Champú con colorante en un campamento – Mi vida en cámara oculta

Champú con colorante en un campamento

Si alguna vez has ido de campamento seguro que te has familiarizado con las bromas o juegos en los que se decidí a aun “delincuente” encargado de hacer jugarretas al resto. Yo sí lo he vivido en más de una ocasión, y durante todo el campamento seguía el juego en marcha hasta que conseguíamos atrapar a los culpables.

En una ocasión estos delincuentes resultaron ser amigas mías, pero en su momento no me tomé nada bien la broma que me hicieron. Menos mal que no tuvo efectos muy desastrosos…

En concreto, estas dos chicas, elegidas en secreto para gastar bromas pesadas, decidieron echar colorante azul en los botes de champú de varias chicas, y yo fui una de las víctimas.

Llegado el día, no me había dado cuenta de la locura porque era un bote oscuro, así que me metí en la ducha con total normalidad y empecé a lavarme el pelo. Pero cuando el champú empezó a hacer espuma casi me da un ataque: ¡la espuma era azul oscura!

Volví a fijarme en las manos, en el champú, en el bote… y  después de unos momentos de desconcierto y susto me di cuenta de lo que ocurría. Para entonces, ya caían chorros de agua coloreada por mi cuello y mis brazos, y estuve un par de días con manchas azules en las orejas que costó bastante quitar.

colorantes

Por suerte, en lo que al pelo se refiere, todas las víctimas teníamos cabello oscuro, así que apenas dejó marca el colorante. Solo tuvimos que lamentar manchas en el cuero cabelludo, justo junto a la frente. En mi caso, como tengo varios mechones más claros en la parte de delante, también adquirieron un tono un poco extraño, pero no llegaron a ser de un azul demasiado “cantoso”.

Al terminar el campamento pudimos por fi desenmascarar a las “criminales” y me quedé a cuadros al saber que eran amigas mías. Pero después del pequeño enfado inicial se me pasó rápido y recordamos la anécdota con risas años después.

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Gritos por el Chikilicuatre en Eurovisión – Mi vida en cámara oculta

Gritos por el Chikilicuatre en Eurovisión

¿Os acordáis de aquel año en que España mandó a Rodolfo Chikilicuatre a Eurovisión? Ya sé que han pasado varios años, pero hoy me siento un poco nostálgica para escribir 😉

Tengo un grupo de amigas con las que suelo reunirme la noche de la final de Eurovisión para ver la gala en directo y hacer nuestras propias votaciones de las canciones. Y he de reconocer que éramos bastante “fans” del Chikilicuatre porque nos gustaba la idea de llevar algo diferente y muy muy friki.

Sé que para muchos su número no pasaba de ser una horterada, pero hay que reconocer que la originalidad hortera dejó a España bastante bien parada en comparación con otros años.

El caso es que después de las actuaciones llegaron las esperadas votaciones de cada país, y mis amigas y yo celebrábamos por todo lo alto cada vez que España recibía puntos de otros participantes.

Sin embargo, llegó un momento en que una vecina nos llamó la atención por armar escándalo, y nos dimos cuenta de que ya era mucho más tarde de que se había hecho tardísimo. Así que había que encontrar una solución para celebrar y no molestar…

Al final decidimos optar por los “gritos silenciosos”. Abríamos la boca, agitábamos los brazos y gritábamos en silencio con cada pequeña victoria del Chikilicuatre 😀

Reconozco que fue una noche bastante loca y ridícula, pero lo pasamos fenomenal y al final pudimos disfrutar de la noche de Eurovisión a nuestro aire y respetando también el silencio y la tranquilidad de los vecinos.

Eso sí: durante todo el tiempo previo debieron de pensar que tenían unas vecinas muy muy frikis (o muy locas) que se sabían de memoria la canción del Chikilicuatre y que se alegraban cada vez que esa horteraba conseguía puntos.

Qué se le a a hacer… La noche me confunde 😉

Una tortuga que viaja con chófer – Mi vida en cámara oculta

Una tortuga que viaja con chófer

Todos tenemos mucho cariño a las mascotas, pero seguro que pocos hemos mandado a nuestros animales de compañía a recorrer la ciudad en un coche privado con chófer… Y yo conozco la historia de una tortuga que viajó en el asiento del copiloto con todos los lujos y las comodidades posibles.

La historia es parte de un gran repertorio que consigues cuando conoces a gente trabajando en el sector del taxi, en plataformas con Cabify o en otras empresas de conducción con chófer privado.

