La (segunda) última noche del año

La (segunda) última noche del año

Imagen de Nemo.

Si celebras la Nochevieja el 30 de diciembre con tus amigos y acabas haciendo el idiota con auriculares inalámbricos y comiendo lacasitos en la Puerta del Sol, tampoco puedes (ni quieres, hay que admitirlo) escaquearte de la “supuesta” verdadera última noche del año.

El 31 dormí hasta muy tarde para recuperar fuerzas, así que estaba bastante despejada por la noche y llena de ilusión de compartir un rato tan especial con mi familia. Tengo que añadir que esa noche volví a tener esa sensación de “estar vigilada”, y en general me ocurrieron varias anécdotas curiosas o divertidas que recordaré con mucho cariño.

En primer lugar, mi tía (con su particular sentido del humor) decidió que sería muy divertido regalarnos una liga roja a mi cuñada y a mí (argumentando que era “una noche especial”). Por hacer la broma, las dos utilizamos nuestras ligas de diadema, y estábamos bastante entretenidas haciéndonos fotos cuando, de repente, recibí un mensaje de felicitación de una amiga que decía “ponte algo rojo, que trae buena suerte”. ¿Por qué siento que me espían? Jejeje.

Pasó el tiempo y me tocó despedir el año corriendo de un lado a otro, y de eso tengo que culpar a mi mejor amigo, que vive en Portugal. Pensaba llamarle para felicitarle el año a la hora portuguesa, pero me di cuenta de que en ese momento ya se habrían colapsado las líneas en España, así que finalmente decidí llamarle a las 23.30 hora de Madrid.

El muy “amable” no me cogió el teléfono hasta, aproximadamente, las 23.56, por lo que tuve escasos minutos para felicitarle y volver a bajar corriendo las escaleras de casa de mi tía para llegar al salón a tiempo para las campanadas mientras mi madre me gritaba: “¡Que empieeeeeeeeezaaaaaaan, veeeeeen yaaaaaaaaa!” Un estrés, vaya.

¿La siguiente anécdota divertida? La semana anterior, sacando un poco de “ogullo de soltera”, le había concedido un “Me gusta” al enlace de Facebook Afróntalo, no nos va a llegar un mensaje el 31 de Dic a las 23.59 diciendo: Quiero un 2011 contigo.

Pues bien, me llegó un mensaje el 31 de diciembre a las 23.59 que decía: “Nunca digas nunca (ni siquiera en Facebook): Quiero un 2011 contigo. Después de que lo pusieras en Facebook, era muy tentador enviarte este mensaje ”

Me entró un ataque de risa que (casi) me hizo atragantarme con las uvas. ¡Me encantan los detalles y las bromas de mis amigos!

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