Una mochila muy especial "nacida" en un herbolario

Una mochila muy especial “nacida” en un herbolario

Como ya os he comentado anteriormente, me encantan los peluches y los juegos en general, y no hay manera de que me pase la fiebre… Ni siquiera con el paso de los años. ¿Qué le voy a hacer?

Esta anécdota tiene relación, precisamente, con un peluche corporativo de una marca de productos de dietética y suplementos. Se trata de Motomojomo, la adorable mascota de Novadiet, que rescaté de un mercadillo solidario hace un año para incorporarlo a mi gran colección de peluches.

Desde entonces lo he llevado de excursión a muchos sitios y tiene una posición bastante privilegiada en el salón de mi casa.

Lo verdaderamente gracioso es que el otro día, saliendo de mi casa, entró en el portal un repartidor de un herbolario… ¡y llevaba puesta una mochila de Motomojomo!

Le pregunté si podía hacerle una foto, y de paso le pedí que me contara de dónde había salido la mochila. Al parecer tenían en marcha una oferta de la marca en su herbolario, así que esa misma mañana me fui a descubrir la tienda.

Me atendió la novia del chico, a la que ya le habían contado toda la historia. Sí, debieron de pensar que soy una tía un poco rara… (“Aaaah, sí, me dijo que a lo mejor venía una chica preguntando por la mochila”)

En fin, ya sabéis que soy bastante experta en situaciones y casualidades extrañas, y gracias a que me encontré a ese chico en mi portal haciendo un reparto descubrí la existencia de la mochila.

Al final me animé a comprar el producto en cuestión para la oferta (veremos si lo uso para algo), ¡solo para tener la mochila!

 Una mochila muy especial "nacida" en un herbolario

A la izquierda, mi querido peluche Motomojomo, orgulloso de su nueva mochila

Pero bueno, os aseguro que ha merecido la pena. Ahora mi querido Motomojomo tiene una mochila con su cara 😀

Aclaración: No tengo nada que ver con la marca mencionada ni estoy recibiendo ningún beneficio por este artículo.

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Encuentros en las carreras

Encuentros en las carreras

Encuentros en las carreras

Imagen de Carissa Rogers.

No es ni mucho menos la primera vez que os hablo de encuentros inesperados en mi blog, pero me sigo sorprendiendo –y mucho– con cada anécdota de este tipo.

La última tuvo lugar el pasado domingo 2 de noviembre en Madrid, en la carrera Madrid También Solidario (sí, sí, esa en la que conocí a un perrito adorable llamado Max).

El caso es que llegué bastante pronto al parque donde se iba a celebrar la prueba, y mientras preparaba las cosas que necesitaba para dejar la mochila en el guardarropa, alguien me dio un toquecito en el hombro.

Me giré y me quedé sorprendidísima, porque me estaba saludando, nada más y nada menos, que un chico que conocí este verano haciendo el Camino de Santiago. Durante la peregrinación habíamos hablado de running y de carreras, pero no os aseguro que no esperaba encontrármelo en Madrid para quemar asfalto.

Además, esta carrera no es una de las más conocidas de Madrid, lo que hizo que el encuentro fuera más especial. Siempre hay eventos para corredores que tienen mucha fama y hay más probabilidades de encontrar a conocidos runners.

“El mundo es un pañuelo”…

Una profesora es mi compañera de clase

Una profesora es mi compañera de clase

Una profesora es mi compañera de clase

Imagen de Ian Britton

El primer año en la universidad, conocí a la que sería una de mis profesoras favoritas. Colaboré con su departamento en un proyecto de investigación y,  con el tiempo, hemos mantenido el contacto, pero ella tuvo que cambiar de facultad y yo no me enteré de que había regresado este año.

Me la encontré la semana pasada, en un intercambio de clase en el que tenía que ir de un edificio a otro. Me encantó hablar con ella porque aprovechamos para “ponernos al día” con nuestras vidas: trabajo, estudios, actividades, etc.

En esa conversación, le conté que había empezado a estudiar italiano. Para mi sorpresa, me contestó que ella llevaba cuatro años estudiando dicho idioma, así que, por curiosidad, seguí preguntando.

Para nuestra sorpresa, descubrimos que las dos estudiamos en el mismo centro los mismos días de la semana y que tenemos exactamente a la misma profesora… La única diferencia es que yo voy a la clase anterior.

Me quedé tan sorprendida que se lo comenté a nuestra profesora de italiano, y ella, lógicamente, alucinó en colores. ¡El mundo es demasiado pequeñito!

Barcelona

Sorpresas en Barcelona

Barcelona

Imagen de ChristianSchd

Después de la semana de vacaciones en Barcelona (y teniendo en cuenta el duro comienzo en el aeropuerto de Madrid), era difícil imaginar que me ocurriría algo más a la vuelta.

Sin embargo, la sorpresa del último día, en el aeropuerto de “El Prat” de Barcelona, fue un poco más agradable que la que nos había tocado en Barajas a la ida. Para empezar, no tuvimos ningún problema con las tarjetas de embarque virtuales, y todo el control de seguridad transcurrió con normalidad.

Solo hubo un pequeño detalle: ¡en la fila de espera para el control, estaba un compañero de mi clase! Le saludé pero, aun así, nos costó creer que de verdad hubiéramos coincidido de esa manera. Al parecer, él lo había anunciado por Facebook pero yo no lo había visto porque durante esa semana de desconexión no entré a mis redes sociales…

Muy fuerte, esto de los encuentros inesperados.

Ligar

No vas a ligar conmigo (aunque el destino quiera)

Estoy alucinando con todos los encuentros inesperados y “casualidades” de mi vida: parece que la historia no se acaba nunca y que cada diez o quince días me ocurre algo nuevo digno de mencionar. Y os prometo que no me lo invento (¡no tendría tanta imaginación para ello!)

Hace unos meses, hice frente a una de esas pequeñas historias que te hacen sentir en condiciones de desafiar el “destino”.

Era un día cualquiera, por la tarde, y yo tenía que ir a una papelería a comprar material para la universidad (un archivador, unos bolígrafos, etc.). Al acceder a la calle en cuestión, un chico bastante guapo se acercó a mí y me preguntó si tenía fuego para encender su cigarrillo. Le contesté que no porque no fumaba, y después quiso hablar un poco conmigo y me pidió mi teléfono.

Amablemente le dije que no y me libré de él lo antes posible. Y ya sé que era guapo, pero… ¡fumaba! Y, aunque no lo creáis, ese es mi primer criterio para ligar o no: si fuma, completamente descartado (no soporto el olor).

La “suerte” quiso que tuviera que acercarme de nuevo a la papelería al día siguiente (pero a una hora distinta), y en la misma esquina estaba el mismo chico. Pasó a mi lado sin verme, y yo me quedé alucinando con lo pequeño que es el mundo.

¿Sería una señal del destino? Pues yo la mandé a la porra a la primera…