Una perrita que se enfada sola – Mi vida en cámara oculta

Una perrita que se enfada sola

Hace varios meses que visito con frecuencia el piso de una chica que tiene una perrita pequeña. A la reina de la casa le encanta jugar con cualquier cosa que encuentre, aunque no siempre le sale bien la aventura.

De hecho, a la pobre perrita le da por gruñir cuando le intentas quitar un juguete o cuando algo no sale como esperaba.

La parte más graciosa es que le encanta jugar con una alfombra pequeña que hay en esa casa. se sube encima, salta de un extremo a otro, le ladra y se revuelca por encima.

Pero la semana pasada la aventura de la alfombra llegó más lejos que en otras ocasiones. Digamos que la perrita empezó a saltar de un lado a otro intentando “cazar” los extremos de la alfombra.

Una perrita que se enfada sola – Mi vida en cámara oculta

Y claro, ¿qué ocurre en estos casos al ser una alfombra pequeña? Pues que se deslizaba en todas direcciones. Una consecuencia lógica que a la perrita no le gustó nada.

La escena era muy cómica y la chica y yo no podíamos parar de reír. La perrita, cada vez que se movía la alfombra, se enfadaba y le gruñía o le ladraba, sin darse cuenta en ningún momento de que la única culpable del problema era ella misma.

No os podéis imaginar lo mucho que nos reíamos, y quisimos hacer un vídeo pero no nos dio tiempo. La perrita se hartó enseguida de la alfombrilla deslizante y se marchó indignada a otro punto de la casa, donde los juguetes no le llevaran la contraria 😛

¿Has vivido alguna vez una situación parecida? Me encantaría leer las anécdotas de tus perros que se enfadan sin entender lo que pasa. ¡Cuéntamelo en los comentarios!

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puerta mi vida en cámara oculta

¡Perdón, me confundí de puerta!

Hoy tengo que compartir una anécdota muy tonta que protagonicé por ir demasiado despistada. En mi defensa diré que era viernes por la tarde, a última hora, después de una larga semana de trabajo… Y con el cansancio y mi despiste me confundí de puerta en una urbanización.

Os pongo en situación: había acudido a casa de una conocida en un barrio bastante alejado de mi casa. Es una zona con urbanizaciones grandes, de esas en las que un mismo número de la calle está compuesto por varios edificios…

La urbanización era un auténtico laberinto, nunca había estado allí antes,  y tuve que dar varias vueltas hasta encontrar el edificio y la escalera correspondientes.

puerta mi vida en cámara oculta

El caso es que era viernes por la tarde, como ya he dicho, y a última hora. Estaba agotada después de una semana muy completa de trabajo y salí bastante tarde de casa de mi amiga.

Cuando salí del portal de su edificio, me acerqué a la puerta de la urbanización, porque recordaba hacia qué calle estaba orientada. Pero en ese lateral no conseguía encontrar la salida: solo veía las vallas altas de metal y no distinguía ninguna zona distinta donde pudiera haber una puerta.

Por fin, a la izquierda del todo, encontré una puerta, y estaba segura de haber entrado por ahí al llegar.

¡Error!

La puerta era de cristal oscuro y no podía ver claramente lo que había al otro lado, pero estaba convencida de que era la salida de la urbanización. Además, estaba pendiente del teléfono porque iba hablando con una amiga por WhatsApp…

Abrí la puerta, tirando de ella con gran decisión, y me di un susto de muerte. Me había confundido de puerta y esa no era la de salida, sino la de la conserjería. Ahí estaba el conserje, sentado y mirándome con cara de sorpresa y diversión por mi error.

Casi me muero de la vergüenza, sobre todo porque desde dentro se veía perfectamente lo de fuera. El hombre me había visto llegar distraída con el teléfono y totalmente convencida al abrir la puerta.

Le pedí disculpas varias veces, sin poder evitar la risa nerviosa, y me fui de allí a toda velocidad (por la puerta real del edificio).

Creo que el conserje aún se está riendo de mí… ¡Tierra, trágame!

Con la música a tope en el Metro

Con la música “a tope” en el Metro

Con la música a tope en el Metro

Los auriculares pueden ser traicioneros…

Hoy os cuento una anécdota de esas que os harán sentir vergüenza ajena… Estoy casi segura de ello, porque no os podéis ni imaginar la vergüenza propia que sentí yo cuando me enfrenté a ella.

Acababa de comprarme unos auriculares nuevos para escuchar música en el móvil mientras camino por la calle o mientras voy de un sitio a otro en metro o en autobús… Los traslados por la ciudad se me hacen muy largos si no tengo música que me acompañe en los oídos.

El problema es que todavía no me había acostumbrado a la nueva configuración, ya que con los auriculares nuevos no basta con conectarlos: tengo que presionar un botón para “encenderlos” y permitir que la transmisión de sonido funcione correctamente.

Cuando quiero escuchar la radio, no hay mucho riesgo de olvido, ya que si no presiono el botón, el teléfono no reconoce los auriculares como antena y la aplicación de la radio se cierra automáticamente. Sin embargo, cuando quiero escuchar música desde una de mis aplicaciones para los archivos MP3, a veces se me olvida presionar el botón porque la aplicación no me avisa.

Y pensaréis que no hay problema, ya que si no activo los auriculares, no escucho la música, y obviamente me doy cuenta. ¡Pero no es así! si fuera tan simple, no tendría una anécdota tan vergonzosa que contaros.

Resulta que cuando solo se conectan los auriculares pero no se aprieta el botón de activación, la música suena por los auriculares, ¡pero también por el altavoz! Y tardé un día en descubrirlo. En ese periodo de tiempo, realicé un viaje entero de metro con la música a todo volumen sonando por los altavoces y también en mis auriculares, así que no me di cuenta de nada. La gente me miraba con ojos extrañados pero yo no tenía ni idea de lo que pasaba…

Me faltó poco para morir de la vergüenza cuando lo descubrí. No sabía si reír o llorar… ¡Tierra, trágame!