De Madrid a Valencia por error

De Madrid a Valencia por error

¿Alguna vez has tenido que moverte en una ciudad que no es la tuya, con miedo a confundirte de tren o de autobús y de terminar a kilómetros de distancia? Incluso es probable que te haya pasado alguna vez, como la aventura que tuve yo con el metro de Nueva York

Pero lo que realmente asusta es coger un tren equivocado que te deje en la otra punta del país. Suena descabellado o incluso surrealista, pero una serie de circunstancias hicieron que una amiga mía terminara a cientos de kilómetros de casa en un día normal y corriente, al salir del trabajo.

Se trata de una chica que vive en uno de los pueblos de la sierra de Madrid, y cada día toma el tren de Cercanías para trasladarse a la capital. Repito: es una tarea cotidiana, que repite a diario, siempre en la misma estación.

Sin embargo, por alguna extraña circunstancia, un día le salieron mal todos los planes. Se confundió de andén y se subió sin pensarlo en un tren de larga distancia, donde nadie le pidió el billete para acceder. Atención, porque este detalle es bastante llamativo teniendo en cuenta lo que vendría después…

Cuando tienes prisa (y nadie te pide billete), puedes subirte a un tren equivocado…

El resultado increíble es que la chica acabó en un tren de larga distancia con destino Valencia y sin paradas. Ningún empleado de Renfe le había pedido el billete, y cuando se dio cuenta del error ya era demasiado tarde.

El tren arrancó y la pobre chica no tuvo más remedio que asumir la situación. Intentó hablar con los empleados en el tren, pero no pudieron ofrecerle ninguna solución. La pobre tuvo que viajar todo el trayecto hasta Valencia, desesperada y preguntándose todo el rato cómo había llegado a ocurrir todo eso.

Los trabajadores de Renfe la vieron tan desesperada que le ofrecieron volver de Valencia a Madrid en el siguiente tren, totalmente gratis…

¡Si no lo leo, no lo creo!

Anuncios
Viajes de pesadilla: de Zagreb a Sarajevo en autobús

Viajes de pesadilla: de Zagreb a Sarajevo en autobús

Este verano me lancé a una aventura inolvidable con tres grandes amigas: nos animamos a hacer un viaje por las capitales de los Balcanes en autobús y tren, saltando de una ciudad a otra en transporte público.

Hay que mencionar, de entrada, que los servicios por lo general son bastante pobres y funcionan mal, pero nada nos había preparado para el que fue nuestro primero contacto con las agencias de autobuses en los Balcanes.

Por si fuera poco, era el primer trayecto que teníamos que hacer allí, entre Zagreb y Sarajevo, y resultó ser el peor con diferencia de todo el viaje. Eso sí: el resto de problemas y situaciones surrealistas de las vacaciones nos parecieron un chiste en comparación con la pesadilla de ese trayecto.

Nuestro viaje comenzó con un vuelo Madrid – Zagreb (Croacia), y después seguimos nuestra ruta en un autobús nocturno hasta Sarajevo. Y aquí es donde empiezo a contar todas las penas…

El autobús era más pequeño de lo habitual, bastante viejo, y sin apenas espacio en el maletero. Los muy “simpáticos” habían vendido más billetes que el número de plazas disponibles, así que el acceso al autobús se convirtió en una auténtica guerra por ver quién subía primero y quién metía primero las maletas.

Viajes de pesadilla: de Zagreb a Sarajevo en autobús

Nosotras, al ser un grupo de cuatro, decidimos dividir los esfuerzos: dos de mis amigas subieron a los asientos con sus macutos, porque no había espacio libre en el maletero, y se encargaron de vigilar otros dos asientos para mi otra amiga y para mí.

Mientras uno de los conductores hacía revisión dentro del autobús, gritando sin parar en bosnio o en croata (no hablaba una palabra de inglés), el otro conductor se dedicaba a ignorarnos abajo, sin importar que le mostráramos los billetes o que intentáramos por todos los modos posibles que nos dejaran meter nuestro equipaje.

Así que dos sufrían dentro, recibiendo broncas e intentando explicarse con alguien que no quería entenderlas, mientras otras dos sufríamos fuera, pensando que nos íbamos a quedar en tierra.

Al final, sin saber cómo, nuestros dos macutos entraron (de chiripa) en el maletero a reventar, y pudimos subir a los dos asientos que nos habían guardado nuestras amigas. Hubo otras personas que se quedaron en tierra, y tuvieron que reclamar por el overbooking.

Nosotras respiramos tranquilas en los asientos, pero la pesadilla no había hecho más que empezar. Los conductores encendieron el aire acondicionado a una temperatura muy muy muy baja. Nos pusimos todas las capas que pudimos pero aun así era muy difícil no tiritar. Por si fuera poco, el aire también salía de los laterales, junto a las ventanas, y ni las cortinas nos salvaban del frío.

Recordemos, por cierto, que teníamos dos macutos en medio del pasillo porque no habían entrado en el maletero…

¡Ah! Los conductores también decidieron que no iban a dejarnos dormir en toda la noche, porque se pasaron el viaje entero escuchando música A TODO VOLUMEN, y cada dos por tres encendían todas las luces del autobús sin ningún motivo.

