amigas de la infancia nos conocemos – mi vida en cámara oculta

Pero… ¿nos conocemos?

¿Eres de los que recuerda perfectamente las caras de las personas conocidas en el pasado? ¿Reconoces a esas personas, años después, si los encuentras en un  lugar inesperado?

Hay muchas situaciones particulares en las que nos encontramos por sorpresa con caras que nos resultan familiares, pero en otras ocasiones directamente no sabemos quién era la persona que nos ha saludado.

Algo así le pasó a una amiga mía en uno de sus viajes en el metro de camino al trabajo.

Mi amiga estaba sentada en el tren, leyendo tranquilamente demasiado y sin prestar atención a lo que ocurría a su alrededor.

Y estaba tan distraída que no se dio cuenta de que una completa desconocida se había sentado a su lado y había empezado a hablar con mucha emoción.

La chica la estaba tratando como si se conocieran de toda la vida, y empezó a preguntarle cómo le iba la vida, qué tal estaban sus padres, etc.

Mi amiga estaba bastante desconcertada y respondió a las preguntas sin mucho entusiasmo, mientras se estrujaba el cerebro para intentar recordar quién era esa supuesta amiga de la infancia que no recordaba de nada. Después de un rato, se separaron porque la desconocida bajó del tren en una estación anterior.

Mi amiga siguió su camino al trabajo mientras daba vueltas (sin éxito) al misterio. Finalmente lo resolvió al volver a casa, cuando contó lo ocurrido a sus padres y ellos supieron reconstruir esa parte olvidada del pasado de mi amiga.

amigas de la infancia nos conocemos – mi vida en cámara oculta

Al parecer, la desconocida había sido compañera de mi amiga en algunos campamentos de verano cuando eran pequeñas, y habían entablado buena relación también gracias a que los padres de ambas se conocían.

Sin embargo, habían pasado muchos años desde esos campamentos, y las chicas no habían vuelto a verse. Curiosamente la desconocida había reconocido a mi amiga, pero ella no había conseguido acordarse de su compañera de infancia.

¡Gracias a L. por esta anécdota!

Cuidado con los trenes Exprés de Nueva York

Nueva York es una de las ciudades más mágicas del mundo, ya que no deja indiferente: puedes odiarla o amarla, pero es innegable que tendrá un impacto sobre ti.

Solo he visitado Nueva York en una ocasión, pero pasé más de dos semanas allí, y tuve mucho tiempo para aprender a moverme por sus calles y por su red de transporte público.

La anécdota de hoy tiene mucho que ver, precisamente, con el metro de Nueva York, ya que por un despiste muy tonto acabé con mi amiga a más de seis paradas del destino que nos habíamos planteado, y todo por no haber prestado suficiente atención.

Los trenes de la red de metro de Nueva York pueden resultar un poco confusos las primeras veces, porque puede haber más de una línea que pase por el mismo andén, por lo que no sirve subirse al primer tren que pase, sino que hay que comprobar si es la línea que necesitamos.

Una mañana, mi amiga y yo habíamos madrugado bastante porque queríamos echar el día en uno de los maravillosos museos de la ciudad, y todo iba fenomenal hasta que llegamos a la estación de metro.

Cuando bajábamos las escaleras hacia el andén, nos dimos cuenta de que ya había un tren esperando y nos metimos a toda velocidad, después de comprobar que era la línea que necesitábamos.

metro-nueva-york

Mapa del intrincado metro de Nueva York

Y aquí es donde entra en juego nuestro error garrafal, ya que en Nueva York, además de comprobar que esa es la línea que debes usar, debes tener en cuenta que algunos trenes dentro de una misma línea son “Exprés” y solo paran en las estaciones importantes, saltándose todas las demás.

Cuando nos desplomamos en los asientos y el tren arrancó, era demasiado tarde. Nos preguntamos la una a la otra, pero ninguna de las dos habíamos comprobado si era un tren normal o exprés…

Finalmente terminamos unas seis estaciones más allá de lo previsto porque el tren no se detuvo en ninguna otra estación, y tuvimos que retroceder después todo el camino en un nuevo tren (eso sí, comprobando primero que fuera un vehículo normal y no un expreso).

Otra familia de turistas que se sentaron enfrente de nosotros les pasó lo mismo y tuvieron que dar la vuelta con nosotras para llegar al museo. Ya se sabe: “Mal de muchos, consuelo de tontos…”

Una gorra con regalo asqueroso

Llevaba mucho tiempo (sí, demasiado) sin publicar anécdotas en el blog, pero eso no significa que no tenga cosas que contar. En concreto, esta anécdota se la debo a mi fiel lector E., que quiso compartirla conmigo hace tiempo para que yo pudiera publicarla en “Mi vida en cámara oculta”.

