Una tortuga que viaja con chófer – Mi vida en cámara oculta

Una tortuga que viaja con chófer

Todos tenemos mucho cariño a las mascotas, pero seguro que pocos hemos mandado a nuestros animales de compañía a recorrer la ciudad en un coche privado con chófer… Y yo conozco la historia de una tortuga que viajó en el asiento del copiloto con todos los lujos y las comodidades posibles.

La historia es parte de un gran repertorio que consigues cuando conoces a gente trabajando en el sector del taxi, en plataformas con Cabify o en otras empresas de conducción con chófer privado.

Este amigo salió un día a trabajar con normalidad y recibió el encargo de recoger una tortuga para llevarla de un punto a otro de la ciudad. En total el trayecto era de aproximadamente 20 minutos, pero se hicieron eternos…

Una tortuga que viaja con chófer – Mi vida en cámara oculta

El animal, al parecer, había pasado varios días en casa de la hermana de la dueña. Y la dueña estaba ansiosa por recuperar a su tortuga, así que había encargado el servicio de chófer para que le llegara lo antes posible (y en buenas condiciones).

Parece que a esta mujer los 20 minutos le parecían una espera insoportable, porque llamó un total de tres veces por teléfono al chófer para preguntar por dónde iba y –atención– por cómo estaba la tortuga.

Le preguntó varias veces si la tortuga estaba bien, si estaba tranquila…

Mi pobre amigo no sabía ya qué más responder. Tenía que estar atento al volante y lo único que veía en el asiento del copiloto es que la tortuga estaba ahí quietecita, sin moverse, y sin ninguna señal de que algo fuera mal. ¿Qué más necesitaba saber la dueña en un trayecto de 20 minutos?

¡Si no lo leo, no lo creo!

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Todo lo que pasa cuando intentas grabar un timelapse – Mi vida en cámara oculta

Todo lo que pasa cuando intentas grabar un timelapse

Si alguna vez has intentado grabar un timelapse en un lugar muy concurrido (por ejemplo, una playa o una gran plaza en la ciudad) te habrás dado cuenta de que es bastante difícil.

Y no me refiero solo a las cuestiones técnicas, sino a la gente con la que hay que lidiar en esos sitios públicos. ¿Tan complicado es respetar que hay una cámara “plantada” grabando algo?

Después de varias experiencias “estresantes” con este tema, voy a repasar todas esas cosas que pueden ocurrir cuando intentas grabar un timelapse.

Por ejemplo: que todo el mundo, viendo la cámara, decida pasar por delante y no por detrás en su desplazamiento. ¿De verdad no has visto el trípode ahí montado? 😂

También puede ocurrir que los niños pequeños, en su ilusión por descubrir mundo (¡pobrecillos!) se abalancen sobre las patas del trípode sin que te dé tiempo a reaccionar. Eso sí: a ellos hay que perdonarlos, que son adorables y solo quieren divertirse.

Lo malo de esas carreras de los más peques es que cualquier toquecillo en el trípode, aunque no tire la cámara, provoca una vibración que tiene repercusiones en la estabilidad final del timelapse. Y eso da una rabia impresionante 😕

Todo lo que pasa cuando intentas grabar un timelapse – Mi vida en cámara oculta

Para que un timelapse salga bien, la cámara tiene que estar fija y sin tambalearse durante un laaaaargo periodo de tiempo

Por último, está la gente que “se planta” delante de la cámara, a mirar el paisaje, o incluso a saludar a la cámara. Muchos no lo hacen con mala intención, pero a los que saludan no sé lo que les haría. Gracias, acabas de fastidiar unos segundos de mi timelapse :p

Por cierto: si además estás intentando hacer el timelapse con una cámara de gran ángulo, te aseguro que tendrás que lidiar con un montón de personas que se ponen “a un lado” porque piensan que en esa posición no salen en la imagen. Y explicarles que en ese lateral también te están fastidiando el timelapse va a ser muy difícil…

En más de una ocasión me he enfrentado a todos estos obstáculos. Y tú, ¿has hecho un timelapse alguna vez? ¿Cómo ha ido la experiencia? Cuéntame en los comentarios 😀

La barra de ducha rebelde – Mi vida en cámara oculta

La barra de ducha rebelde

No sé si tenéis en casa una de esas barras de ducha con ventosa, con largo ajustable y que se pueden colocar fácilmente a la altura que más os convenga. Yo sí tengo una, pero ha sido motivo de cachondeo durante meses.

Todo empezó cuando me mudé a mi nuevo piso, y compré unas cortinas de ducha “estándar” que parecían demasiado largas para la altura de la barra.

Por suerte, una amiga mía se dio cuenta de que era una barra flexible con ventosas y la movió rápidamente un poco más arriba. En pocos minutos conseguimos que las cortinas quedaran a la altura perfecta sin necesidad de cortarlas ni arreglarlas.

Pero unos días después intentamos mover la barra un poquito más para ajustarla mejor… y ocurrió el desastre. Parece que las ventosas estaban ya bastante desgastadas, y no conseguíamos volver a engancharlas en las baldosas.

