La guerra de los archivadores

Ya que he perdido toda mi dignidad al contar mi absurda caída en el Parque de Atracciones (un amigo mío ha llegado incluso a hacerme un #FF en Twitter por ello), no importará demasiado que os hable de mi pelea con un archivador.

El otro día fui a trabajar a mi gimnasio por primera vez desde que empezó el verano. Al terminar la clase, como es lógico, quise hacer el registro con los datos de asistencia y horarios, pero la hoja que me correspondía en el archivador no estaba bien colocada.

¿Qué se me ocurrió? Obviamente, quise cambiarla de sitio para devolverla a su legítima posición, pero ocurrió algo que no me esperaba: una pequeña barrita metálica que fijaba todo el contenido del archivador para que fuera más fácil de controlar al abrirlo y cerrarlo, me impedía separar las hojas a la altura de la que me interesaba.

Finalmente, me vi envuelta en una lucha de vida o muerte con el archivador porque tuve que sacar todas las hojas, moverlas y así cambiar la mía.

Justo en ese momento de absoluto caos, llegó mi jefa, se rió un poco de mí, me dijo que me estaba sentando mal el verano y me preguntó por qué no había intentado sacar mi hoja sin más.

Finalmente añadió: “Bueno, anda, tú lo has liado, tú lo arreglas, que yo me tengo que ir”.

Totalmente OWNED.

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