Este amigo salió un día a trabajar con normalidad y recibió el encargo de recoger una tortuga para llevarla de un punto a otro de la ciudad. En total el trayecto era de aproximadamente 20 minutos, pero se hicieron eternos…

Una tortuga que viaja con chófer – Mi vida en cámara oculta

El animal, al parecer, había pasado varios días en casa de la hermana de la dueña. Y la dueña estaba ansiosa por recuperar a su tortuga, así que había encargado el servicio de chófer para que le llegara lo antes posible (y en buenas condiciones).

Parece que a esta mujer los 20 minutos le parecían una espera insoportable, porque llamó un total de tres veces por teléfono al chófer para preguntar por dónde iba y –atención– por cómo estaba la tortuga.

Le preguntó varias veces si la tortuga estaba bien, si estaba tranquila…

Mi pobre amigo no sabía ya qué más responder. Tenía que estar atento al volante y lo único que veía en el asiento del copiloto es que la tortuga estaba ahí quietecita, sin moverse, y sin ninguna señal de que algo fuera mal. ¿Qué más necesitaba saber la dueña en un trayecto de 20 minutos?

¡Si no lo leo, no lo creo!

Todo lo que pasa cuando intentas grabar un timelapse – Mi vida en cámara oculta

Todo lo que pasa cuando intentas grabar un timelapse

Si alguna vez has intentado grabar un timelapse en un lugar muy concurrido (por ejemplo, una playa o una gran plaza en la ciudad) te habrás dado cuenta de que es bastante difícil.

Y no me refiero solo a las cuestiones técnicas, sino a la gente con la que hay que lidiar en esos sitios públicos. ¿Tan complicado es respetar que hay una cámara “plantada” grabando algo?

Después de varias experiencias “estresantes” con este tema, voy a repasar todas esas cosas que pueden ocurrir cuando intentas grabar un timelapse.

Por ejemplo: que todo el mundo, viendo la cámara, decida pasar por delante y no por detrás en su desplazamiento. ¿De verdad no has visto el trípode ahí montado? 😂

También puede ocurrir que los niños pequeños, en su ilusión por descubrir mundo (¡pobrecillos!) se abalancen sobre las patas del trípode sin que te dé tiempo a reaccionar. Eso sí: a ellos hay que perdonarlos, que son adorables y solo quieren divertirse.

Lo malo de esas carreras de los más peques es que cualquier toquecillo en el trípode, aunque no tire la cámara, provoca una vibración que tiene repercusiones en la estabilidad final del timelapse. Y eso da una rabia impresionante 😕

Todo lo que pasa cuando intentas grabar un timelapse – Mi vida en cámara oculta

Para que un timelapse salga bien, la cámara tiene que estar fija y sin tambalearse durante un laaaaargo periodo de tiempo

Por último, está la gente que “se planta” delante de la cámara, a mirar el paisaje, o incluso a saludar a la cámara. Muchos no lo hacen con mala intención, pero a los que saludan no sé lo que les haría. Gracias, acabas de fastidiar unos segundos de mi timelapse :p

Por cierto: si además estás intentando hacer el timelapse con una cámara de gran ángulo, te aseguro que tendrás que lidiar con un montón de personas que se ponen “a un lado” porque piensan que en esa posición no salen en la imagen. Y explicarles que en ese lateral también te están fastidiando el timelapse va a ser muy difícil…

En más de una ocasión me he enfrentado a todos estos obstáculos. Y tú, ¿has hecho un timelapse alguna vez? ¿Cómo ha ido la experiencia? Cuéntame en los comentarios 😀

La barra de ducha rebelde – Mi vida en cámara oculta

La barra de ducha rebelde

No sé si tenéis en casa una de esas barras de ducha con ventosa, con largo ajustable y que se pueden colocar fácilmente a la altura que más os convenga. Yo sí tengo una, pero ha sido motivo de cachondeo durante meses.

Todo empezó cuando me mudé a mi nuevo piso, y compré unas cortinas de ducha “estándar” que parecían demasiado largas para la altura de la barra.

Por suerte, una amiga mía se dio cuenta de que era una barra flexible con ventosas y la movió rápidamente un poco más arriba. En pocos minutos conseguimos que las cortinas quedaran a la altura perfecta sin necesidad de cortarlas ni arreglarlas.

Pero unos días después intentamos mover la barra un poquito más para ajustarla mejor… y ocurrió el desastre. Parece que las ventosas estaban ya bastante desgastadas, y no conseguíamos volver a engancharlas en las baldosas.

Cuando por fin lo logramos, comenzó una larga etapa de caídas inesperadas. A lo mejor te estabas duchando (o movías la cortina para entrar a la ducha) y se desplomaba la barra, tirando la cortina y todas las anillas.

