Un whatsapp para la persona errónea

Un WhatsApp para la persona equivocada

Un whatsapp para la persona errónea

Antes de enviar un mensaje de Whatsapp, comprueba dos veces a quién lo estás mandando…

Las conversaciones más recientes de WhatsApp pueden convertirse en una auténtica pesadilla cuando queremos mantener nuestra intimidad y nuestra privacidad. Y es que no resulta tan difícil enviar un mensaje ridículo a la persona equivocada. La mayoría de las veces, estas confusiones se arreglan fácilmente con un mensaje de disculpa y se quedan (como mucho) en una carcajada, pero en ocasiones el ridículo puede ser terrible…

Eso es lo que me ocurrió hace tiempo, cuando empecé a salir con mi pareja actual y nos mandábamos mensajes bastante “ñoños” llenos de amor (ojo, nada comprometidos, pero sí bastante cursis).

Pues resulta que un día, casi sin pensar en lo que estaba haciendo, me metí en la conversación más reciente de WhatsApp y escribí uno de esos mensajes amorosos. Casi siempre la conversación más reciente era mi pareja, pero hacía pocos minutos había recibido un mensaje de mi padre, y le llegó a él mi declaración de amor.

Lógicamente, mi padre me mandó varios signos de interrogación porque no entendía nada, y era obvio que ese texto no era para él.

Cuando conté esta anécdota, con un poco de vergüenza, a una amiga mía, se rió bastante de mí y me dijo que lo que me había ocurrido era en realidad una tontería en comparación con su metedura de pata.

En concreto, mi amiga había ido más allá, tanto en el contenido del mensaje como en el error del destinatario: un día, sin querer, mandó una foto suya semidesnuda, que en teoría iba destinada a su pareja… ¡al grupo de WhatsApp de la familia! Un grupo en el que se encontraban, por supuestos, los padres, los tíos y los primos de mi amiga.

La pobre casi murió de vergüenza… ¡Tierra, trágame!

Cuidado con los trenes Exprés de Nueva York

Nueva York es una de las ciudades más mágicas del mundo, ya que no deja indiferente: puedes odiarla o amarla, pero es innegable que tendrá un impacto sobre ti.

Solo he visitado Nueva York en una ocasión, pero pasé más de dos semanas allí, y tuve mucho tiempo para aprender a moverme por sus calles y por su red de transporte público.

La anécdota de hoy tiene mucho que ver, precisamente, con el metro de Nueva York, ya que por un despiste muy tonto acabé con mi amiga a más de seis paradas del destino que nos habíamos planteado, y todo por no haber prestado suficiente atención.

Los trenes de la red de metro de Nueva York pueden resultar un poco confusos las primeras veces, porque puede haber más de una línea que pase por el mismo andén, por lo que no sirve subirse al primer tren que pase, sino que hay que comprobar si es la línea que necesitamos.

Una mañana, mi amiga y yo habíamos madrugado bastante porque queríamos echar el día en uno de los maravillosos museos de la ciudad, y todo iba fenomenal hasta que llegamos a la estación de metro.

Cuando bajábamos las escaleras hacia el andén, nos dimos cuenta de que ya había un tren esperando y nos metimos a toda velocidad, después de comprobar que era la línea que necesitábamos.

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Mapa del intrincado metro de Nueva York

Y aquí es donde entra en juego nuestro error garrafal, ya que en Nueva York, además de comprobar que esa es la línea que debes usar, debes tener en cuenta que algunos trenes dentro de una misma línea son “Exprés” y solo paran en las estaciones importantes, saltándose todas las demás.

Cuando nos desplomamos en los asientos y el tren arrancó, era demasiado tarde. Nos preguntamos la una a la otra, pero ninguna de las dos habíamos comprobado si era un tren normal o exprés…

Finalmente terminamos unas seis estaciones más allá de lo previsto porque el tren no se detuvo en ninguna otra estación, y tuvimos que retroceder después todo el camino en un nuevo tren (eso sí, comprobando primero que fuera un vehículo normal y no un expreso).

Otra familia de turistas que se sentaron enfrente de nosotros les pasó lo mismo y tuvieron que dar la vuelta con nosotras para llegar al museo. Ya se sabe: “Mal de muchos, consuelo de tontos…”