amigas de la infancia nos conocemos – mi vida en cámara oculta

Pero… ¿nos conocemos?

¿Eres de los que recuerda perfectamente las caras de las personas conocidas en el pasado? ¿Reconoces a esas personas, años después, si los encuentras en un  lugar inesperado?

Hay muchas situaciones particulares en las que nos encontramos por sorpresa con caras que nos resultan familiares, pero en otras ocasiones directamente no sabemos quién era la persona que nos ha saludado.

Algo así le pasó a una amiga mía en uno de sus viajes en el metro de camino al trabajo.

Mi amiga estaba sentada en el tren, leyendo tranquilamente demasiado y sin prestar atención a lo que ocurría a su alrededor.

Y estaba tan distraída que no se dio cuenta de que una completa desconocida se había sentado a su lado y había empezado a hablar con mucha emoción.

La chica la estaba tratando como si se conocieran de toda la vida, y empezó a preguntarle cómo le iba la vida, qué tal estaban sus padres, etc.

Mi amiga estaba bastante desconcertada y respondió a las preguntas sin mucho entusiasmo, mientras se estrujaba el cerebro para intentar recordar quién era esa supuesta amiga de la infancia que no recordaba de nada. Después de un rato, se separaron porque la desconocida bajó del tren en una estación anterior.

Mi amiga siguió su camino al trabajo mientras daba vueltas (sin éxito) al misterio. Finalmente lo resolvió al volver a casa, cuando contó lo ocurrido a sus padres y ellos supieron reconstruir esa parte olvidada del pasado de mi amiga.

amigas de la infancia nos conocemos – mi vida en cámara oculta

Al parecer, la desconocida había sido compañera de mi amiga en algunos campamentos de verano cuando eran pequeñas, y habían entablado buena relación también gracias a que los padres de ambas se conocían.

Sin embargo, habían pasado muchos años desde esos campamentos, y las chicas no habían vuelto a verse. Curiosamente la desconocida había reconocido a mi amiga, pero ella no había conseguido acordarse de su compañera de infancia.

¡Gracias a L. por esta anécdota!

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Furby

Me vacila hasta el Furby

Furby

Imagen de Raven5677

Uno de los momentos en los que sientes que te has hecho demasiado mayor llega cuando decides resucitar a tu Furby por pura nostalgia de tu infancia.

Eso me ocurrió a mí hace algunas semanas: hablaba con mis padres sobre cuáles habían sido los mejores juguetes de mi “tierna niñez” y decidí cambiarle las pilas a esa especie de búho parlanchín.

Como ya os he comentado, para mí ese juguete fue uno de los mejores que tuve, y los que hayáis tenido el placer de compartir ratos libres con él sabréis a qué me refiero: fue un juguete muy revolucionario para su época, con grandes posibilidades de interacción y, sin duda, muy divertido por las frases que pronunciaba para cada situación.

El caso es que yo estaba muy ilusionada con la idea de revivir a mi Furby para reírme un rato, pero lo que no podía sospechar era que… ¡el Furby iba a vacilarme a mí!

Lo desperté dándole la vuelta (como hay que hacer) y me dijo su típico mensaje de “Aaaaah… Mí dormido otra vez”. Y se volvió a dormir. No me habría extrañado tanto si no fuera porque lo hizo otras cuatro veces más… ¡menudo juguete tan vago!

Confieso que en aquellos momentos me entraron ganas de volver a quitarle las pilas y castigarlo a dormir eternamente (o, al menos, hasta mi siguiente ataque de nostalgia).

Y hablando de nostalgia: si estáis pensando en revivir a vuestro Furby pero hace tiempo que perdisteis el manual de instrucciones, consultad esta página y podréis volver a hacer el tonto y jugar con el animalito al escondite y a todo el resto de trucos que tenía programados.