El cliente siempre tiene razón

El cliente siempre tiene razón

Imagen de ericbarns.

Y a os he dicho en más de una ocasión que me encanta salir de fiesta gratis: por lo general las mejores noches son las improvisadas, aunque de vez en cuando apetece planificarse un poco para evitar pequeños problemas que puedan fastidiar la fiesta. Hoy os escribo para hablar de un plan organizado que tuvo (como siempre ocurre), detalles inesperados que obligaron a improvisar.

El 30 de octubre fue la mejor noche de todo el año (o, al menos, eso se dice) para salir de fiesta, ya que, con el cambio de hora, a las 3.00 fueron de nuevo las 2.00, y eso supuso una horita extra de baile o, para los más cansados, una hora más de sueño para recuperarse.

El verdadero inconveniente está en que muchos locales decidieron aprovecharse de la coyuntura y, juntándolo al factor de la inmediata noche de Halloween, en muchos locales (incluso en aquellos de habitual acceso libre) cobraron entrada en esa fecha.

Salí con mis amigos para ir a uno de mis sitios favoritos (buena música, entrada libre, diversión asegurada), pero nos encontramos con el pequeño problema de que querían cobrarnos la primera consumición en la entrada.

Uno de mis compañeros iba a quedarse poco tiempo y, por tanto, no tenía previsto tomar nada. Así que dijimos a los “puertas” que íbamos a pensarlo. Nos apartamos un momento y empezamos a valorar un plan B (siempre estamos abiertos a nuevas posibilidades, y en Madrid hay muchos sitios con buena fiesta sin necesidad de pagar antes de entrar).

Tan solo dos minutos más tarde, cuando estábamos en plena “asamblea de sabios” (en palabras de una amiga mía), los “puertas” se acercaron a nosotros y nos dijeron que podíamos entrar sin pagar.

¡Qué alegría! Está claro que el cliente siempre tiene razón: en concreto, si dejan pasar a un grupo de siete personas en la noche más larga del año, les compensa porque tienen garantizado más dinero en consumiciones.

Y nosotros, obviamente, no pudimos alegrarnos más. De hecho, uno de mis amigos propuso utilizar la misma estrategia siempre: incluso aunque estemos dispuestos a pagar entrada, quizá es buena idea decir “jo, vamos a pensarlo” y esperar a que vengan detrás de nosotros. ¡Que vivan las fiestas gratuitas!

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