Un mono de peluche perdido en una maleta

Un mono de peluche perdido en una maleta

Hace poco he publicado otra anécdota relacionada con un peluche. Por suerte, conseguí rescatar a ese Charmander y ahora forma parte de mi colección… Pero no todas mis compras por Internet han tenido el mismo éxito.

Hoy os quiero contar la historia de “Bolita intermedio”, un mono de peluche de la colección Beanie Ballz de Ty.

Hace aproximadamente dos años, me enamoré de un monito de peluche de esa colección y conseguí encontrarlo por Internet. Pasó a ser uno de mis indiscutibles favoritos y lo llamé “Bolita”.

Casi medio año más tarde, en un viaje por Eslovaquia, encontré a su hermano mayor, la versión más grande de todas, en una juguetería de Bratislava. No me pude resistir y lo compré también. No fui muy original con el nombre: se llama Súper Bolita.

Un mono de peluche perdido en una maleta

Súper Bolita y Bolita, posando para la foto mientras esperan a su hermano.

Desde hace un tiempo, mi novio me insistía para que buscáramos a la versión intermedia, porque es el único que nos falta de esa familia de monitos. Y aquí es cuando viene lo divertido…

Buscando por Internet encontramos a nuestro “Bolita intermedio” y lo encargamos a un vendedor de Estados Unidos. Encargué a una persona de mi familia que lo recibiera en su domicilio allí en Estados Unidos, para luego traerlo a España cuando viniera de vacaciones.

El caso es que otros miembros de mi familia fueron a visitarla en Semana Santa, y aprovecharon para meter el peluche en la maleta. La idea era traerlo de vuelta a España y dármelo en ese periodo.

Y aquí llega la mala noticia: ¡la aerolínea perdió la maleta! Después de tres semanas de espera y de búsqueda sin éxito, la compañía la ha dado definitivamente por perdida.

No sabemos dónde están todos los objetos que llevaba esa persona, y por supuesto “Bolita intermedio” también está desaparecido, en algún lugar del mundo… 😦

Rescatando a Charmander de la tormenta

Rescatando a Charmander de la tormenta

En este fin de semana de lluvia torrencial en Madrid, me estoy acordando de una anécdota muy divertida y surrealista que viví hace unas semanas en Valencia. Me había marchado unos días a esa ciudad por temas de trabajo y aproveché para ver a una amiga que vive allí.

El caso es que no pude contenerme y entré varias veces en Wallapop para ver si encontraba peluches interesantes que ampliaran mi colección.

¡Sorpresa! Encontré un anuncio de un Charmander de peluche precioso, y me entraron muchas ganas de adoptarlo. Contacté con el dueño a través del anuncio y acordamos quedar por su zona en una de las tardes que iba a pasar allí.

Esa tarde fui con mi amiga a visitar a unas conocidas suyas y pasamos las horas con juegos de mesa. Cuando se hizo la hora de ir a recoger a Charmander, me di cuenta de que el cielo estaba negro y que amenazaba tormenta.

Según los cálculos de Google, para llegar al punto de encuentro tenía que recorrer unos 20 minutos a pie (y otros 20 de vuelta), y yo temía que no me diera tiempo a llegar antes del chaparrón.

Mi amiga me prestó su paraguas y salí a toda velocidad de allí, corriendo gran parte del tiempo, hasta que llegué a la zona donde vivía el chico del anuncio.

En cuanto recogí a Charmander, empezó a llover. Y no era una lluvia normal, sino un diluvio en toda regla. Me faltaba caminar otros 20 minutos para volver a casa de mis amigas, y tenía que luchar por mantener el paraguas abierto con tanto viento. Ah, y todo eso manteniendo a Charmander bien pegado a mi cuerpo debajo del paraguas para que no se mojara.

Debía de ofrecer un espectáculo bastante surrealista porque los pocos que iban por la calle me miraban sorprendidos.

Aquí tenéis el perfil de mi querido peluche de Charmander. Sobrevivió a la tormenta sin mojarse y ahora vive conmigo 😀

Después de empaparme los pies y de correr como pude, conseguí llegar a mi destino con Charmander a salvo. Y luego nos quedaba aún el desplazamiento desde la casa de esta conocida hasta la de mi amiga. Otros 20 minutos de caminata bajo la lluvia torrencial, y el pobre Charmander bajo el paraguas.

Fue una aventura bastante curiosa… (¡lo que hay que hacer por un peluche!), pero mereció la pena. ¿No es adorable mi Charmander? ❤

Cartera perdida (y encontrada) en un coche Cabify

Cartera perdida (y encontrada) en un coche Cabify

En los taxis y en los coches de Uber y Cabify pueden pasar muchas cosas. Los conductores tienen la suerte (o la desgracia) de enfrentarse a clientes y situaciones totalmente surrealistas o, cuanto menos, curiosas.

Hoy os voy a contar la historia de un chico que dio por perdida su cartera en un vehículo de Cabify… Por suerte, esas “casualidades de la vida” hicieron que todo se quedara en un susto.

El chico en cuestión, a quien llamaremos Juan (por ejemplo) salió de fiesta un viernes y estaba muy cansado para volver a casa en transporte público. Pidió un vehículo Cabify y se fue a casa en el coche medio dormido.

Pero el alcohol también había hecho efecto, así que nuestro amigo Juan se bajó enseguida del vehículo y no se dio cuenta de que había perdido la cartera hasta que no subió a casa.

Juan pensó que se la había dejado en el bar, así que pidió rápidamente otro Cabify para volver al local y buscarla cuanto antes.

