Abandonada en el fin del mundo

Abandonada en el fin del mundo

Imagen de ecemani

Ahora que he vuelto a Madrid, iré incluyendo poco a poco en el blog algunas anécdotas del Camino de Santiago, planeado para recorrer Tui-Santiago-Finisterra.

Para empezar, comentaré que la amiga con la que viajaba tuvo que volver a casa antes de tiempo por un imprevisto, así que planeó su regreso directamente desde Santiago.

Dificultades ya desde ese momento, porque no tenía a nadie para ir a Finisterra. Afortunadamente, una chica que conocimos en el Camino decidió, un día antes de llegar a Santiago, que se quedaba más tiempo para acompañarme en tan maravillosa aventura.

Otro “pequeñito” problema es que mi billete de vuelta a Madrid estaba comprado para el día 29 de septiembre (sí, el día de la famosa huelga), así que me vi obligada a quedarme un par de días más, pero decidí largarme a Vigo porque ya me conozco Santiago bastante bien.

Cuando fui a cambiar el billete, no pude porque el sistema de la estación ya estaba apagado, y tuvo que comprarlo un maravilloso amigo con el que contacté gracias a Hospitality Club (una red social para viajeros).

Como tuve que cuadrar fechas, trenes, albergues y autobuses de un lado a otro (sabiendo que el día 29 no podría desplazarme a ningún sitio), acabé hasta las narices de tantos imprevistos.

Finalmente me hice a la idea y observé el problema desde el lado positivo: ¡vacaciones extra en Galicia!

El día 27 de septiembre llegué a Finisterra y pasé toda la tarde en la playa. En el albergue se ofrecieron a pedir un taxi para el día siguiente: por el mismo precio que el autobús, llegaba a Santiago en tan solo una hora (el autobús tarda tres horas). El taxi-furgoneta pasaba por el albergue a las 11.00 de la mañana, así que acepté porque quería llegar a Vigo lo antes posible.

Así que el 28 por la mañana aproveché para ir a visitar el famoso faro de Finisterra después de desayunar. Dejé el macuto hecho y todo listo para montarme directamente en el taxi.

Y… ¡sorpresa, ley de Murphy! Llegué al albergue a las 10.45 y al dueño se le quedó cara de póker. Me dijo que el taxi se había ido sin mí porque pensaron que les había dejado plantados, y cuando le enseñé la hora que era, alucinó. Me pidió disculpas y me dijo que, si hubiera visto la hora, le habría pedido al taxista que me esperara.

Pero, a pesar de las disculpas del chico del albergue, ya no había remedio. ¡Abandonada en el fin del mundo!

Posted in Ley de Murphy…

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