Podría contar otras muchas cosas de ese viaje insufrible, pero casi es mejor olvidarlo… ¡Vaya pesadilla!

Kilómetros de carretera para recuperar el DNI – Mi vida en cámara oculta

Kilómetros de carretera para recuperar el DNI

Esta es la historia de un hotel que hizo perder mucho tiempo (y mucha gasolina) a los familiares de una amiga mía.

El verano pasado emprendieron un viaje en coche desde España hasta Portugal, con varias paradas para conocer diferentes ciudades. Pero en la primera parada intermedia se enfrentaron a un problema técnico que les hizo perder mucho tiempo y muchas energías.

Al hacer el registro en la habitación, la madre de mi amiga entregó su DNI para los datos personales. Mientras hacían turismo, los responsables de recepción se encargarían (supuestamente) de completar el registro y le devolverían el DNI después.

 

Kilómetros de carretera para recuperar el DNI – Mi vida en cámara oculta

Dejar abandonado el DNI por error y que sea muy difícil recuperarlo puede ser una pesadilla en medio de un viaje…

Y aquí viene el problema: en recepción se olvidaron de que tenían ese DNI pendiente, y la familia de mi amiga tampoco lo recordó.

Por la mañana salieron de viaje hacia el siguiente destino, y cuando ya estaban llegando se dieron cuenta del olvido.

Lo primero que hicieron fue llamar al hotel, pero los empleados no tenían muchas ganas de ayudar y repetían constantemente que ellos no tenían ningún DNI allí.

Al final no les ofrecieron ninguna solución y lo único que pudieron hacer fue dar media vuelta y regresar. Eran casi 200 kilómetros de camino, pero no había otra opción.

Por suerte, después de mucho insistir, consiguieron recuperar el DNI perdido y retomar el viaje… Con una anécdota más que no olvidarán fácilmente.

Gracias a L. por esta historia.

Un mono de peluche perdido en una maleta

Un mono de peluche perdido en una maleta

Hace poco he publicado otra anécdota relacionada con un peluche. Por suerte, conseguí rescatar a ese Charmander y ahora forma parte de mi colección… Pero no todas mis compras por Internet han tenido el mismo éxito.

Hoy os quiero contar la historia de “Bolita intermedio”, un mono de peluche de la colección Beanie Ballz de Ty.

Hace aproximadamente dos años, me enamoré de un monito de peluche de esa colección y conseguí encontrarlo por Internet. Pasó a ser uno de mis indiscutibles favoritos y lo llamé “Bolita”.

Casi medio año más tarde, en un viaje por Eslovaquia, encontré a su hermano mayor, la versión más grande de todas, en una juguetería de Bratislava. No me pude resistir y lo compré también. No fui muy original con el nombre: se llama Súper Bolita.

Un mono de peluche perdido en una maleta

Súper Bolita y Bolita, posando para la foto mientras esperan a su hermano.

Desde hace un tiempo, mi novio me insistía para que buscáramos a la versión intermedia, porque es el único que nos falta de esa familia de monitos. Y aquí es cuando viene lo divertido…

Buscando por Internet encontramos a nuestro “Bolita intermedio” y lo encargamos a un vendedor de Estados Unidos. Encargué a una persona de mi familia que lo recibiera en su domicilio allí en Estados Unidos, para luego traerlo a España cuando viniera de vacaciones.

El caso es que otros miembros de mi familia fueron a visitarla en Semana Santa, y aprovecharon para meter el peluche en la maleta. La idea era traerlo de vuelta a España y dármelo en ese periodo.

Y aquí llega la mala noticia: ¡la aerolínea perdió la maleta! Después de tres semanas de espera y de búsqueda sin éxito, la compañía la ha dado definitivamente por perdida.

No sabemos dónde están todos los objetos que llevaba esa persona, y por supuesto “Bolita intermedio” también está desaparecido, en algún lugar del mundo… 😦

Rescatando a Charmander de la tormenta

Rescatando a Charmander de la tormenta

En este fin de semana de lluvia torrencial en Madrid, me estoy acordando de una anécdota muy divertida y surrealista que viví hace unas semanas en Valencia. Me había marchado unos días a esa ciudad por temas de trabajo y aproveché para ver a una amiga que vive allí.

El caso es que no pude contenerme y entré varias veces en Wallapop para ver si encontraba peluches interesantes que ampliaran mi colección.

¡Sorpresa! Encontré un anuncio de un Charmander de peluche precioso, y me entraron muchas ganas de adoptarlo. Contacté con el dueño a través del anuncio y acordamos quedar por su zona en una de las tardes que iba a pasar allí.

Esa tarde fui con mi amiga a visitar a unas conocidas suyas y pasamos las horas con juegos de mesa. Cuando se hizo la hora de ir a recoger a Charmander, me di cuenta de que el cielo estaba negro y que amenazaba tormenta.

