Una tortuga que viaja con chófer – Mi vida en cámara oculta

Una tortuga que viaja con chófer

Todos tenemos mucho cariño a las mascotas, pero seguro que pocos hemos mandado a nuestros animales de compañía a recorrer la ciudad en un coche privado con chófer… Y yo conozco la historia de una tortuga que viajó en el asiento del copiloto con todos los lujos y las comodidades posibles.

La historia es parte de un gran repertorio que consigues cuando conoces a gente trabajando en el sector del taxi, en plataformas con Cabify o en otras empresas de conducción con chófer privado.

Este amigo salió un día a trabajar con normalidad y recibió el encargo de recoger una tortuga para llevarla de un punto a otro de la ciudad. En total el trayecto era de aproximadamente 20 minutos, pero se hicieron eternos…

Una tortuga que viaja con chófer – Mi vida en cámara oculta

El animal, al parecer, había pasado varios días en casa de la hermana de la dueña. Y la dueña estaba ansiosa por recuperar a su tortuga, así que había encargado el servicio de chófer para que le llegara lo antes posible (y en buenas condiciones).

Parece que a esta mujer los 20 minutos le parecían una espera insoportable, porque llamó un total de tres veces por teléfono al chófer para preguntar por dónde iba y –atención– por cómo estaba la tortuga.

Le preguntó varias veces si la tortuga estaba bien, si estaba tranquila…

Mi pobre amigo no sabía ya qué más responder. Tenía que estar atento al volante y lo único que veía en el asiento del copiloto es que la tortuga estaba ahí quietecita, sin moverse, y sin ninguna señal de que algo fuera mal. ¿Qué más necesitaba saber la dueña en un trayecto de 20 minutos?

¡Si no lo leo, no lo creo!

Anuncios
La barra de ducha rebelde – Mi vida en cámara oculta

La barra de ducha rebelde

No sé si tenéis en casa una de esas barras de ducha con ventosa, con largo ajustable y que se pueden colocar fácilmente a la altura que más os convenga. Yo sí tengo una, pero ha sido motivo de cachondeo durante meses.

Todo empezó cuando me mudé a mi nuevo piso, y compré unas cortinas de ducha “estándar” que parecían demasiado largas para la altura de la barra.

Por suerte, una amiga mía se dio cuenta de que era una barra flexible con ventosas y la movió rápidamente un poco más arriba. En pocos minutos conseguimos que las cortinas quedaran a la altura perfecta sin necesidad de cortarlas ni arreglarlas.

Pero unos días después intentamos mover la barra un poquito más para ajustarla mejor… y ocurrió el desastre. Parece que las ventosas estaban ya bastante desgastadas, y no conseguíamos volver a engancharlas en las baldosas.

Cuando por fin lo logramos, comenzó una larga etapa de caídas inesperadas. A lo mejor te estabas duchando (o movías la cortina para entrar a la ducha) y se desplomaba la barra, tirando la cortina y todas las anillas.

Hubo que hacer un apaño con un plástico en una de las ventosas para mejorar el agarre, pero aun así ocasionalmente se caía la cortina.

Decidimos probar con anillas más ligeras, ya que las que estaban colgadas eran metálicas… ¡y por fin encontramos la solución!

Después de unas semanas de caos e “inestabilidad”, la barra de ducha y las cortinas se quedaron en su su sitio durante más de cuatro meses.

La barra de ducha rebelde – Mi vida en cámara oculta

Pero cuando empezábamos a asumir esa normalidad, un día volvió a caerse la barra, y tuvimos que asumir que ya no había nada que hacer.

No os podéis imaginar las risas cuando vimos otra vez todo en el suelo… Nos entraron ganas de colgar un cartel como los de “6 días sin accidentes laborales” pero que pusiera “Días sin caída de la barra de la ducha: 0”.

El caso es que al final nos hartamos de tanto ajuste y de tanta caída, y salimos a comprar una nueva barra de ducha. Una también flexible, ajustable y con ventosas, pero que está nueva y agarra en condiciones.

De momento no se ha caído…

De momento 😉

Un mono de peluche perdido en una maleta

Un mono de peluche perdido en una maleta

Hace poco he publicado otra anécdota relacionada con un peluche. Por suerte, conseguí rescatar a ese Charmander y ahora forma parte de mi colección… Pero no todas mis compras por Internet han tenido el mismo éxito.