Cuando por fin lo logramos, comenzó una larga etapa de caídas inesperadas. A lo mejor te estabas duchando (o movías la cortina para entrar a la ducha) y se desplomaba la barra, tirando la cortina y todas las anillas.

Hubo que hacer un apaño con un plástico en una de las ventosas para mejorar el agarre, pero aun así ocasionalmente se caía la cortina.

Decidimos probar con anillas más ligeras, ya que las que estaban colgadas eran metálicas… ¡y por fin encontramos la solución!

Después de unas semanas de caos e “inestabilidad”, la barra de ducha y las cortinas se quedaron en su su sitio durante más de cuatro meses.

La barra de ducha rebelde – Mi vida en cámara oculta

Pero cuando empezábamos a asumir esa normalidad, un día volvió a caerse la barra, y tuvimos que asumir que ya no había nada que hacer.

No os podéis imaginar las risas cuando vimos otra vez todo en el suelo… Nos entraron ganas de colgar un cartel como los de “6 días sin accidentes laborales” pero que pusiera “Días sin caída de la barra de la ducha: 0”.

El caso es que al final nos hartamos de tanto ajuste y de tanta caída, y salimos a comprar una nueva barra de ducha. Una también flexible, ajustable y con ventosas, pero que está nueva y agarra en condiciones.

De momento no se ha caído…

De momento 😉

Micro-infarto por el salto de una pitbull – Mi vida en cámara oculta

Micro-infarto por el salto de una pitbull

Hoy toca hablar de animales (concretamente, de perros). Porque hay una pitbull que casi le provoca un infarto a un amigo cuando fue a recoger a unos clientes en su vehículo Cabify.

La joven había encargado un coche para desplazarse al aeropuerto y salir de viaje este verano. Pero cuando mi amigo llegó a su casa, todavía quedaban algunos preparativos de última hora por hacer.

Mi amigo ayudó a llevar las maletas del portal al maletero para acelerar el proceso, pero no se esperaba el “ataque” de la pitbull.

Cuando abrió el maletero y empezó a guardar el equipaje, no le dio tiempo a reaccionar. Vio de reojo un animal que saltaba con toda su energía, directo hacia él, y apenas pudo reconocer qué tipo de animal le estaba atacando.

Pero ya sabemos que los perros son adorables, y la protagonista de la historia no estaba intentando atacar a nadie. Lo que hizo fue saltar directamente por encima de mi amigo y “aterrizar” en el maletero, donde se tumbó poniendo carita de pena.

No sabemos qué cara se le quedó a la pitbull, pero seguro que era parecida a la que vemos en esta foto 😀

Después del “micro-infarto” inicial, llegaron las risas. Los dueños explicaron a mi amigo que su perrita estaba triste porque sabía que se iban y quería que la llevaran con ellos. ¡Por eso se había metido directa al maletero!

Al final, con un poco de esfuerzo, pudieron sacarla de allí para llevarla de nuevo al interior de la casa, donde los otros familiares la iban a cuidar durante las vacaciones. Aunque seguro que la pobre lo pasó mal echando de menos a sus dueños durante tantos días…

No corras persiguiendo al autobús – Mi vida en cámara oculta

No corras persiguiendo al autobús

Correr a toda velocidad detrás de un autobús que estás a punto de perder puede no ser tan buena idea. En realidad hay muchas probabilidades de que la misión salga mal: a lo mejor no llegas a tiempo a la parada para subirte, o sí llegas pero el conductor se niega a abrirte la puerta, o lo alcanzas en el último segundo y no te ve porque arranca sin mirar el retrovisor.

Hoy te presento una nueva opción, todavía más desagradable si tienes prisa. Porque yo aquel día iba con el tiempo muy justo para unas gestiones y no lo pensé ni un segundo: eché a correr a toda velocidad para no perder el autobús.

Ahora llega la parte graciosa/ridícula: yo perseguía un autobús de una línea que tiene muchas paradas en común con otra, y estaba convencida de que, nada más girar la esquina, la primera parada era común para esas dos líneas.

¡Sorpresa sorpresa! Llegué con la lengua fuera y el corazón palpitando a tres mil por minuto. Y llegué justo a tiempo para que el autobús pasara por delante de mí mientras el conductor me señalaba el cartel de la parada y sacudía la cabeza.

autobús mi vida en cámara oculta

Me quedé a cuadros. Miré rápidamente el cartel… Efectivamente: esa parada solo correspondía a la otra línea. La de mi autobús estaba algo más adelante, y por más que corrí ya fue imposible llegar a tiempo.

¿Qué conclusión saco? Pues que la misión de cazar el autobús, con las prisas, fue un desastre. Y también aprendí una lección: asegúrate de que esa parada forma parte del recorrido de tu línea :-/

De Madrid a Valencia por error

De Madrid a Valencia por error

¿Alguna vez has tenido que moverte en una ciudad que no es la tuya, con miedo a confundirte de tren o de autobús y de terminar a kilómetros de distancia? Incluso es probable que te haya pasado alguna vez, como la aventura que tuve yo con el metro de Nueva York

Pero lo que realmente asusta es coger un tren equivocado que te deje en la otra punta del país. Suena descabellado o incluso surrealista, pero una serie de circunstancias hicieron que una amiga mía terminara a cientos de kilómetros de casa en un día normal y corriente, al salir del trabajo.

