Misterios y apagones

Apagones

Imagen de Paco Segovia

¡Vaya día tan complicado llevo! No he tenido conexión a Internet en casi ningún momento porque el servicio me ha funcionado fatal, y por eso no he podido escribir estas líneas hasta que no he acabado de cenar.

La “aventura” con Internet (y con la tecnología en general) empezó ayer por la noche, en mi casa. Estaba trabajando en el ordenador pero me llamaron por teléfono y tuve que ir a mi habitación porque me había dejado el móvil allí. Encendí la luz y funcionaba perfectamente, pero de repente se redujo muchísimo la potencia y parecía que mi cuarto estaba alumbrado por una vela.

No le di mayor importancia al asunto y salí de la habitación para decirles a mis padres que se había fundido la bombilla. Y entonces me di cuenta de que el resto de la casa estaba igual: todas las luces estaban al mínimo, pero no se había cortado por completo la electricidad. ¡Nunca me había ocurrido nada así!

Salimos al descansillo y preguntamos a varios vecinos: todos tenían el mismo problema y no sabían qué había pasado. Después de comprobar que no se hubiera quedado nadie encerrado en el ascensor, volvimos a casa para apagar todos los aparatos  (por temor a que la electricidad volviera con un “chispazo”).

Lo siguiente que hicimos fue llamar a la compañía eléctrica con el teléfono fijo de casa. Sorprendentemente, funcionaba a la perfección, aunque me han explicado que el teléfono toma la corriente del cable de Telefónica (¡yo no lo sé!). Conseguimos notificar la avería y comprobamos que nuestra “manzana” de la calle era la única afectada. Era bastante cómico ver los semáforos “a medio gas”, con un ámbar que más bien parecía color vainilla…

Ayudándonos con los móviles para tener luz, buscamos velas para poder iluminar la cocina, ya que los fluorescentes no se podían encender con esa corriente tan débil. Y poco después, mi tía llamó por teléfono al móvil de mi padre porque, aparentemente, no funcionaba el teléfono fijo. Y descubrimos que era cierto: yo sigo sin saber de dónde recibe la electricidad el aparato telefónico porque habíamos conseguido hacer una llamada anteriormente y en ese momento ya no teníamos línea.

Después de cenar, las lámparas empezaron a funcionar un poco mejor, pero no había luz suficiente para que funcionaran la mayoría de los aparatos (salvo la radio). Estábamos aburridos y sin nada que hacer, así que decidimos irnos a la cama. No obstante, yo apuré un poquito el tiempo escuchando la radio, hasta que, de repente, la luz se fue por completo.

Esa era la señal inconfundible de que la compañía eléctrica ya estaba trabajando para solucionar la avería, y la confirmación de que debíamos irnos a la cama (¡ya no había absolutamente nada que hacer!)

¿Sabéis qué fue lo más cómico? Que medio minuto después de que hubiera “apagón” completo, sonó el teléfono fijo. ¡Había vuelto la línea!

Queridos lectores: ¿debería tener miedo?

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