Un susto de muerte

Un susto de muerte

Imagen de Nemo.

La anécdota que tengo que compartir con vosotros en esta ocasión está relacionada con un ensayo para una pequeña representación escénica.

En realidad os hablo de un trabajo de la universidad que tenía como objetivo utilizar de la mejor forma posible los recursos que ofrece nuestra voz.

En concreto, en mi grupo de trabajo (integrado por cuatro personas si se me incluye a mí) nos habíamos propuesto realizar una lectura dramatizada de una obra de teatro ambientada en el siglo XIV.

El trabajo estaba dividido en dos partes o escenas, y nuestros ensayos consistían en juntarnos por parejas para “pasar el texto” (me encanta esa expresión del teatro).

La intervención estelar de una de mis compañeras era presentarse de golpe frente a otros dos personajes y anunciar, con voz potente: “¡Señor, el rey!”

El otro día, en pleno repaso, la segunda compañera estaba sentada de espaldas a la primera y dio un bote espectacular cuando oyó el grito de “¡Señor, el rey!”

Aparte del sobresalto, tengo que añadir que profirió un gritito de lo más surrealista y divertido, y del susto se puso roja como un tomate.

¿El resultado? Como podréis suponer, los cuatro nos echamos a reír y no conseguimos parar hasta que nos empezó a doler la tripa.

He de decir que, como es obvio, la anécdota se ha convertido en la excusa perfecta para meternos con mi amiga asustadiza. Cuando tengamos que hacer la lectura dramatizada en clase, no podremos tomarnos en serio esa parte…

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