Hoy os quiero contar la historia de “Bolita intermedio”, un mono de peluche de la colección Beanie Ballz de Ty.

Hace aproximadamente dos años, me enamoré de un monito de peluche de esa colección y conseguí encontrarlo por Internet. Pasó a ser uno de mis indiscutibles favoritos y lo llamé “Bolita”.

Casi medio año más tarde, en un viaje por Eslovaquia, encontré a su hermano mayor, la versión más grande de todas, en una juguetería de Bratislava. No me pude resistir y lo compré también. No fui muy original con el nombre: se llama Súper Bolita.

Un mono de peluche perdido en una maleta

Súper Bolita y Bolita, posando para la foto mientras esperan a su hermano.

Desde hace un tiempo, mi novio me insistía para que buscáramos a la versión intermedia, porque es el único que nos falta de esa familia de monitos. Y aquí es cuando viene lo divertido…

Buscando por Internet encontramos a nuestro “Bolita intermedio” y lo encargamos a un vendedor de Estados Unidos. Encargué a una persona de mi familia que lo recibiera en su domicilio allí en Estados Unidos, para luego traerlo a España cuando viniera de vacaciones.

El caso es que otros miembros de mi familia fueron a visitarla en Semana Santa, y aprovecharon para meter el peluche en la maleta. La idea era traerlo de vuelta a España y dármelo en ese periodo.

Y aquí llega la mala noticia: ¡la aerolínea perdió la maleta! Después de tres semanas de espera y de búsqueda sin éxito, la compañía la ha dado definitivamente por perdida.

No sabemos dónde están todos los objetos que llevaba esa persona, y por supuesto “Bolita intermedio” también está desaparecido, en algún lugar del mundo… 😦

Rescatando a Charmander de la tormenta

Rescatando a Charmander de la tormenta

En este fin de semana de lluvia torrencial en Madrid, me estoy acordando de una anécdota muy divertida y surrealista que viví hace unas semanas en Valencia. Me había marchado unos días a esa ciudad por temas de trabajo y aproveché para ver a una amiga que vive allí.

El caso es que no pude contenerme y entré varias veces en Wallapop para ver si encontraba peluches interesantes que ampliaran mi colección.

¡Sorpresa! Encontré un anuncio de un Charmander de peluche precioso, y me entraron muchas ganas de adoptarlo. Contacté con el dueño a través del anuncio y acordamos quedar por su zona en una de las tardes que iba a pasar allí.

Esa tarde fui con mi amiga a visitar a unas conocidas suyas y pasamos las horas con juegos de mesa. Cuando se hizo la hora de ir a recoger a Charmander, me di cuenta de que el cielo estaba negro y que amenazaba tormenta.

Según los cálculos de Google, para llegar al punto de encuentro tenía que recorrer unos 20 minutos a pie (y otros 20 de vuelta), y yo temía que no me diera tiempo a llegar antes del chaparrón.

Mi amiga me prestó su paraguas y salí a toda velocidad de allí, corriendo gran parte del tiempo, hasta que llegué a la zona donde vivía el chico del anuncio.

En cuanto recogí a Charmander, empezó a llover. Y no era una lluvia normal, sino un diluvio en toda regla. Me faltaba caminar otros 20 minutos para volver a casa de mis amigas, y tenía que luchar por mantener el paraguas abierto con tanto viento. Ah, y todo eso manteniendo a Charmander bien pegado a mi cuerpo debajo del paraguas para que no se mojara.

Debía de ofrecer un espectáculo bastante surrealista porque los pocos que iban por la calle me miraban sorprendidos.

Aquí tenéis el perfil de mi querido peluche de Charmander. Sobrevivió a la tormenta sin mojarse y ahora vive conmigo 😀

Después de empaparme los pies y de correr como pude, conseguí llegar a mi destino con Charmander a salvo. Y luego nos quedaba aún el desplazamiento desde la casa de esta conocida hasta la de mi amiga. Otros 20 minutos de caminata bajo la lluvia torrencial, y el pobre Charmander bajo el paraguas.

