No vas a ligar conmigo (aunque el destino quiera)

Estoy alucinando con todos los encuentros inesperados y “casualidades” de mi vida: parece que la historia no se acaba nunca y que cada diez o quince días me ocurre algo nuevo digno de mencionar. Y os prometo que no me lo invento (¡no tendría tanta imaginación para ello!)

Hace unos meses, hice frente a una de esas pequeñas historias que te hacen sentir en condiciones de desafiar el “destino”.

Era un día cualquiera, por la tarde, y yo tenía que ir a una papelería a comprar material para la universidad (un archivador, unos bolígrafos, etc.). Al acceder a la calle en cuestión, un chico bastante guapo se acercó a mí y me preguntó si tenía fuego para encender su cigarrillo. Le contesté que no porque no fumaba, y después quiso hablar un poco conmigo y me pidió mi teléfono.

Amablemente le dije que no y me libré de él lo antes posible. Y ya sé que era guapo, pero… ¡fumaba! Y, aunque no lo creáis, ese es mi primer criterio para ligar o no: si fuma, completamente descartado (no soporto el olor).

La “suerte” quiso que tuviera que acercarme de nuevo a la papelería al día siguiente (pero a una hora distinta), y en la misma esquina estaba el mismo chico. Pasó a mi lado sin verme, y yo me quedé alucinando con lo pequeño que es el mundo.

¿Sería una señal del destino? Pues yo la mandé a la porra a la primera…

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