lucía

Por otra parte, ya no escribo con tantas ganas este tipo de posts sobre anécdotas. El estilo y la temática se han quedado un poco desfasados en los últimos años, y prefiero apostar por contenidos de calidad y de más profundidad que me ayudan a crecer como profesional.

Dejar Mi vida en cámara oculta me permitirá centrarme de lleno en mis otras webs y escribir artículos que funcionen mejor para el público y para el SEO.

El blog seguirá disponible, y puede que de vez en cuando me apetezca compartir más anécdotas, pero dejará de ser una casilla más en la lista de tareas pendientes cada semana. Me encantaría que siguieras entrando ocasionalmente para releer tus posts favoritos, que escribí con tanta dedicación 🙂

Mil gracias por haberme apoyado durante más de 7 años. ¡Nos vemos en mis otras webs!

Laura (Cámara Oculta)

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Una perrita que se enfada sola – Mi vida en cámara oculta

Una perrita que se enfada sola

Hace varios meses que visito con frecuencia el piso de una chica que tiene una perrita pequeña. A la reina de la casa le encanta jugar con cualquier cosa que encuentre, aunque no siempre le sale bien la aventura.

De hecho, a la pobre perrita le da por gruñir cuando le intentas quitar un juguete o cuando algo no sale como esperaba.

La parte más graciosa es que le encanta jugar con una alfombra pequeña que hay en esa casa. se sube encima, salta de un extremo a otro, le ladra y se revuelca por encima.

Pero la semana pasada la aventura de la alfombra llegó más lejos que en otras ocasiones. Digamos que la perrita empezó a saltar de un lado a otro intentando “cazar” los extremos de la alfombra.

Una perrita que se enfada sola – Mi vida en cámara oculta

Y claro, ¿qué ocurre en estos casos al ser una alfombra pequeña? Pues que se deslizaba en todas direcciones. Una consecuencia lógica que a la perrita no le gustó nada.

La escena era muy cómica y la chica y yo no podíamos parar de reír. La perrita, cada vez que se movía la alfombra, se enfadaba y le gruñía o le ladraba, sin darse cuenta en ningún momento de que la única culpable del problema era ella misma.

No os podéis imaginar lo mucho que nos reíamos, y quisimos hacer un vídeo pero no nos dio tiempo. La perrita se hartó enseguida de la alfombrilla deslizante y se marchó indignada a otro punto de la casa, donde los juguetes no le llevaran la contraria 😛

¿Has vivido alguna vez una situación parecida? Me encantaría leer las anécdotas de tus perros que se enfadan sin entender lo que pasa. ¡Cuéntamelo en los comentarios!

Nunca llames "Mamá" a una clienta – Mi vida en cámara oculta

Nunca llames “Mamá” a una clienta

Parece una obviedad que es importante tratar de manera diferente a un miembro de la familia y a un cliente en el trabajo, pero a veces los lapsus mentales nos traicionan y quedamos fatal.

La anécdota de hoy le ocurrió a otro de mis conocidos que trabaja como conductor en Cabify, llevando a pasajeros de un lado a otro en Madrid.

Este chico tiene un nombre compuesto, pero todo el mundo le llama con su apodo, que es un diminutivo de su primer nombre. Aunque hay una persona que sí lo llama con todas sus letras: su madre.

Era un día cualquiera de trabajo y este chico estaba en un portal esperando a la clienta que había encargado el coche. La chica bajó con prisas y se subió directamente detrás para iniciar el viaje.

Para asegurarse de que no se había confundido de coche, la chica preguntó rápidamente: “¿José Carlos?”

Y aquí es donde el conductor tuvo su momento lapsus porque la voz le recordó a la de su madre, y al mismo tiempo nadie lo llama con sus dos nombres. Así que su reacción automática fue decir: “¿Mamá?”

Nunca llames "Mamá" a una clienta – Mi vida en cámara oculta

Imaginaos la cara de la chica, lo ridículo de la situación, y las ganas que tuvo el chico de que lo tragara la tierra. Por suerte, con una breve explicación y mucho sentido del humor todo quedó en una anécdota más, sin enfados ni ofensas.

