Cómo perder la dignidad en un catering

La semana pasada fui con una amiga a un cóctel de inauguración de exposición de fotografía. Era una oportunidad inesperada porque pude asistir gracias a una invitación que tenía una de mis amigas.

La experiencia fue curiosa y divertida a la vez: por una parte, disfrutamos de una exposición de arte totalmente gratis, y por otra, tuvimos la ocasión de probar un excelente catering (de esos que casi te hacen engullir las bandejas que van sacando los camareros de la cocina).

Ya sabréis que, para este tipo de eventos, todo el mundo se viste “de largo”: trajes caros, vestidos de fiesta, tacones imposibles, etc. Mi amiga y yo, aunque nos habíamos arreglado un poco, en cierto modo nos sentíamos fuera de lugar entre tanta etiqueta.

Pero las cosas cambiaron cuando nos sentamos un rato en un banco para “moderarnos” con el asalto a las bandejas del catering. A nuestro lado, en ese banco, había una pareja de edad cercana a los 60 y, lógicamente, vestida de punta en blanco.

Era el momento del postre, y uno de los camareros salió de la cocina con una bandeja de piruletas de chocolate (estaban rellenas de una especie de mousse). La mencionada pareja interrumpió su conversación porque el hombre dijo: “¡Hala! ¿Qué es eso?” y se levantaron de golpe para ir, casi corriendo, a asaltar al camarero.

Nosotras nos quedamos flipando…

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