Hubo que hacer un apaño con un plástico en una de las ventosas para mejorar el agarre, pero aun así ocasionalmente se caía la cortina.

Decidimos probar con anillas más ligeras, ya que las que estaban colgadas eran metálicas… ¡y por fin encontramos la solución!

Después de unas semanas de caos e “inestabilidad”, la barra de ducha y las cortinas se quedaron en su su sitio durante más de cuatro meses.

La barra de ducha rebelde – Mi vida en cámara oculta

Pero cuando empezábamos a asumir esa normalidad, un día volvió a caerse la barra, y tuvimos que asumir que ya no había nada que hacer.

No os podéis imaginar las risas cuando vimos otra vez todo en el suelo… Nos entraron ganas de colgar un cartel como los de “6 días sin accidentes laborales” pero que pusiera “Días sin caída de la barra de la ducha: 0”.

El caso es que al final nos hartamos de tanto ajuste y de tanta caída, y salimos a comprar una nueva barra de ducha. Una también flexible, ajustable y con ventosas, pero que está nueva y agarra en condiciones.

De momento no se ha caído…

De momento 😉

Micro-infarto por el salto de una pitbull – Mi vida en cámara oculta

Micro-infarto por el salto de una pitbull

Hoy toca hablar de animales (concretamente, de perros). Porque hay una pitbull que casi le provoca un infarto a un amigo cuando fue a recoger a unos clientes en su vehículo Cabify.

La joven había encargado un coche para desplazarse al aeropuerto y salir de viaje este verano. Pero cuando mi amigo llegó a su casa, todavía quedaban algunos preparativos de última hora por hacer.

Mi amigo ayudó a llevar las maletas del portal al maletero para acelerar el proceso, pero no se esperaba el “ataque” de la pitbull.

Cuando abrió el maletero y empezó a guardar el equipaje, no le dio tiempo a reaccionar. Vio de reojo un animal que saltaba con toda su energía, directo hacia él, y apenas pudo reconocer qué tipo de animal le estaba atacando.

Pero ya sabemos que los perros son adorables, y la protagonista de la historia no estaba intentando atacar a nadie. Lo que hizo fue saltar directamente por encima de mi amigo y “aterrizar” en el maletero, donde se tumbó poniendo carita de pena.

No sabemos qué cara se le quedó a la pitbull, pero seguro que era parecida a la que vemos en esta foto 😀

Después del “micro-infarto” inicial, llegaron las risas. Los dueños explicaron a mi amigo que su perrita estaba triste porque sabía que se iban y quería que la llevaran con ellos. ¡Por eso se había metido directa al maletero!

Al final, con un poco de esfuerzo, pudieron sacarla de allí para llevarla de nuevo al interior de la casa, donde los otros familiares la iban a cuidar durante las vacaciones. Aunque seguro que la pobre lo pasó mal echando de menos a sus dueños durante tantos días…

No corras persiguiendo al autobús – Mi vida en cámara oculta

No corras persiguiendo al autobús

Correr a toda velocidad detrás de un autobús que estás a punto de perder puede no ser tan buena idea. En realidad hay muchas probabilidades de que la misión salga mal: a lo mejor no llegas a tiempo a la parada para subirte, o sí llegas pero el conductor se niega a abrirte la puerta, o lo alcanzas en el último segundo y no te ve porque arranca sin mirar el retrovisor.

Hoy te presento una nueva opción, todavía más desagradable si tienes prisa. Porque yo aquel día iba con el tiempo muy justo para unas gestiones y no lo pensé ni un segundo: eché a correr a toda velocidad para no perder el autobús.

Ahora llega la parte graciosa/ridícula: yo perseguía un autobús de una línea que tiene muchas paradas en común con otra, y estaba convencida de que, nada más girar la esquina, la primera parada era común para esas dos líneas.

¡Sorpresa sorpresa! Llegué con la lengua fuera y el corazón palpitando a tres mil por minuto. Y llegué justo a tiempo para que el autobús pasara por delante de mí mientras el conductor me señalaba el cartel de la parada y sacudía la cabeza.

autobús mi vida en cámara oculta

Me quedé a cuadros. Miré rápidamente el cartel… Efectivamente: esa parada solo correspondía a la otra línea. La de mi autobús estaba algo más adelante, y por más que corrí ya fue imposible llegar a tiempo.

¿Qué conclusión saco? Pues que la misión de cazar el autobús, con las prisas, fue un desastre. Y también aprendí una lección: asegúrate de que esa parada forma parte del recorrido de tu línea :-/