Aunque al pobre chico no se le olvidará nunca…

Además, tengo que decir que este chico es muy alto, ancho de espaldas, y tiene un aspecto bastante llamativo: pelo muy corto, barba, voz ronca… ¡Imaginad a alguien así diciendo “¿Mamá?”! 😀

Champú con colorante en un campamento – Mi vida en cámara oculta

Champú con colorante en un campamento

Si alguna vez has ido de campamento seguro que te has familiarizado con las bromas o juegos en los que se decidí a aun “delincuente” encargado de hacer jugarretas al resto. Yo sí lo he vivido en más de una ocasión, y durante todo el campamento seguía el juego en marcha hasta que conseguíamos atrapar a los culpables.

En una ocasión estos delincuentes resultaron ser amigas mías, pero en su momento no me tomé nada bien la broma que me hicieron. Menos mal que no tuvo efectos muy desastrosos…

En concreto, estas dos chicas, elegidas en secreto para gastar bromas pesadas, decidieron echar colorante azul en los botes de champú de varias chicas, y yo fui una de las víctimas.

Llegado el día, no me había dado cuenta de la locura porque era un bote oscuro, así que me metí en la ducha con total normalidad y empecé a lavarme el pelo. Pero cuando el champú empezó a hacer espuma casi me da un ataque: ¡la espuma era azul oscura!

Volví a fijarme en las manos, en el champú, en el bote… y  después de unos momentos de desconcierto y susto me di cuenta de lo que ocurría. Para entonces, ya caían chorros de agua coloreada por mi cuello y mis brazos, y estuve un par de días con manchas azules en las orejas que costó bastante quitar.

colorantes

Por suerte, en lo que al pelo se refiere, todas las víctimas teníamos cabello oscuro, así que apenas dejó marca el colorante. Solo tuvimos que lamentar manchas en el cuero cabelludo, justo junto a la frente. En mi caso, como tengo varios mechones más claros en la parte de delante, también adquirieron un tono un poco extraño, pero no llegaron a ser de un azul demasiado “cantoso”.

Al terminar el campamento pudimos por fi desenmascarar a las “criminales” y me quedé a cuadros al saber que eran amigas mías. Pero después del pequeño enfado inicial se me pasó rápido y recordamos la anécdota con risas años después.

Una tortuga que viaja con chófer – Mi vida en cámara oculta

Una tortuga que viaja con chófer

Todos tenemos mucho cariño a las mascotas, pero seguro que pocos hemos mandado a nuestros animales de compañía a recorrer la ciudad en un coche privado con chófer… Y yo conozco la historia de una tortuga que viajó en el asiento del copiloto con todos los lujos y las comodidades posibles.

La historia es parte de un gran repertorio que consigues cuando conoces a gente trabajando en el sector del taxi, en plataformas con Cabify o en otras empresas de conducción con chófer privado.

Este amigo salió un día a trabajar con normalidad y recibió el encargo de recoger una tortuga para llevarla de un punto a otro de la ciudad. En total el trayecto era de aproximadamente 20 minutos, pero se hicieron eternos…

Una tortuga que viaja con chófer – Mi vida en cámara oculta

El animal, al parecer, había pasado varios días en casa de la hermana de la dueña. Y la dueña estaba ansiosa por recuperar a su tortuga, así que había encargado el servicio de chófer para que le llegara lo antes posible (y en buenas condiciones).

Parece que a esta mujer los 20 minutos le parecían una espera insoportable, porque llamó un total de tres veces por teléfono al chófer para preguntar por dónde iba y –atención– por cómo estaba la tortuga.

Le preguntó varias veces si la tortuga estaba bien, si estaba tranquila…

Mi pobre amigo no sabía ya qué más responder. Tenía que estar atento al volante y lo único que veía en el asiento del copiloto es que la tortuga estaba ahí quietecita, sin moverse, y sin ninguna señal de que algo fuera mal. ¿Qué más necesitaba saber la dueña en un trayecto de 20 minutos?

¡Si no lo leo, no lo creo!

Todo lo que pasa cuando intentas grabar un timelapse – Mi vida en cámara oculta

Todo lo que pasa cuando intentas grabar un timelapse

Si alguna vez has intentado grabar un timelapse en un lugar muy concurrido (por ejemplo, una playa o una gran plaza en la ciudad) te habrás dado cuenta de que es bastante difícil.