Fue una aventura bastante curiosa… (¡lo que hay que hacer por un peluche!), pero mereció la pena. ¿No es adorable mi Charmander? ❤

Cartera perdida (y encontrada) en un coche Cabify

Cartera perdida (y encontrada) en un coche Cabify

En los taxis y en los coches de Uber y Cabify pueden pasar muchas cosas. Los conductores tienen la suerte (o la desgracia) de enfrentarse a clientes y situaciones totalmente surrealistas o, cuanto menos, curiosas.

Hoy os voy a contar la historia de un chico que dio por perdida su cartera en un vehículo de Cabify… Por suerte, esas “casualidades de la vida” hicieron que todo se quedara en un susto.

El chico en cuestión, a quien llamaremos Juan (por ejemplo) salió de fiesta un viernes y estaba muy cansado para volver a casa en transporte público. Pidió un vehículo Cabify y se fue a casa en el coche medio dormido.

Pero el alcohol también había hecho efecto, así que nuestro amigo Juan se bajó enseguida del vehículo y no se dio cuenta de que había perdido la cartera hasta que no subió a casa.

Juan pensó que se la había dejado en el bar, así que pidió rápidamente otro Cabify para volver al local y buscarla cuanto antes.

¡Sorpresa! El conductor que lo recogió era el mismo de antes porque no se había alejado de la zona. ¡Casualidades de la vida!

Juan se subió rápidamente al coche, se sentó de nuevo en el asiento de atrás… ¡y encontró la cartera!

Cartera perdida (y encontrada) en un coche Cabify

Al parecer no la había olvidado en el bar: se le había escurrido del bolsillo en el trayecto a casa.

Una historia con final feliz y con risas para el conductor (que me contó la historia) y para el pasajero 😀

Ya no me apetece pizza

Me hacen mucha gracia esos cambios de última hora que hacemos cuando llegamos a un restaurante y decidimos que ya no vamos a comer lo que teníamos pensado en un principio. Yo, por ejemplo, si estoy particularmente indecisa ese día, acabo escogiendo una opción y obligo a mis acompañantes a quitarme la carta (así no sigo mirando y dejo de darle vueltas al asunto).

Tengo un amigo que trabaja en un restaurante italiano en Madrid, y tiene bastante fama por la calidad de las pizzas (están hechas al estilo napolitano, como la de la foto) 😉

Ya no me apetece pizzaHace unas semanas llegó al restaurante un matrimonio de unos 50 años, y ambos miembros de la pareja estaban emocionados de estar allí. Se empeñaron en saludar al dueño del restaurante porque decían que habían llegado desde Valencia a pasar unos días en Madrid y que habían ido expresamente a comer allí porque todo el mundo les había hablado de las fantásticas pizzas.

Así que el jefe saludó un poco a regañadientes, agradeció los cumplidos y volvió a trabajar…

Para sorpresa de todos, y después de todo el “latazo” que habían dado con el tema de las pizzas, los recién llegados acabaron pidiendo pasta bolognesa.

Me imagino la cara que pusieron todos, tipo Are you f* kidding me?

 

Niños jugando con "basurilla"

Niños jugando con “basurilla”

Si hay un colectivo de personas que nunca dejará de sorprenderme, es sin duda el de los niños. Me encantan las ideas tan creativas que tienen y la ilusión y la inocencia que transmiten con todo lo que hacen y dicen.

Esta anécdota se la debo a una buena amiga que es maestra de Educación Infantil y está trabajando en un colegio (¡ella también está encantada con la creatividad de los niños!).

La semana pasada, mientras vigilaba el patio en el horario de recreo, un niño se acercó a decirle que había “una basurilla” en el suelo. Entonces mi amiga, como es lógico, lo acompañó mientras le explicaba que si había una basurilla, que había que recogerla y tirarla a la papelera.

Niños jugando con "basurilla"

El niño se quedó muy sorprendido (casi en shock) y pidió a mi amiga que lo siguiera. Recogió del suelo el objeto y se lo enseñó diciendo: “¿Veees? Esto es la basurilla”. Era un muñequito de juguete con forma de cubo de basura, y el niño quería dárselo a “la profe” para buscar al dueño del juguete perdido.

¡Mi amiga tuvo que hacer muchos esfuerzos para no reírse a carcajadas!

Gracias a M. por esta bonita y graciosa historia.