“Yo a ti te conozco”

Una de las grandes cualidades (o desgracias, según como se mire) que tengo que aguantar es una gran capacidad para encontrar parecidos entre la gente. Más de una vez, y más de dos, me he cruzado con alguien por la calle y me he quedado pensando en algún amigo con quien le he visto parecido. En fin…

Una tarde cualquiera de septiembre, hace ya tres años, estaba con unas amigas viendo un espectáculo de teatro callejero en Madrid. Un chico y una chica que tenían bastante prisa pasaron a nuestro lado y atravesaron el público para seguir con su paso decidido.

'Comedia Cara Teatro Tragedia Máscaras Rojo Azul' de OpenClips

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Miré al chico. Esta vez no se trataba de buscar parecidos: lo conocía, y estaba segura de ello. Al pasar de largo, él giró la cabeza para mirarme. Confirmado: nos conocíamos. ¿De qué?

Mis amigas se quedaron flipando cuando me separé de ellas y pegué un acelerón hasta alcanzar al chico. “Yo a ti te conozco. Estoy segura de que te conozco”. Mis amigas se llevaron las manos a la cabeza en el típico gesto de “se ha vuelto loca”.

Tardé unos segundos en agrupar nociones mentales: Oxford-puente-fotos… Por fin reaccioné y se lo dije. Estaba alucinando. Resulta que habíamos coincidido escasos minutos en el Puente de los Suspiros de Oxford durante el verano. Era una tarde de agosto en la que yo estaba recorriendo la ciudad con unas amigas, y en cada edificio bonito que encontrábamos, pedíamos a alguien que nos hiciera una foto a todas.

Cuando nos topamos con dicho puente, me acerqué a un chico y una chica que se habían detenido muy

cerca. Les pedí en inglés que nos hicieran una foto, y me contestaron con un inglés marcado por un clarísimo acento español, así que ya me pasé a hablarles en español directamente.

Me contaron que estaban estudiando unas semanas en la ciudad, respondí que yo también, nos hicieron una foto, les hice una foto a ellos y cada cual siguió su camino.

Así que aquella tarde de septiembre, estábamos él y yo, frente a frente, alucinando. En primer lugar, era increíble que nos hubiéramos reconocido (¿cómo era posible que recordáramos nuestras caras?), pero, por supuesto, era alucinante el hecho de que viviéramos en la misma ciudad y que hubiéramos coincidido de esa forma.

Nos intercambiamos los móviles y de ahí pasamos al mail. Hemos quedado varias veces para planes muy variados. Hemos tenido épocas de más conversación y épocas de “desaparición”. Podría decir que lo considero un gran amigo, y que nunca más he vuelto a creer en la casualidad.

Hoy es su cumpleaños. Felicidades.

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