Y no me refiero solo a las cuestiones técnicas, sino a la gente con la que hay que lidiar en esos sitios públicos. ¿Tan complicado es respetar que hay una cámara “plantada” grabando algo?

Después de varias experiencias “estresantes” con este tema, voy a repasar todas esas cosas que pueden ocurrir cuando intentas grabar un timelapse.

Por ejemplo: que todo el mundo, viendo la cámara, decida pasar por delante y no por detrás en su desplazamiento. ¿De verdad no has visto el trípode ahí montado? 😂

También puede ocurrir que los niños pequeños, en su ilusión por descubrir mundo (¡pobrecillos!) se abalancen sobre las patas del trípode sin que te dé tiempo a reaccionar. Eso sí: a ellos hay que perdonarlos, que son adorables y solo quieren divertirse.

Lo malo de esas carreras de los más peques es que cualquier toquecillo en el trípode, aunque no tire la cámara, provoca una vibración que tiene repercusiones en la estabilidad final del timelapse. Y eso da una rabia impresionante 😕

Todo lo que pasa cuando intentas grabar un timelapse – Mi vida en cámara oculta

Para que un timelapse salga bien, la cámara tiene que estar fija y sin tambalearse durante un laaaaargo periodo de tiempo

Por último, está la gente que “se planta” delante de la cámara, a mirar el paisaje, o incluso a saludar a la cámara. Muchos no lo hacen con mala intención, pero a los que saludan no sé lo que les haría. Gracias, acabas de fastidiar unos segundos de mi timelapse :p

Por cierto: si además estás intentando hacer el timelapse con una cámara de gran ángulo, te aseguro que tendrás que lidiar con un montón de personas que se ponen “a un lado” porque piensan que en esa posición no salen en la imagen. Y explicarles que en ese lateral también te están fastidiando el timelapse va a ser muy difícil…

En más de una ocasión me he enfrentado a todos estos obstáculos. Y tú, ¿has hecho un timelapse alguna vez? ¿Cómo ha ido la experiencia? Cuéntame en los comentarios 😀

La barra de ducha rebelde – Mi vida en cámara oculta

La barra de ducha rebelde

No sé si tenéis en casa una de esas barras de ducha con ventosa, con largo ajustable y que se pueden colocar fácilmente a la altura que más os convenga. Yo sí tengo una, pero ha sido motivo de cachondeo durante meses.

Todo empezó cuando me mudé a mi nuevo piso, y compré unas cortinas de ducha “estándar” que parecían demasiado largas para la altura de la barra.

Por suerte, una amiga mía se dio cuenta de que era una barra flexible con ventosas y la movió rápidamente un poco más arriba. En pocos minutos conseguimos que las cortinas quedaran a la altura perfecta sin necesidad de cortarlas ni arreglarlas.

Pero unos días después intentamos mover la barra un poquito más para ajustarla mejor… y ocurrió el desastre. Parece que las ventosas estaban ya bastante desgastadas, y no conseguíamos volver a engancharlas en las baldosas.

Cuando por fin lo logramos, comenzó una larga etapa de caídas inesperadas. A lo mejor te estabas duchando (o movías la cortina para entrar a la ducha) y se desplomaba la barra, tirando la cortina y todas las anillas.

Hubo que hacer un apaño con un plástico en una de las ventosas para mejorar el agarre, pero aun así ocasionalmente se caía la cortina.

Decidimos probar con anillas más ligeras, ya que las que estaban colgadas eran metálicas… ¡y por fin encontramos la solución!

Después de unas semanas de caos e “inestabilidad”, la barra de ducha y las cortinas se quedaron en su su sitio durante más de cuatro meses.

La barra de ducha rebelde – Mi vida en cámara oculta

Pero cuando empezábamos a asumir esa normalidad, un día volvió a caerse la barra, y tuvimos que asumir que ya no había nada que hacer.

No os podéis imaginar las risas cuando vimos otra vez todo en el suelo… Nos entraron ganas de colgar un cartel como los de “6 días sin accidentes laborales” pero que pusiera “Días sin caída de la barra de la ducha: 0”.

El caso es que al final nos hartamos de tanto ajuste y de tanta caída, y salimos a comprar una nueva barra de ducha. Una también flexible, ajustable y con ventosas, pero que está nueva y agarra en condiciones.

De momento no se ha caído…

De momento 😉