Creo que nos hemos quedado dormidas

'Umbrella Weather Rainy Summer Rain Wet', por estockiausdel

‘Umbrella Weather Rainy Summer Rain Wet’, por estockiausdel

Qué pena me ha dado recibir el mes de septiembre con lluvia: le ha dado un toque más melancólico del que ya tiene habitualmente.

Pero como quiero alegraros el día con mi post, voy a contaros una anécdota divertida relacionada, precisamente, con las rutinas y con la lluvia. Me ocurrió cuando estaba en Bachillerato.

Por circunstancias especiales y temporales, tuve que quedarme a dormir en casa de una amiga varios días entre semana. Las dos estábamos en la misma habitación porque había espacio suficiente para poner una segunda cama, así que, como es lógico, “compartíamos” despertador (el móvil).

En mi colegio, la hora de entrada a clase para esos últimos cursos era las 8.15 de la mañana. Mi amiga vivía cerca y fijaba la alarma a las 7.30 para tener tiempo suficiente de recoger la habitación (había que dejar las dos camas ordenadas y guardar la mía debajo de la suya), desayunar y llegar a clase.

Todo iba bien, hasta el día en que nos quedamos dormidas porque ninguna de las dos oyó la alarma del móvil. Las dos estábamos disfrutando de dulces sueños (supongo) cuando, de repente, escuchamos unos golpecitos suaves en la puerta de la habitación. Suele ocurrir que nos despiertan los ruidos a los que no estamos acostumbrados, así que nos incorporamos un poco sorprendidas y preguntamos si ocurría algo.

La madre de mi amiga nos respondió diciendo que eran las 7.55, y no reaccionamos hasta que miramos el reloj y lo comprobamos por nosotras mismas.

Conteniendo las ganas de gritar, nos levantamos de golpe y empezamos a correr a toda velocidad, mientras la madre de mi amiga nos miraba con una mezcla de diversión y alucinación. Finalmente decidió coordinarnos para poder arreglar el problema: mientras ella nos preparaba el desayuno, nosotras nos vestimos y recogimos la habitación a toda velocidad.

Como es obvio, engullimos los cereales y salimos disparadas para llegar a clase puntuales, sin ni siquiera darnos cuenta de la lluvia que estaba cayendo.

Llegamos a la puerta del colegio a las 8.14, con la lengua fuera y bastante mojadas, pero habíamos conseguido nuestro objetivo. El jefe de estudios, que vigilaba precisamente a los que entraban, nos miró con cara rara y nos dijo, de broma: “Chicas, hay una cosa que se llama paraguas”.

Nosotras, que aún no habíamos terminado de despertarnos, no estábamos para bromas, así que contesté: “Ya, y hay una cosa que se llama levantarse a las 7.55”. No nos dio tiempo a oír cómo se reía de nosotras porque estábamos demasiado ocupadas subiendo las (nuestra clase estaba en el tercer piso).

Para rematar la mañana, tuvimos que aguantar las tres horas que faltaban hasta el recreo para poder ir al servicio, y no fue una espera en absoluto agradable teniendo en cuenta que, por las prisas, no habíamos podido ir al levantarnos y, además, el sonido de la lluvia no ayudaba nada…

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