Empezando los viajes con buen pie

Metro de Madrid

Imagen de TomTom24.

Como si se tratara de algún tipo de odiosa magia oscura, llevo todo el día intentando publicar esta entrada y mi conexión a Internet no se pone de mi parte. Así que yo la guardo y a saber a qué hora o qué día decide la informática hacerme un poco de caso…

En cualquier caso, por muy desesperada que me tenga dicho problema, he de decir que me hace gracia porque parece un “guiño” a la temática del post.

Como ya os he explicado, asistí hace poco a un encuentro científico en Granada, y el hotel supuso una desagradable sorpresa para los que tuvimos el dudoso honor de alojarnos en él.

Ahora bien: desde el mismo momento en que salí de casa para ir a la estación de autobuses y comenzar el viaje, las fuerzas del universo se aliaron en mi contra para dar lugar, una vez más, a ese tipo de historias de “catastróficas desdichas” que me ocurren cada dos por tres.

Para empezar, aguanté un retraso en el Metro debido a problemas técnicos. He de reconocer que, aunque había salido de casa con tiempo de sobra para este tipo de imprevistos, no pude evitar ponerme nerviosa.

Llegué a la estación de autobuses y, para mi sorpresa, el mío no estaba anunciado en las pantallas. Me dirigí a la zona de las dársenas y pregunté a otro conductor de la misma empresa, quien me envió hacia el otro extremo de la estación argumentando que el autobús a Granada siempre aparcaba allí.

En el supuesto sitio asignado a dicho autobús había más gente esperando, y casi estábamos al borde de un ataque de nervios porque veíamos que se acercaba el momento de la partida y no llegaba por ninguna parte…

Al final escuchamos un grito de “¡Granada!” desde el otro extremo de la estación y volvimos hacia allí a toda velocidad. El conductor nos dijo que lo sentía mucho, pero que no había encontrado sitio para aparcar en la zona que le correspondía.

¿Acaban las sorpresas? No, os aseguro que no: al llegar a la otra estación de Madrid, donde tenían que subir más viajeros, nos hicieron abandonar el vehículo a todos y cambiarnos a otro aparcado al lado porque el primero “se iba a quedar en taller para revisión”. Sí: nos tocó sacar las maletas y cambiarlas de autobús, cambiarnos de vehículo, volver a enseñar el billete, etc.

En fin… Mirándolo por el lado positivo, estaba tan agotada antes de empezar el viaje que dormí después casi dos horas seguidas.

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