Una mochila muy especial "nacida" en un herbolario

Una mochila muy especial “nacida” en un herbolario

Como ya os he comentado anteriormente, me encantan los peluches y los juegos en general, y no hay manera de que me pase la fiebre… Ni siquiera con el paso de los años. ¿Qué le voy a hacer?

Esta anécdota tiene relación, precisamente, con un peluche corporativo de una marca de productos de dietética y suplementos. Se trata de Motomojomo, la adorable mascota de Novadiet, que rescaté de un mercadillo solidario hace un año para incorporarlo a mi gran colección de peluches.

Desde entonces lo he llevado de excursión a muchos sitios y tiene una posición bastante privilegiada en el salón de mi casa.

Lo verdaderamente gracioso es que el otro día, saliendo de mi casa, entró en el portal un repartidor de un herbolario… ¡y llevaba puesta una mochila de Motomojomo!

Le pregunté si podía hacerle una foto, y de paso le pedí que me contara de dónde había salido la mochila. Al parecer tenían en marcha una oferta de la marca en su herbolario, así que esa misma mañana me fui a descubrir la tienda.

Me atendió la novia del chico, a la que ya le habían contado toda la historia. Sí, debieron de pensar que soy una tía un poco rara… (“Aaaah, sí, me dijo que a lo mejor venía una chica preguntando por la mochila”)

En fin, ya sabéis que soy bastante experta en situaciones y casualidades extrañas, y gracias a que me encontré a ese chico en mi portal haciendo un reparto descubrí la existencia de la mochila.

Al final me animé a comprar el producto en cuestión para la oferta (veremos si lo uso para algo), ¡solo para tener la mochila!

 Una mochila muy especial "nacida" en un herbolario

A la izquierda, mi querido peluche Motomojomo, orgulloso de su nueva mochila

Pero bueno, os aseguro que ha merecido la pena. Ahora mi querido Motomojomo tiene una mochila con su cara 😀

Aclaración: No tengo nada que ver con la marca mencionada ni estoy recibiendo ningún beneficio por este artículo.

Niños jugando con "basurilla"

Niños jugando con “basurilla”

Si hay un colectivo de personas que nunca dejará de sorprenderme, es sin duda el de los niños. Me encantan las ideas tan creativas que tienen y la ilusión y la inocencia que transmiten con todo lo que hacen y dicen.

Esta anécdota se la debo a una buena amiga que es maestra de Educación Infantil y está trabajando en un colegio (¡ella también está encantada con la creatividad de los niños!).

La semana pasada, mientras vigilaba el patio en el horario de recreo, un niño se acercó a decirle que había “una basurilla” en el suelo. Entonces mi amiga, como es lógico, lo acompañó mientras le explicaba que si había una basurilla, que había que recogerla y tirarla a la papelera.

Niños jugando con "basurilla"

El niño se quedó muy sorprendido (casi en shock) y pidió a mi amiga que lo siguiera. Recogió del suelo el objeto y se lo enseñó diciendo: “¿Veees? Esto es la basurilla”. Era un muñequito de juguete con forma de cubo de basura, y el niño quería dárselo a “la profe” para buscar al dueño del juguete perdido.

¡Mi amiga tuvo que hacer muchos esfuerzos para no reírse a carcajadas!

Gracias a M. por esta bonita y graciosa historia.

Excursiones nocturnas al trastero

Excursiones nocturnas al trastero (II)

Excursiones nocturnas al trastero

Imagen de AmosWolfe

Ya os he contado cómo y por qué acabamos mis amigas y yo en un trastero a altas horas de la madrugada durante una fiesta. Pero la historia no termina ahí… Sé que pensaréis que la situación ya era bastante surrealista y no necesitaba “añadidos”, pero no puedo evitar contaros qué pasó a continuación (¡no puedo cambiar el pasado!)

Después de la mítica foto en el trastero, removimos varias cajas y rebuscamos en el armario para intentar localizar los famosos Playmobil, aunque no tuvimos ningún éxito. Llegamos a ver una muñeca Barbie vieja y bastante despeinada, pero no nos apetecía en absoluto recordar viejos tiempos con ella. Lógico, ¿no?

