Un whatsapp para la persona errónea

Un WhatsApp para la persona equivocada

Un whatsapp para la persona errónea

Antes de enviar un mensaje de Whatsapp, comprueba dos veces a quién lo estás mandando…

Las conversaciones más recientes de WhatsApp pueden convertirse en una auténtica pesadilla cuando queremos mantener nuestra intimidad y nuestra privacidad. Y es que no resulta tan difícil enviar un mensaje ridículo a la persona equivocada. La mayoría de las veces, estas confusiones se arreglan fácilmente con un mensaje de disculpa y se quedan (como mucho) en una carcajada, pero en ocasiones el ridículo puede ser terrible…

Eso es lo que me ocurrió hace tiempo, cuando empecé a salir con mi pareja actual y nos mandábamos mensajes bastante “ñoños” llenos de amor (ojo, nada comprometidos, pero sí bastante cursis).

Pues resulta que un día, casi sin pensar en lo que estaba haciendo, me metí en la conversación más reciente de WhatsApp y escribí uno de esos mensajes amorosos. Casi siempre la conversación más reciente era mi pareja, pero hacía pocos minutos había recibido un mensaje de mi padre, y le llegó a él mi declaración de amor.

Lógicamente, mi padre me mandó varios signos de interrogación porque no entendía nada, y era obvio que ese texto no era para él.

Cuando conté esta anécdota, con un poco de vergüenza, a una amiga mía, se rió bastante de mí y me dijo que lo que me había ocurrido era en realidad una tontería en comparación con su metedura de pata.

En concreto, mi amiga había ido más allá, tanto en el contenido del mensaje como en el error del destinatario: un día, sin querer, mandó una foto suya semidesnuda, que en teoría iba destinada a su pareja… ¡al grupo de WhatsApp de la familia! Un grupo en el que se encontraban, por supuestos, los padres, los tíos y los primos de mi amiga.

La pobre casi murió de vergüenza… ¡Tierra, trágame!

SMS

Un SMS muy comprometido y una boda imprevista

SMS

Imagen de OpenClips

Como muchos ya sabéis (porque me conocéis en persona, por leer mi blog o por ambas cosas), me gusta mucho el sentido del humor que se basa en esas bromas sin sentido que solo se entienden en el grupo de amigos: comentarios absurdos del tipo “¡me has engañado, ya no te quiero!” o “¡cásate conmigo!”

Lógicamente, este sentido del humor crea situaciones divertidas y otras bastante incómodas o difíciles de creer… Para demostrarlo, os voy a contar dos anécdotas relacionadas con el tema.

La primera me ocurrió la semana pasada: decidí continuar una broma “con historia” y envié un SMS a un amigo proponiéndole que fuéramos a vivir juntos. Tuve tan mala suerte que el mensaje le llegó en medio de clase. A él le hizo mucha gracia y me contestó con otra broma, pero me contó que varios compañeros de la facultad (¡todos unos cotillas!) habían estirado el cuello para mirar su móvil y pasaron mucho tiempo haciendo preguntas incómodas. Nos reímos mucho cuando me describió la situación…

La otra anécdota (que, por ser la segunda, no es menos importante) pertenece ya a un pasado menos reciente: ocurrió hace unos meses, a finales del curso pasado. Un viernes, a primera hora de la tarde, yo estaba en clase de una de mis asignaturas optativas, y empezó a vibrar el móvil. Pedí permiso para salir y contesté porque me estaba llamando, precisamente uno de mis compañeros de la facultad.

El susodicho me preguntó, desesperado, si aún estaba en el edificio, para después suplicarme que fuera corriendo a otra aula donde él había olvidado el cargador de su portátil. Así que allí fui, rescaté el cargador (por suerte, no lo había robado nadie). Cuando le confirmé que lo tenía entre mis manos, mi amigo se puso tan contento que me dijo: “¡Le ruego que se case conmigo!”

Y eso, como es obvio, ha dado mucho de sí en mis redes sociales y en mi grupo de amigos. ¿Qué hago, me caso? Jajajaja…