Resulta que mi amigo había pasado bastante tiempo al aire libre, con la gorra puesta, y la llevaba aún cuando entró al Metro para ir a ver a unos amigos.

Para su sorpresa, mucha gente se quedaba mirándolo con cara muy extraña, e incluso algunos se cambiaban de sitio para no tenerlo cerca. Así que mi amigo estaba empezando a preocuparse, pero no entendía qué estaba ocurriendo.

De repente, al girarse a mirar la pantalla del smartphone, vio de refilón su reflejo en el cristal del tren y se dio cuenta de que su gorra traía un regalito…

O más bien podríamos hablar de un “regalazo”: el tamaño de la caca de paloma que llevaba encima demuestra que el animal se quedó bastante a gusto 😛

Por suerte para mi amigo, se dio cuenta a tiempo (en el metro) y no se presentó en el trabajo con la gorra en esas condiciones.

Lo más llamativo de todo esto es que el resto de viajeros del metro ni siquiera se molestaron en decir nada, cuando le habrían hecho un inmenso favor. ¿No habría sido más fácil (y más práctico) advertirle en lugar de estar cambiando de sitio y lanzando miradas extrañas?

Mi amigo no sabía si morirse de risa o de la vergüenza cuando analizó el estado de la gorra y entendió al fin lo que había pasado. Por supuesto, la gorra acabó en la lavadora, aunque seguro que la experiencia fue bastante traumática y asquerosa.

gorra

Aquí una foto del regalito. ¡La paloma debió de quedarse muy a gusto!

La próxima vez que os pase algo parecido, ya sabéis: pensad que a lo mejor lleváis un regalito caído del cielo en la cabeza 😛

Con la música a tope en el Metro

Con la música “a tope” en el Metro

Con la música a tope en el Metro

Los auriculares pueden ser traicioneros…

Hoy os cuento una anécdota de esas que os harán sentir vergüenza ajena… Estoy casi segura de ello, porque no os podéis ni imaginar la vergüenza propia que sentí yo cuando me enfrenté a ella.

Acababa de comprarme unos auriculares nuevos para escuchar música en el móvil mientras camino por la calle o mientras voy de un sitio a otro en metro o en autobús… Los traslados por la ciudad se me hacen muy largos si no tengo música que me acompañe en los oídos.

El problema es que todavía no me había acostumbrado a la nueva configuración, ya que con los auriculares nuevos no basta con conectarlos: tengo que presionar un botón para “encenderlos” y permitir que la transmisión de sonido funcione correctamente.

Cuando quiero escuchar la radio, no hay mucho riesgo de olvido, ya que si no presiono el botón, el teléfono no reconoce los auriculares como antena y la aplicación de la radio se cierra automáticamente. Sin embargo, cuando quiero escuchar música desde una de mis aplicaciones para los archivos MP3, a veces se me olvida presionar el botón porque la aplicación no me avisa.

Y pensaréis que no hay problema, ya que si no activo los auriculares, no escucho la música, y obviamente me doy cuenta. ¡Pero no es así! si fuera tan simple, no tendría una anécdota tan vergonzosa que contaros.

Resulta que cuando solo se conectan los auriculares pero no se aprieta el botón de activación, la música suena por los auriculares, ¡pero también por el altavoz! Y tardé un día en descubrirlo. En ese periodo de tiempo, realicé un viaje entero de metro con la música a todo volumen sonando por los altavoces y también en mis auriculares, así que no me di cuenta de nada. La gente me miraba con ojos extrañados pero yo no tenía ni idea de lo que pasaba…

Me faltó poco para morir de la vergüenza cuando lo descubrí. No sabía si reír o llorar… ¡Tierra, trágame!

Feliz Año Nuevo 2012

Empezando el 2012 con el pie izquierdo

Feliz Año Nuevo 2012

Imagen de Amgalanbaatar

¡Hola a todos desde el año nuevo!

Ya os he felicitado con un post especial para 2012, pero ahora me toca contaros la parte más personal (y absurda) de este cambio de año. Acomodaos y preparaos para reíros a gusto o para golpearos con la mano en la frente.

El día 1 de enero, con 2012 recién estrenadito, estuve en el teatro con una amiga mía. La función, Momix Remix, nos encantó: los números eran muy originales y la música era preciosa.