¡Sorpresa! El conductor que lo recogió era el mismo de antes porque no se había alejado de la zona. ¡Casualidades de la vida!

Juan se subió rápidamente al coche, se sentó de nuevo en el asiento de atrás… ¡y encontró la cartera!

Cartera perdida (y encontrada) en un coche Cabify

Al parecer no la había olvidado en el bar: se le había escurrido del bolsillo en el trayecto a casa.

Una historia con final feliz y con risas para el conductor (que me contó la historia) y para el pasajero 😀

Ya no me apetece pizza

Me hacen mucha gracia esos cambios de última hora que hacemos cuando llegamos a un restaurante y decidimos que ya no vamos a comer lo que teníamos pensado en un principio. Yo, por ejemplo, si estoy particularmente indecisa ese día, acabo escogiendo una opción y obligo a mis acompañantes a quitarme la carta (así no sigo mirando y dejo de darle vueltas al asunto).

Tengo un amigo que trabaja en un restaurante italiano en Madrid, y tiene bastante fama por la calidad de las pizzas (están hechas al estilo napolitano, como la de la foto) 😉

Ya no me apetece pizzaHace unas semanas llegó al restaurante un matrimonio de unos 50 años, y ambos miembros de la pareja estaban emocionados de estar allí. Se empeñaron en saludar al dueño del restaurante porque decían que habían llegado desde Valencia a pasar unos días en Madrid y que habían ido expresamente a comer allí porque todo el mundo les había hablado de las fantásticas pizzas.

Así que el jefe saludó un poco a regañadientes, agradeció los cumplidos y volvió a trabajar…

Para sorpresa de todos, y después de todo el “latazo” que habían dado con el tema de las pizzas, los recién llegados acabaron pidiendo pasta bolognesa.

Me imagino la cara que pusieron todos, tipo Are you f* kidding me?

 

Niños jugando con "basurilla"

Niños jugando con “basurilla”

Si hay un colectivo de personas que nunca dejará de sorprenderme, es sin duda el de los niños. Me encantan las ideas tan creativas que tienen y la ilusión y la inocencia que transmiten con todo lo que hacen y dicen.

Esta anécdota se la debo a una buena amiga que es maestra de Educación Infantil y está trabajando en un colegio (¡ella también está encantada con la creatividad de los niños!).

La semana pasada, mientras vigilaba el patio en el horario de recreo, un niño se acercó a decirle que había “una basurilla” en el suelo. Entonces mi amiga, como es lógico, lo acompañó mientras le explicaba que si había una basurilla, que había que recogerla y tirarla a la papelera.

Niños jugando con "basurilla"

El niño se quedó muy sorprendido (casi en shock) y pidió a mi amiga que lo siguiera. Recogió del suelo el objeto y se lo enseñó diciendo: “¿Veees? Esto es la basurilla”. Era un muñequito de juguete con forma de cubo de basura, y el niño quería dárselo a “la profe” para buscar al dueño del juguete perdido.

¡Mi amiga tuvo que hacer muchos esfuerzos para no reírse a carcajadas!

Gracias a M. por esta bonita y graciosa historia.

Una nueva etapa en el blog

Una nueva etapa en el blog

'CCTV Camera', fotografía de Ian Britton

‘CCTV Camera’, fotografía de Ian Britton

¡Hola de nuevo!

Qué raro se me hace empezar de cero; o, mejor dicho, continuar por otro camino una aventura que empezó el 11 de mayo de 2010.

Mi vida en cámara oculta nació como un blog integrado en Gaceta Joven, pero después de todo este tiempo, y por motivos ajenos a mi voluntad, tiene que abrirse paso lejos del mencionado portal. Como se puede apreciar, este nuevo diseño tiene poco que ver con el original, porque me apetecía darle un nuevo aire al proyecto.

Tardaré un tiempo en transferir todo el contenido de un sitio a otro. De momento (este post está publicado el 21 de febrero de 2012), el contenido sigue disponible en la dirección anterior. Dentro de poco, los posts se borrarán de ahí y aparecerán aquí, con las mismas fechas y la misma información.

Tengo muchas ganas de empezar esta nueva etapa en mi loco diario de aventuras absurdas y anécdotas divertidas. Espero poder actualizarlo, como siempre, dos veces a la semana.

¡Gracias por estar aquí!

Espíritu Santo

Una cena con el Espíritu Santo

No es que vaya a hablaros de temas religiosos, pero no podía evitar utilizar ese título para el post. En parte no estoy mintiendo con lo del Espíritu Santo, así que estad atentos, porque he cenado con @espiritusanto.

Tener un apellido así de interesante da mucho uego, y el susodicho conocido me dio su permiso para escribir en el blog sobre algunas de las anécdotas que le han ocurrido por ello.

En mi opinión, la más divertida se refiere a la oportunidad que tuvo de tomar copas gratis en un local de Madrid. Así fueron las cosas:

El del nombre omnipotente estaba tomando algo con unos compañeros en un bar de la calle Espíritu Santo en Madrid (sí, sí, la calle existe). Entonces uno de sus acompañantes preguntó a la camarera:

-Si el Espíritu Santo está aquí, ¿las copas son gratis?

-¡Por supuesto!

Os podéis imaginar lo que siguió: la camarera tuvo que comprobar que, efectivamente, en el DNI de esta persona aparecía el apellido “Espiritusanto”.

¡Y todos tuvieron copas gratis! Hay que ver lo que puede hacer tener un apellido tan curioso…