Niño traumatizado con ganas de fugarse – Mi vida en cámara oculta

Niño traumatizado con ganas de fugarse

Hoy toca hacer un hueco a una de esas anécdotas que se comparten en los eventos familiares y navideños. De hecho, se trata de una historia que le ocurrió a un chico cuando era pequeño, y que ahora le causa gracia también a él mismo.

Este chico en cuestión era un travieso incontrolable cuando era niño, y solía tener muchos problemas con su madre. Ella estaba desesperada con su comportamiento, porque por más que lo intentaba no había manera de hacerlo obedecer.

Al final, entre unas cosas y otras, los dos discutían mucho, él se portaba peor… Y así en un bucle infinito.

Un día, el chico se hartó y, estando en la habitación con su hermano pequeño, empezó a despotricar y a contarle que estaba harto de su madre, que no podía más y que se quería ir. Atención, porque el “enano” tenía solo 5 años…

Niño traumatizado con ganas de fugarse – Mi vida en cámara oculta

Su madre estaba fuera de la habitación y oyó la conversación, así que se quedó muy preocupada y con miedo a lo que pudiera hacer.

Había que actuar de inmediato, pero no sabía qué decir exactamente. Finalmente se decidió por la “psicología inversa”.

Bueno, Jorge, he oído que te quieres marchar. Te puedes ir cuando quieras, sólo avísanos primero para que te ayudemos con la maleta y para que no te esperemos para cenar

El pobre Jorge se quedó tan sorprendido que no supo qué responder ni cómo actuar. La psicología inversa funcionó y se le quitaron las ganas de marcharse de casa…

Lógicamente, la respuesta de la madre no es “de manual”, pero se vio obligada a actuar rápido, y lo hizo lo mejor que pudo. Cumplió su propósito y ahora todo ha quedado en una anécdota…

Eso sí, es la anécdota que se repite en todas las reuniones de amigos o de familiares 😀 ¡Nunca nos cansamos de oírla!

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melocotón en almíbar – blog mi vida en cámara oculta

Un melocotón en almíbar con sabor inesperado

Hoy comparto una anécdota que me ha contado E. y que marcó un antes y un después en su vida: el descubrimiento (bastante traumático) de que muchos alimentos se parecen por su aspecto pero tienen un sabor dramático.

Cuando era pequeño, hace años, mi amigo solía comer con frecuencia melocotón en almíbar, que su tía guardaba siempre en la nevera en cacharros de cristal. Lo que más le gustaba de este alimento era precisamente el sabor dulce del almíbar, por lo que con frecuencia pedía a su tía que lo comprara.

Una tarde de verano en que hacía mucho calor, E. tenía ganas de tomar algo dulce y fresquito y abrió la nevera con la esperanza de encontrar un cacharro de melocotón en almíbar.

¡Y ahí estaba! En un cacharro de cristal, transparente, y con el contenido reluciente: melocotón en almíbar. Así que se lanzó sin pensarlo: agarró el cacharro con las manos y se lo llevó directo a la boca.

melocotón en almíbar – blog mi vida en cámara oculta

Imagen Creative Commons de Larra Jungle Princess.

Pero el resultado fue totalmente inesperado: lo que se llevó a la boca tenía un sabor muy desagradable y nada dulce… ¡Sabía a huevo!

Mi amigo tuvo el impulso de escupir inmediatamente y después, hablando con su tía, descubrió la verdad: se había roto un huevo crudo y ella había decidido volcarlo en un cacharro para que no se estropeara. Su intención era cocinarlo para la comida, ¡pero no podía imaginar que su sobrino lo tomaría como si fuera melocotón en almíbar!

La confusión se debe a que mi amigo apenas prestó atención al contenido: por su aspecto, la clara del huevo crudo parecía el almíbar, y la yema tenía también el mismo color que el melocotón.

Eso sí: el “trauma” que se llevó fue tan grande que pasaron varios meses antes de que volviera a apetecerle comer melocotón en almíbar 😛