“Bish pagtí” (Beach party). Segunda parte: “El Pesao”

'Bola De Discoteca Discoteca Bola Negro Color' por geralt.

‘Bola De Discoteca Discoteca Bola Negro Color’ por geralt.

Como no podía ser de otra forma, en la discoteca encontramos al típico “pesao” que quiere bailar con una chica a toda costa y que puede llegar a ser un poco cargante. En realidad, era un chico muy majo, pero si te agarraba para bailar no había ninguna escapatoria.

El chico al que me refiero se pasó casi toda la fiesta bailando solo, en el centro de la pista, y mirando a su alrededor. Eso sí, su sentido del ritmo era bastante limitado, por lo que más de una vez lo encontrábamos bailando con los ojos cerrados, “concentrado” en la música para no perder el paso.

“El Pesao” me pidió bailar una vez, y acepté pensando que sería un ratito corto. Al principio fue divertido pero, efectivamente, el rato fue mucho más largo de lo esperado y era imposible despegarse de él.

Por suerte, un chico del que os hablaré en el próximo post, y que mis amigas y yo bautizamos como “El Interesante”, me rescató y conseguí alejarme lo suficiente de “El Pesao” durante un buen rato.

El susodicho volvió a bailar conmigo tres veces más. ¿Que cómo ocurrió? Pues, básicamente, no dejaba ninguna opción. Llegaba a mi lado, me agarraba de los hombros y ya no había nada que hacer, salvo bailar. Volvieron a rescatarme “El Interesante” y un amigo suyo. Bailé mucho rato con ellos y lo pasé fenomenal.

Realmente me sorprendió que “El Pesao” fuera capaz de volver a buscarme, aún dos veces más, sin darse cuenta de que prefería estar con mis amigas. Además, todo hay que decirlo, bailé mucho más tiempo con “El Interesante”, con quien era evidente que me divertía más. ¿De verdad “El Pesao” no se dio cuenta de eso? Aaaaaay, qué inocente.

Misteriosamente, y aunque no lo creáis, “El Pesao” no quería otra cosa aparte de bailar. Cuando llegó la hora de irse de la discoteca, se despidió muy amablemente con un beso en cada mejilla, un “Enchanté”

[Encantado] y me preguntó mi nombre. Decidí ponerle las cosas difíciles y decirle “Laura” y no “Loggá” (como pronuncian todos los franceses). Así que tardó un buen rato en intentar asimilarlo, hasta que le dije que no era un nombre francés. Después fue a preguntarle a una de mis amigas cómo se escribía mi nombre (¿?).

Y, por último, tuve que aguantar las miradas y los comentarios de cachondeo de la señora de mi familia, que me había visto bailar con él cuando terminó su turno de trabajo. Me contó que era un cliente habitual y amigo del dueño de la discoteca. Además, intentando buscarme un vínculo con él, me dijo que ese chico va mucho al gimnasio (como yo).

Que no, que no me interesa “El Pesao”, gracias. Hay que ver la fauna que se encuentra en las discotecas…

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