¡Por fin veo la luz!

¡Por fin veo la luz!

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Nunca me canso de contaros anécdotas del Camino de Santiago (o, mejor dicho, de los viajes que he organizado para recorrer alguno de las múltiples rutas).

Como todos podéis imaginar, no se puede mantener un “aspecto divino” si, durante días, hay que madrugar para caminar kilómetros y kilómetros y dormir en un albergue que, por muy cómodo que sea, no es en absoluto el “hogar, dulce hogar”. Si a eso le añadimos que en algunos pueblos toca ducharse con agua fría y lavar la ropa a mano, se entiende perfectamente que los peregrinos tengan unas “pintas” un poco extrañas.

El primer año que me lancé a esta aventura viajé a las tierras gallegas con otras seis amigas. Uno de nuestros últimos días de ruta hacia Santiago, nuestro aspecto era ya horroroso. Por si fuera poco, el calor de media mañana empezaba a hacer estragos, y en un momento decidimos sentarnos un poco a la sombra antes de continuar andando.

Justo en ese momento, pasó un grupo de ciclistas portugueses que nos gritaron: ¡Guapas! Nosotras, que estábamos sudando y agotadas, y llevábamos nuestra típica “ropa vieja” de peregrinas, nos quedamos alucinando. Una de mis amigas reaccionó a tiempo y contestó, alzando la voz: ¡Ponte gafas!

La verdad es que la situación fue bastante absurda y nos reímos mucho. Pero posteriormente, en otra ocasión que hice el Camino de Santiago, tuve otra experiencia divertida. Viajaba con un chico que nunca se había enfrentado a esa locura, y el pobre llegó machacado a la meta.

Estábamos los dos tumbados en el suelo de la plaza del Obradoiro cuando, de repente, llegó un buen amigo mío gallego, con el que había quedado. Me levanté como pude para saludarle (llevábamos casi un año sin vernos) y se lo presenté al otro peregrino. Su reacción fue bastante divertida: se levantó del suelo de inmediato, con los ojos brillando de ilusión, y le dijo al gallego: ¡Jo, qué limpio y qué guapo estás!

Sí, sí… Después de tantos días de albergues, de ropa vieja y deportivas, hacía ilusión ver a alguien de Santiago, tan arreglado con su “ropa de ciudad”…

Para terminar estas líneas, os paso un vídeo que he encontrado por casualidad en Internet. Es un claro ejemplo de la naturaleza en tu contra en algunas etapas del Camino…

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