Cartera perdida (y encontrada) en un coche Cabify

Cartera perdida (y encontrada) en un coche Cabify

En los taxis y en los coches de Uber y Cabify pueden pasar muchas cosas. Los conductores tienen la suerte (o la desgracia) de enfrentarse a clientes y situaciones totalmente surrealistas o, cuanto menos, curiosas.

Hoy os voy a contar la historia de un chico que dio por perdida su cartera en un vehículo de Cabify… Por suerte, esas “casualidades de la vida” hicieron que todo se quedara en un susto.

El chico en cuestión, a quien llamaremos Juan (por ejemplo) salió de fiesta un viernes y estaba muy cansado para volver a casa en transporte público. Pidió un vehículo Cabify y se fue a casa en el coche medio dormido.

Pero el alcohol también había hecho efecto, así que nuestro amigo Juan se bajó enseguida del vehículo y no se dio cuenta de que había perdido la cartera hasta que no subió a casa.

Juan pensó que se la había dejado en el bar, así que pidió rápidamente otro Cabify para volver al local y buscarla cuanto antes.

¡Sorpresa! El conductor que lo recogió era el mismo de antes porque no se había alejado de la zona. ¡Casualidades de la vida!

Juan se subió rápidamente al coche, se sentó de nuevo en el asiento de atrás… ¡y encontró la cartera!

Cartera perdida (y encontrada) en un coche Cabify

Al parecer no la había olvidado en el bar: se le había escurrido del bolsillo en el trayecto a casa.

Una historia con final feliz y con risas para el conductor (que me contó la historia) y para el pasajero 😀

Ya no me apetece pizza

Me hacen mucha gracia esos cambios de última hora que hacemos cuando llegamos a un restaurante y decidimos que ya no vamos a comer lo que teníamos pensado en un principio. Yo, por ejemplo, si estoy particularmente indecisa ese día, acabo escogiendo una opción y obligo a mis acompañantes a quitarme la carta (así no sigo mirando y dejo de darle vueltas al asunto).

Tengo un amigo que trabaja en un restaurante italiano en Madrid, y tiene bastante fama por la calidad de las pizzas (están hechas al estilo napolitano, como la de la foto) 😉

Ya no me apetece pizzaHace unas semanas llegó al restaurante un matrimonio de unos 50 años, y ambos miembros de la pareja estaban emocionados de estar allí. Se empeñaron en saludar al dueño del restaurante porque decían que habían llegado desde Valencia a pasar unos días en Madrid y que habían ido expresamente a comer allí porque todo el mundo les había hablado de las fantásticas pizzas.

Así que el jefe saludó un poco a regañadientes, agradeció los cumplidos y volvió a trabajar…

Para sorpresa de todos, y después de todo el “latazo” que habían dado con el tema de las pizzas, los recién llegados acabaron pidiendo pasta bolognesa.

Me imagino la cara que pusieron todos, tipo Are you f* kidding me?

 

Niños jugando con "basurilla"

Niños jugando con “basurilla”

Si hay un colectivo de personas que nunca dejará de sorprenderme, es sin duda el de los niños. Me encantan las ideas tan creativas que tienen y la ilusión y la inocencia que transmiten con todo lo que hacen y dicen.

Esta anécdota se la debo a una buena amiga que es maestra de Educación Infantil y está trabajando en un colegio (¡ella también está encantada con la creatividad de los niños!).

La semana pasada, mientras vigilaba el patio en el horario de recreo, un niño se acercó a decirle que había “una basurilla” en el suelo. Entonces mi amiga, como es lógico, lo acompañó mientras le explicaba que si había una basurilla, que había que recogerla y tirarla a la papelera.

Niños jugando con "basurilla"

El niño se quedó muy sorprendido (casi en shock) y pidió a mi amiga que lo siguiera. Recogió del suelo el objeto y se lo enseñó diciendo: “¿Veees? Esto es la basurilla”. Era un muñequito de juguete con forma de cubo de basura, y el niño quería dárselo a “la profe” para buscar al dueño del juguete perdido.

¡Mi amiga tuvo que hacer muchos esfuerzos para no reírse a carcajadas!

Gracias a M. por esta bonita y graciosa historia.

Una nueva etapa en el blog

Una nueva etapa en el blog

'CCTV Camera', fotografía de Ian Britton

‘CCTV Camera’, fotografía de Ian Britton

¡Hola de nuevo!

Qué raro se me hace empezar de cero; o, mejor dicho, continuar por otro camino una aventura que empezó el 11 de mayo de 2010.

Mi vida en cámara oculta nació como un blog integrado en Gaceta Joven, pero después de todo este tiempo, y por motivos ajenos a mi voluntad, tiene que abrirse paso lejos del mencionado portal. Como se puede apreciar, este nuevo diseño tiene poco que ver con el original, porque me apetecía darle un nuevo aire al proyecto.

Tardaré un tiempo en transferir todo el contenido de un sitio a otro. De momento (este post está publicado el 21 de febrero de 2012), el contenido sigue disponible en la dirección anterior. Dentro de poco, los posts se borrarán de ahí y aparecerán aquí, con las mismas fechas y la misma información.

Tengo muchas ganas de empezar esta nueva etapa en mi loco diario de aventuras absurdas y anécdotas divertidas. Espero poder actualizarlo, como siempre, dos veces a la semana.

¡Gracias por estar aquí!

Espíritu Santo

Una cena con el Espíritu Santo

No es que vaya a hablaros de temas religiosos, pero no podía evitar utilizar ese título para el post. En parte no estoy mintiendo con lo del Espíritu Santo, así que estad atentos, porque he cenado con @espiritusanto.