Según los cálculos de Google, para llegar al punto de encuentro tenía que recorrer unos 20 minutos a pie (y otros 20 de vuelta), y yo temía que no me diera tiempo a llegar antes del chaparrón.

Mi amiga me prestó su paraguas y salí a toda velocidad de allí, corriendo gran parte del tiempo, hasta que llegué a la zona donde vivía el chico del anuncio.

En cuanto recogí a Charmander, empezó a llover. Y no era una lluvia normal, sino un diluvio en toda regla. Me faltaba caminar otros 20 minutos para volver a casa de mis amigas, y tenía que luchar por mantener el paraguas abierto con tanto viento. Ah, y todo eso manteniendo a Charmander bien pegado a mi cuerpo debajo del paraguas para que no se mojara.

Debía de ofrecer un espectáculo bastante surrealista porque los pocos que iban por la calle me miraban sorprendidos.

Aquí tenéis el perfil de mi querido peluche de Charmander. Sobrevivió a la tormenta sin mojarse y ahora vive conmigo 😀

Después de empaparme los pies y de correr como pude, conseguí llegar a mi destino con Charmander a salvo. Y luego nos quedaba aún el desplazamiento desde la casa de esta conocida hasta la de mi amiga. Otros 20 minutos de caminata bajo la lluvia torrencial, y el pobre Charmander bajo el paraguas.

Fue una aventura bastante curiosa… (¡lo que hay que hacer por un peluche!), pero mereció la pena. ¿No es adorable mi Charmander? ❤

Cartera perdida (y encontrada) en un coche Cabify

Cartera perdida (y encontrada) en un coche Cabify

En los taxis y en los coches de Uber y Cabify pueden pasar muchas cosas. Los conductores tienen la suerte (o la desgracia) de enfrentarse a clientes y situaciones totalmente surrealistas o, cuanto menos, curiosas.

Hoy os voy a contar la historia de un chico que dio por perdida su cartera en un vehículo de Cabify… Por suerte, esas “casualidades de la vida” hicieron que todo se quedara en un susto.

El chico en cuestión, a quien llamaremos Juan (por ejemplo) salió de fiesta un viernes y estaba muy cansado para volver a casa en transporte público. Pidió un vehículo Cabify y se fue a casa en el coche medio dormido.

Pero el alcohol también había hecho efecto, así que nuestro amigo Juan se bajó enseguida del vehículo y no se dio cuenta de que había perdido la cartera hasta que no subió a casa.

Juan pensó que se la había dejado en el bar, así que pidió rápidamente otro Cabify para volver al local y buscarla cuanto antes.

¡Sorpresa! El conductor que lo recogió era el mismo de antes porque no se había alejado de la zona. ¡Casualidades de la vida!

Juan se subió rápidamente al coche, se sentó de nuevo en el asiento de atrás… ¡y encontró la cartera!

Cartera perdida (y encontrada) en un coche Cabify

Al parecer no la había olvidado en el bar: se le había escurrido del bolsillo en el trayecto a casa.

Una historia con final feliz y con risas para el conductor (que me contó la historia) y para el pasajero 😀

Una mochila muy especial "nacida" en un herbolario

Una mochila muy especial “nacida” en un herbolario

Como ya os he comentado anteriormente, me encantan los peluches y los juegos en general, y no hay manera de que me pase la fiebre… Ni siquiera con el paso de los años. ¿Qué le voy a hacer?

Esta anécdota tiene relación, precisamente, con un peluche corporativo de una marca de productos de dietética y suplementos. Se trata de Motomojomo, la adorable mascota de Novadiet, que rescaté de un mercadillo solidario hace un año para incorporarlo a mi gran colección de peluches.

Desde entonces lo he llevado de excursión a muchos sitios y tiene una posición bastante privilegiada en el salón de mi casa.

Lo verdaderamente gracioso es que el otro día, saliendo de mi casa, entró en el portal un repartidor de un herbolario… ¡y llevaba puesta una mochila de Motomojomo!

Le pregunté si podía hacerle una foto, y de paso le pedí que me contara de dónde había salido la mochila. Al parecer tenían en marcha una oferta de la marca en su herbolario, así que esa misma mañana me fui a descubrir la tienda.

Me atendió la novia del chico, a la que ya le habían contado toda la historia. Sí, debieron de pensar que soy una tía un poco rara… (“Aaaah, sí, me dijo que a lo mejor venía una chica preguntando por la mochila”)

En fin, ya sabéis que soy bastante experta en situaciones y casualidades extrañas, y gracias a que me encontré a ese chico en mi portal haciendo un reparto descubrí la existencia de la mochila.

Al final me animé a comprar el producto en cuestión para la oferta (veremos si lo uso para algo), ¡solo para tener la mochila!

 Una mochila muy especial "nacida" en un herbolario

A la izquierda, mi querido peluche Motomojomo, orgulloso de su nueva mochila

Pero bueno, os aseguro que ha merecido la pena. Ahora mi querido Motomojomo tiene una mochila con su cara 😀

Aclaración: No tengo nada que ver con la marca mencionada ni estoy recibiendo ningún beneficio por este artículo.