El horror de los pantalones rotos

Pánico

Imagen de Bantosh.

¡Agh! ¡Pánico absoluto! Parecía que la universidad iba a absorberme entre ayer y hoy, y por ello no he podido dedicaros el post que correspondería según la frecuencia a la que os tengo acostumbrados. Mil disculpas a todos de parte de esta bloguera despistada… ¡Espero que no vuelva a ocurrir!

Os compenso la espera con un un recuerdo que me ha venido a la mente esta mañana…

¿A quién no se le ha roto alguna vez un pantalón? ¿Se os ha roto, por algún casual, en la zona de la entrepierna? Los más afortunados habréis podido llegar a casa o a algún sitio “a cubierto” para arreglar el entuerto, pero aquellos que trabajéis de cara al público sabréis el horror que supone aguantar las horas que sean necesarias, en posturas discretas, antes de poder huir y conseguir unos pantalones de recambio que arreglen el entuerto.

Me acordé esta mañana de que hace algunos años, en una clase del gimnasio, le ocurrió esta embarazosa desgracia al monitor. De él tengo que decir, por cierto, que era bastante atractivo, así que cuando se le rompieron los pantalones a los diez minutos de comenzar la clase, más de una se quedó embobada mirando.

El susodicho, que no tenía ropa deportiva de repuesto y que debía continuar con su clase, decidió recurrir al sentido del humor para superar la vergüenza y aguantar las carcajadas de todos sus alumnos y las miraditas de las alumnas más “enamoradas”.

Por cierto: la clase era de Body Combat (con saltos, patadas, etc.).

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