Tener un apellido así de interesante da mucho uego, y el susodicho conocido me dio su permiso para escribir en el blog sobre algunas de las anécdotas que le han ocurrido por ello.

En mi opinión, la más divertida se refiere a la oportunidad que tuvo de tomar copas gratis en un local de Madrid. Así fueron las cosas:

El del nombre omnipotente estaba tomando algo con unos compañeros en un bar de la calle Espíritu Santo en Madrid (sí, sí, la calle existe). Entonces uno de sus acompañantes preguntó a la camarera:

-Si el Espíritu Santo está aquí, ¿las copas son gratis?

-¡Por supuesto!

Os podéis imaginar lo que siguió: la camarera tuvo que comprobar que, efectivamente, en el DNI de esta persona aparecía el apellido “Espiritusanto”.

¡Y todos tuvieron copas gratis! Hay que ver lo que puede hacer tener un apellido tan curioso…

Ventanas voladoras

Ventanas voladoras

Ventanas voladoras

‘Window’, fotografía de Simon Tong

Nunca en la vida me había planteado los riesgos que conlleva tener una ventana en tu habitación.

No me refiero solamente a los vecinos desesperados que cotillean desde lejos intentando ver a alguien desnudo, ni a las señoras “radio-patio” que tan bien retrataba la serie Aquí no hay quien viva.

Resulta que, hace unos días, una amiga mía se cambió de piso porque no podía pagar un alquiler tan alto. Su “nuevo hogar” tiene menos metros cuadrados, pero gracias a ello es más barato.

Pues bien: el otro día quedé con algunos amigos para dar una vuelta, y el novio de la susodicha intentó contarme, sin poder contener la risa, que a mi amiga se le había caído la ventana por la ventana.

Evidentemente, mi cara parecía un poema mientras me relataba todo. ¿Desde cuándo una ventana se cae por la ventana?

Cuando por fin entendí la situación, no pude evitar unirme a las carcajadas generales: resulta que mi amiga había intentado abrir una ventana que se atascaba siempre, y, al hacer fuerza con la palanca, el marco se despegó de la pared [What the f*?] y se cayó, con cristal incluido, desde una altura de cinco pisos.

Evidentemente, cuando “la ventana” llegó al suelo del patio interior, se hizo añicos.

Mi amiga se quedó con el corazón en un puño, mirando hacia abajo y dando gracias a todas las fuerzas del universo y a todos los dioses de todas las religiones, porque en ese momento no había nadie en el patio.

Su novio estaba en otra habitación ayudándola con la mudanza y pensó que mi amiga “había roto algo”, pero los ojos se le abrieron como platos cuando vio el gigantesco agujero que había en la pared y la cara pálida de su novia, que parecía respirar con dificultad.

Él, como buen caballero, se acercó a ella para tranquilizarla, sin apenas contener la risa. Ella lo miraba inquisitivamente y le decía “no te rías, que me he llevado un buen susto”.

Para colmo, ocurrió algo propio de una película: él se acercó para tranquilizarla y darle un abrazo, y en ese mismo instante ella se desmayó “en brazos de su amado”. No recuperó la conciencia hasta un minuto después, cuando se despertó tumbada en su cama, con su novio sentado al lado y mirándola tiernamente mientras hacía verdaderos esfuerzos por no partirse de la risa otra vez.

En fin… Me habría gustado verlo.

¡Bienvenidos!

¡BIENVENIDOS A “MI VIDA EN CÁMARA OCULTA”!

¡Bienvenidos!

‘Welcome’, imagen extraída de Chrome Blog.

He tenido encuentros totalmente inesperados.

He pensado “tengo que llamar a alguien” y dos segundos más tarde me ha llamado esa persona.

He conocido un caso de una ventana que se cayó por la ventana.

He estado en un festival de música en el que olía a mierda porque habían echado abono en el suelo (para colmo, los de Coldplay vacilaban al público).

Me he bañado en el Mar Cantábrico en una playa orientada al sur.

Y sí, me identifico con muchas de las situaciones extrañas que definen los grupos del Facebook.

Seguro que muchos de vosotros habéis pensado alguna vez eso de “Lo que no me pase a mí… ¡no le pasa a nadie!”. Pues bien: os equivocáis. Estoy segura de que esa aventura increíble le ha ocurrido a mucha gente.

Las anécdotas más divertidas nos ocurren en el día a día, cuando menos lo esperamos. Y no solo nos sorprenden, sino que nos encanta contárselas a todo el mundo. A menudo nos da rabia que no hubiera nadie grabando en ese momento, pero… ¡Para eso estoy yo, vuestra nueva Cámara Oculta!

En este blog voy a compartir con todos vosotros (adolescentes, jóvenes y no tan jóvenes), situaciones absurdas que me ocurran al intentar llevar una vida más o menos normal.

Quizá quiera escribiros de un estreno de cine y me sorprendan las ofertas que encuentre para el precio de la entrada, pero puede que me detenga  más en contaros curiosidades de la vida del director o en narrar el increíble batacazo de mi amigo en las escaleras de la entrada de la sala.

También pueden pasar muchas cosas inesperadas a lo largo de un día o de una semana, y las compartiré con vosotros para intentar (y, espero, conseguir) arrancaros alguna carcajada.

En este extraño y apasionante viaje por mi rutina (el día a día de una estudiante universitaria un poquito hiperactiva), espero vuestras sugerencias y vuestras aportaciones. Comentad en los posts si os sentís identificados con lo que cuento, y escribidme si os apetece que publique alguna de vuestras anécdotas más divertidas.

Bienvenidos a bordo.