De repente, encontramos una auténtica joya: ¡un Scalextric! Y allá fuimos, escaleras abajo (de nuevo a oscuras y en silencio), con la caja de los coches y una emoción infantil que no os podéis ni imaginar.

Pero la emoción desapareció nada más llegar a la habitación de mi amiga: abrimos la caja, montamos la pista y dispusimos todo para jugar, buscamos las pilas… ¡pero el mando no funcionaba!

En ese momento, decidimos mandarlo todo a la porra y acabamos jugando a hacer “cadenas” de efecto dominó en el suelo, aunque os podéis imaginar que el pulso no era muy bueno debido al sueño, las risas y lo absurdo de la situación. En cualquier caso, lo pasamos fenomenal.

¡Vaya noche tan absurda!

Excursiones nocturnas al trastero

Excursiones nocturnas al trastero (I)

Excursiones nocturnas al trastero

Imagen de Thomas Mielke

Las fiestas en casa de amigos siempre acaban de una manera muy extraña: varias personas durmiendo en la alfombra, sacos de dormir, “asaltos” a la nevera en busca de comida a altas horas de la madrugada, etc.

También hay gente que acaba haciendo “maratón” de capítulos de sus series favoritas o viendo alguna trilogía de películas sin descanso. Pero si sois tan frikis como yo, el plan puede acabar aún mejor…

Una de mis amigas vive en un piso de una urbanización en la que también hay trasteros. De hecho, su trastero era una auténtica “leyenda” entre nuestro grupo de amigas porque esta chica nos contaba a menudo lo difícil que era entrar: al parecer (o al menos eso decía ella), había tantas cajas y tanta ropa almacenada que se hacía muy complicado abrir la puerta y moverse con facilidad dentro.

En una mini-fiesta que organizó en su casa, recuerdo que pasamos un rato muy agradable viendo películas y disfrutando de unos cuantos monólogos que buscamos en Internet. Después, sin embargo, llegó el aburrimiento y empezamos a “rememorar viejos tiempos”: hablamos de nuestra infancia, de nuestras aficiones de años anteriores, de nuestros juguetes…

Y así, sin saber cómo, decidimos hacer una excursión nocturna al trastero para ver si conseguíamos encontrar unos Playmobil que mi anfitriona aseguraba conservar todavía. Imaginaos la escena: seis chicas en chándal, en medio de la noche (o, más bien, de la madrugada), subiendo a oscuras las escaleras e intentando no hacer ruido para llegar al trastero…

Cuando abrimos la puerta, alucinamos: mi amiga era una auténtica exagerada ya que no había tanto desorden como nos imaginábamos. De hecho, para probar que “moverse” ahí dentro era más fácil de lo que ella decía, conseguimos entrar las seis a la vez y, así de apretadas, nos hicimos una foto.

Atentos a los próximos posts porque la historia no acaba aquí…

Pocoyo – Convertirse en dibujo animado

Convertirse en dibujo animado

Pocoyo – Convertirse en dibujo animado

Imagen de Pachyblur.

Hace ya mucho tiempo que X. me contó esta divertida ocurrencia de su hija pequeña.

La niña es una fan incondicional de la serie de Pocoyo (que, por cierto, yo considero una de las mejores series de animación infantil que se han creado nunca).

Como habréis podido comprobar, el merchandising ha llegado a todas partes últimamente: tazas, ropa, mochilas, muñecos, peluches y, en general, juguetes de todo tipo. ¡Si hasta yo tengo un pequeño peluche de Pocoyo adornando mi habitación!

La hija de esta amiga, sin embargo, no necesitó ningún tipo de merchandising oficial para fabricarse un disfraz casero y cumplir su sueño de ser como su ídolo televisivo Pocoyo.

¿Cómo se hizo el disfraz? Pues nada tan simple y maravilloso como coger una pequeña cacerola, ponérsela en la cabeza con las asas a la altura de las orejas (simulando el gorro de aviador del personaje) y correr hacia su madre diciendo: ¡Mira, Mamá, soy Pocoyo!

Me encanta el ingenio de los niños. ¡Esa cría llegará muy lejos!