Se trata de una chica que vive en uno de los pueblos de la sierra de Madrid, y cada día toma el tren de Cercanías para trasladarse a la capital. Repito: es una tarea cotidiana, que repite a diario, siempre en la misma estación.

Sin embargo, por alguna extraña circunstancia, un día le salieron mal todos los planes. Se confundió de andén y se subió sin pensarlo en un tren de larga distancia, donde nadie le pidió el billete para acceder. Atención, porque este detalle es bastante llamativo teniendo en cuenta lo que vendría después…

Cuando tienes prisa (y nadie te pide billete), puedes subirte a un tren equivocado…

El resultado increíble es que la chica acabó en un tren de larga distancia con destino Valencia y sin paradas. Ningún empleado de Renfe le había pedido el billete, y cuando se dio cuenta del error ya era demasiado tarde.

El tren arrancó y la pobre chica no tuvo más remedio que asumir la situación. Intentó hablar con los empleados en el tren, pero no pudieron ofrecerle ninguna solución. La pobre tuvo que viajar todo el trayecto hasta Valencia, desesperada y preguntándose todo el rato cómo había llegado a ocurrir todo eso.

Los trabajadores de Renfe la vieron tan desesperada que le ofrecieron volver de Valencia a Madrid en el siguiente tren, totalmente gratis…

¡Si no lo leo, no lo creo!

Viajes de pesadilla: de Zagreb a Sarajevo en autobús

Viajes de pesadilla: de Zagreb a Sarajevo en autobús

Este verano me lancé a una aventura inolvidable con tres grandes amigas: nos animamos a hacer un viaje por las capitales de los Balcanes en autobús y tren, saltando de una ciudad a otra en transporte público.

Hay que mencionar, de entrada, que los servicios por lo general son bastante pobres y funcionan mal, pero nada nos había preparado para el que fue nuestro primero contacto con las agencias de autobuses en los Balcanes.

Por si fuera poco, era el primer trayecto que teníamos que hacer allí, entre Zagreb y Sarajevo, y resultó ser el peor con diferencia de todo el viaje. Eso sí: el resto de problemas y situaciones surrealistas de las vacaciones nos parecieron un chiste en comparación con la pesadilla de ese trayecto.

Nuestro viaje comenzó con un vuelo Madrid – Zagreb (Croacia), y después seguimos nuestra ruta en un autobús nocturno hasta Sarajevo. Y aquí es donde empiezo a contar todas las penas…

El autobús era más pequeño de lo habitual, bastante viejo, y sin apenas espacio en el maletero. Los muy “simpáticos” habían vendido más billetes que el número de plazas disponibles, así que el acceso al autobús se convirtió en una auténtica guerra por ver quién subía primero y quién metía primero las maletas.

Viajes de pesadilla: de Zagreb a Sarajevo en autobús

Nosotras, al ser un grupo de cuatro, decidimos dividir los esfuerzos: dos de mis amigas subieron a los asientos con sus macutos, porque no había espacio libre en el maletero, y se encargaron de vigilar otros dos asientos para mi otra amiga y para mí.

Mientras uno de los conductores hacía revisión dentro del autobús, gritando sin parar en bosnio o en croata (no hablaba una palabra de inglés), el otro conductor se dedicaba a ignorarnos abajo, sin importar que le mostráramos los billetes o que intentáramos por todos los modos posibles que nos dejaran meter nuestro equipaje.

Así que dos sufrían dentro, recibiendo broncas e intentando explicarse con alguien que no quería entenderlas, mientras otras dos sufríamos fuera, pensando que nos íbamos a quedar en tierra.

Al final, sin saber cómo, nuestros dos macutos entraron (de chiripa) en el maletero a reventar, y pudimos subir a los dos asientos que nos habían guardado nuestras amigas. Hubo otras personas que se quedaron en tierra, y tuvieron que reclamar por el overbooking.

Nosotras respiramos tranquilas en los asientos, pero la pesadilla no había hecho más que empezar. Los conductores encendieron el aire acondicionado a una temperatura muy muy muy baja. Nos pusimos todas las capas que pudimos pero aun así era muy difícil no tiritar. Por si fuera poco, el aire también salía de los laterales, junto a las ventanas, y ni las cortinas nos salvaban del frío.

Recordemos, por cierto, que teníamos dos macutos en medio del pasillo porque no habían entrado en el maletero…

¡Ah! Los conductores también decidieron que no iban a dejarnos dormir en toda la noche, porque se pasaron el viaje entero escuchando música A TODO VOLUMEN, y cada dos por tres encendían todas las luces del autobús sin ningún motivo.

Podría contar otras muchas cosas de ese viaje insufrible, pero casi es mejor olvidarlo… ¡Vaya pesadilla!