Champú con colorante en un campamento – Mi vida en cámara oculta

Champú con colorante en un campamento

Si alguna vez has ido de campamento seguro que te has familiarizado con las bromas o juegos en los que se decidí a aun “delincuente” encargado de hacer jugarretas al resto. Yo sí lo he vivido en más de una ocasión, y durante todo el campamento seguía el juego en marcha hasta que conseguíamos atrapar a los culpables.

En una ocasión estos delincuentes resultaron ser amigas mías, pero en su momento no me tomé nada bien la broma que me hicieron. Menos mal que no tuvo efectos muy desastrosos…

En concreto, estas dos chicas, elegidas en secreto para gastar bromas pesadas, decidieron echar colorante azul en los botes de champú de varias chicas, y yo fui una de las víctimas.

Llegado el día, no me había dado cuenta de la locura porque era un bote oscuro, así que me metí en la ducha con total normalidad y empecé a lavarme el pelo. Pero cuando el champú empezó a hacer espuma casi me da un ataque: ¡la espuma era azul oscura!

Volví a fijarme en las manos, en el champú, en el bote… y  después de unos momentos de desconcierto y susto me di cuenta de lo que ocurría. Para entonces, ya caían chorros de agua coloreada por mi cuello y mis brazos, y estuve un par de días con manchas azules en las orejas que costó bastante quitar.

colorantes

Por suerte, en lo que al pelo se refiere, todas las víctimas teníamos cabello oscuro, así que apenas dejó marca el colorante. Solo tuvimos que lamentar manchas en el cuero cabelludo, justo junto a la frente. En mi caso, como tengo varios mechones más claros en la parte de delante, también adquirieron un tono un poco extraño, pero no llegaron a ser de un azul demasiado “cantoso”.

Al terminar el campamento pudimos por fi desenmascarar a las “criminales” y me quedé a cuadros al saber que eran amigas mías. Pero después del pequeño enfado inicial se me pasó rápido y recordamos la anécdota con risas años después.

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amigas de la infancia nos conocemos – mi vida en cámara oculta

Pero… ¿nos conocemos?

¿Eres de los que recuerda perfectamente las caras de las personas conocidas en el pasado? ¿Reconoces a esas personas, años después, si los encuentras en un  lugar inesperado?

Hay muchas situaciones particulares en las que nos encontramos por sorpresa con caras que nos resultan familiares, pero en otras ocasiones directamente no sabemos quién era la persona que nos ha saludado.

Algo así le pasó a una amiga mía en uno de sus viajes en el metro de camino al trabajo.

Mi amiga estaba sentada en el tren, leyendo tranquilamente demasiado y sin prestar atención a lo que ocurría a su alrededor.

Y estaba tan distraída que no se dio cuenta de que una completa desconocida se había sentado a su lado y había empezado a hablar con mucha emoción.

La chica la estaba tratando como si se conocieran de toda la vida, y empezó a preguntarle cómo le iba la vida, qué tal estaban sus padres, etc.

Mi amiga estaba bastante desconcertada y respondió a las preguntas sin mucho entusiasmo, mientras se estrujaba el cerebro para intentar recordar quién era esa supuesta amiga de la infancia que no recordaba de nada. Después de un rato, se separaron porque la desconocida bajó del tren en una estación anterior.

Mi amiga siguió su camino al trabajo mientras daba vueltas (sin éxito) al misterio. Finalmente lo resolvió al volver a casa, cuando contó lo ocurrido a sus padres y ellos supieron reconstruir esa parte olvidada del pasado de mi amiga.

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Al parecer, la desconocida había sido compañera de mi amiga en algunos campamentos de verano cuando eran pequeñas, y habían entablado buena relación también gracias a que los padres de ambas se conocían.

Sin embargo, habían pasado muchos años desde esos campamentos, y las chicas no habían vuelto a verse. Curiosamente la desconocida había reconocido a mi amiga, pero ella no había conseguido acordarse de su compañera de infancia.

¡Gracias a L. por esta anécdota!

Campamento

Extrañas noches de campamento

¡Feliz Navidad a todos!

¿Qué tal habéis pasado el primer fin de semana de comilonas y reuniones familiares? Seguro que han sido unos días muy especiales y llenos de buenos momentos. Y yo quiero añadir mi granito de arena a esa colección de “momentos”, pero con una anécdota que me ocurrió en una noche de campamento hace ya varios años.

Era una noche cualquiera de julio y yo compartía tienda de campaña con mi grupo de amigas del campamento. En total, éramos seis chicas, y “tanta gente” se notaba en cuestiones de orden: con tantos sacos de dormir y tanta ropa, era muy complicado organizarse. Sin embargo, las situaciones que se creaban eran bastante divertidas.

Una de las noches, después de cenar, estuvimos dando un paseo y viendo las estrellas, por lo que fuimos a dormir tarde. Teníamos mucho sueño pero no conseguimos dormir bien porque una de mis amigas estuvo buscando una camiseta durante más de diez minutos. Imaginaos la situación: nosotras intentando dormir, ya dentro del saco, y ella con una linterna rebuscando en las bolsas (sin ningún éxito).

De repente, levantó una camiseta y la alumbró con la linterna para enseñárnosla, orgullosa de haber encontrado lo que buscaba. El problema es que no era la suya… Otra compañera dijo: “¡Eeeeh, que esa es mía!” Y vuelta a empezar…

Cuando por fin apareció la dichosa camiseta y creíamos que podíamos descansar, empezamos a escuchar ruidos de bolsas de plástico. Era otra compañera, que estaba buscando una bolsa de patatas fritas “porque le había entrado hambre”.

Campamento

Imagen de Hidaruma