Muerte neuronal (I)

Muerte neuronal (I)

Imagen de Alex E Proimos

El verano, a veces, sienta fatal. Cuando el calor llega de golpe y pilla desprevenidos a los cerebros hartos y cansados de estudiar, empezamos a hacer estupideces.

El pasado fin de semana fue para mí otro “maravilloso” (¡sí, es irónico!) tiempo de estudio en la biblioteca. Mi inseparable compañera de libros y estrés, que ya había montado su numerito la semana anterior con la botella de agua, estaba absolutamente harta de preparar su examen, y no conseguía vencer el agotamiento ni con tres tazas de café.

Al final de la tarde, yo intentaba también vencer el sueño y el cansancio acumulado después de tantas horas, pero no había forma de librarme de los bostezos para conseguir concentrarme. Pero mi amiga estaba aún peor…

Justo en el momento en que yo estaba bebiendo agua de mi botella (el colmo de la mala suerte), ella empezó a reírse y me dijo en voz baja:

Estoy en estado de muerte neuronal. Iba a pasar la página de los apuntes [en papel], y en vez de girar la hoja, como hacen todas las personas normales, soy tan ************ que he dado a la flecha derecha del teclado del ordenador.

Sí, habéis acertado: me atraganté mientras bebía agua por la risa, y pasé unos horribles minutos intentando controlar simultáneamente la tos y una carcajada que amenazaba con salir y dejarme en ridículo en medio de la biblioteca.

Qué mal rato pasé, y al mismo tiempo… ¡qué divertido! Definitivamente, estudiar con calor y el verano a la vuelta de la esquina provoca muerte neuronal.

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