La única pega era la hora de la función: entramos bastante tarde y, cuando salimos, teníamos ganas de cenar pero no encontramos ningún sitio abierto. Anduvimos durante casi media hora para intentar conseguir mesa en uno de nuestros restaurantes favoritos, pero cuando llegamos nos dijeron que estaban cerrando.

Debido a la fecha (1 de enero), el día de la semana (domingo) y las horas, nosotras estábamos en la calle, muertas de hambre, pasando frío y sin saber dónde podríamos encontrar un sitio abierto.

Caminamos un poco más para “probar suerte” en otro restaurante que nos gusta mucho y que está por la misma zona. ¡Cerrado!

Nosotras nos negábamos a rendirnos. Después de un ratito de más paseo, vimos a lo lejos un cartel luminoso de “Bar Restaurante”, pero cuando llegamos allí nos quedamos espantadas con los precios (¡eran realmente exagerados!)

Al final, encontramos la solución perfecta para este tipo de casos: VIPS. Pudimos disfrutar tranquilamente de una cena agradable. Mi amiga, después de pasar mucho tiempo pensando si quería tomar postre, decidió que iba a darse el capricho que pedir la tarta que se le había antojado, pero el camarero le dio la terrible noticia de que no quedaba más.

De vuelta a mi casa, perdí el tren en el Metro y tuve que esperar 15 minutos a que llegara el siguiente.

No sé por qué, pero creo que el 1 de enero de 2012 me ha anunciado cómo va a ser el resto del año…

Andar en sociedad

Aprendamos a “andar en sociedad”

Andar en sociedad

Imagen de Henri Bergius

Siempre me ha puesto de muy mal humor andar por la calle en la típica acera “bloqueada” por personas que caminan con demasiada lentitud. Al principio pensé que se trataba exclusivamente de un problema de “señoras que…” (como en este grupo de Facebook), pero luego he descubierto, con asombro, que hasta los jóvenes caminan lentamente y bloquean el paso en las aceras.

Tengo que contaros que una de mis compañeras de la universidad, hablando sobre esto, me explicó su teoría de que “hay personas que no saben andar en sociedad”. Me pareció muy graciosa su explicación, en la que hizo referencia al sistema de los carriles de los coches: según ella, en las aceras también tendría que haber una separación entre “viandantes rápidos” y “viandantes lentos”.

Básicamente, sus ideas se resumían en la necesidad de un cambio de conciencia inspirado en el tráfico de los automóviles: si vas a ir a una velocidad baja, ¡mantente a la derecha y deja pasar a los que caminan rápido!

Os cuento todo esto porque hoy he perdido un tren por culpa de una chica que me ha cortado el paso en las escaleras del Metro. Yo tenía que hacer el transbordo y, con el tren en el andén, no he podido adelantarla de ninguna de las maneras. Bajaba las escaleras despacio y ocupando el centro, sin dejarme pasar por ninguno de los dos lados y sin ningún tipo de consideración hacia mí… Sí, sí, por su culpa he visto cómo el tren se escapaba delante de mis narices.

Ya sé que “no es para tanto”, pero… Grrrr…

Novatadas universitarias

Novatadas universitarias

Novatadas universitarias

Imagen de Dmmantilla

Si os paseáis por algún campus universitario de España en este mes, es muy probable que veáis a los nuevos alumnos de las facultades (y a los nuevos residentes de los colegios mayores) en su periodo de novatadas y “actividades de integración”.

Aunque parece que ya no están tan de moda en algunas ciudades, la costumbre sigue viva en muchas otras, y los nuevos se enfrentan a pruebas divertidas o humillantes (y hasta peligrosas). Yo, por supuesto, os escribo este post para hablaros de una de las divertidas, porque os aseguro que todo el grupo de chavales se lo estaba pasando fenomenal.

Era un día cualquiera y yo tenía que pasar por delante de una estación de Metro ubicada muy cerca del campus universitario. Caminaba tranquilamente hasta que “mi paz” se vio perturbada por dos chicos y una chica que vinieron hacia mí, casi muertos de risa y con el pelo asqueroso. Me fijé en ellos con más atención y descubrí que tenían restos de huevo en la cabeza.

Muy educadamente, aunque sin poder parar de reírse, me contaron que estaban recaudando dinero para salir de fiesta esa noche con un divertido juego: cobraban un euro por el derecho de romperles un huevo encima el pelo.

¿Habéis oído hablar de alguna novatada así? A mí me pareció bastante divertida…