Mi profesor no me quiere

Mi profesor no me quiere

Imagen de Je2Design.

Tan solo un par de días después del famoso episodio de la comunicación entre conductores (que ya os relaté en un post anterior), dejé de admirar incondicionalmente a mi “ya-no-tan- querido” profesor de autoescuela.

Y lo que os tengo que contar es que tuve que cambiar un día la hora de asistencia a mi clase práctica de circulación porque me había surgido un imprevisto de la facultad.

Por tanto, dos días antes, llamé a la oficina de la autoescuela para avisar de mi cambio de hora, y un día antes se lo recordé en persona a mi profesor.

Llegó el día de mi clase cambiada de hora (y, dejadme mencionar, que estaba “encajadísima” en mi ajetreado día) y mi profesor no apareció. Esperé durante media hora y al final, muy enfadada, me fui.

El colmo es que la clase era al mediodía y, por tanto, la autoescuela estaba cerrada: era inútil llamar para quejarme o para preguntar qué había pasado.

Armándome de un poco más de paciencia, esperé a que abrieran y, justo cuando estaba quejándome a la secretaria, sonó el teléfono de la oficina.

Ella respondió y me dijo que era mi profesor, así que me pasó el teléfono y me tocó escuchar las disculpas del pobre que, al parecer “se había olvidado de mí”.

Pues a ver si me voy a olvidar de pagarle la próxima clase, jejeje. Empiezo a creer que los taxistas y demás conductores tienen algo personal contra mí (ya empecé a cuajar la idea en Finisterra, ¿recordáis?)

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