amigas de la infancia nos conocemos – mi vida en cámara oculta

Pero… ¿nos conocemos?

¿Eres de los que recuerda perfectamente las caras de las personas conocidas en el pasado? ¿Reconoces a esas personas, años después, si los encuentras en un  lugar inesperado?

Hay muchas situaciones particulares en las que nos encontramos por sorpresa con caras que nos resultan familiares, pero en otras ocasiones directamente no sabemos quién era la persona que nos ha saludado.

Algo así le pasó a una amiga mía en uno de sus viajes en el metro de camino al trabajo.

Mi amiga estaba sentada en el tren, leyendo tranquilamente demasiado y sin prestar atención a lo que ocurría a su alrededor.

Y estaba tan distraída que no se dio cuenta de que una completa desconocida se había sentado a su lado y había empezado a hablar con mucha emoción.

La chica la estaba tratando como si se conocieran de toda la vida, y empezó a preguntarle cómo le iba la vida, qué tal estaban sus padres, etc.

Mi amiga estaba bastante desconcertada y respondió a las preguntas sin mucho entusiasmo, mientras se estrujaba el cerebro para intentar recordar quién era esa supuesta amiga de la infancia que no recordaba de nada. Después de un rato, se separaron porque la desconocida bajó del tren en una estación anterior.

Mi amiga siguió su camino al trabajo mientras daba vueltas (sin éxito) al misterio. Finalmente lo resolvió al volver a casa, cuando contó lo ocurrido a sus padres y ellos supieron reconstruir esa parte olvidada del pasado de mi amiga.

amigas de la infancia nos conocemos – mi vida en cámara oculta

Al parecer, la desconocida había sido compañera de mi amiga en algunos campamentos de verano cuando eran pequeñas, y habían entablado buena relación también gracias a que los padres de ambas se conocían.

Sin embargo, habían pasado muchos años desde esos campamentos, y las chicas no habían vuelto a verse. Curiosamente la desconocida había reconocido a mi amiga, pero ella no había conseguido acordarse de su compañera de infancia.

¡Gracias a L. por esta anécdota!

Campamento

Extrañas noches de campamento

¡Feliz Navidad a todos!

¿Qué tal habéis pasado el primer fin de semana de comilonas y reuniones familiares? Seguro que han sido unos días muy especiales y llenos de buenos momentos. Y yo quiero añadir mi granito de arena a esa colección de “momentos”, pero con una anécdota que me ocurrió en una noche de campamento hace ya varios años.

Era una noche cualquiera de julio y yo compartía tienda de campaña con mi grupo de amigas del campamento. En total, éramos seis chicas, y “tanta gente” se notaba en cuestiones de orden: con tantos sacos de dormir y tanta ropa, era muy complicado organizarse. Sin embargo, las situaciones que se creaban eran bastante divertidas.

Una de las noches, después de cenar, estuvimos dando un paseo y viendo las estrellas, por lo que fuimos a dormir tarde. Teníamos mucho sueño pero no conseguimos dormir bien porque una de mis amigas estuvo buscando una camiseta durante más de diez minutos. Imaginaos la situación: nosotras intentando dormir, ya dentro del saco, y ella con una linterna rebuscando en las bolsas (sin ningún éxito).

De repente, levantó una camiseta y la alumbró con la linterna para enseñárnosla, orgullosa de haber encontrado lo que buscaba. El problema es que no era la suya… Otra compañera dijo: “¡Eeeeh, que esa es mía!” Y vuelta a empezar…

Cuando por fin apareció la dichosa camiseta y creíamos que podíamos descansar, empezamos a escuchar ruidos de bolsas de plástico. Era otra compañera, que estaba buscando una bolsa de patatas fritas “porque le había entrado hambre”.

Campamento

Imagen de Hidaruma