El pingüino no paga

'Baby Penguin', por Me-Liss-A

‘Baby Penguin’, por Me-Liss-A

Lo lógico es que, al leer el título del post, ya pongáis esa cara de “¿en qué lío te has metido ahora?”.

Lo cierto es que el calorcito y la apertura de las piscinas me han recordado una de las anécdotas más curiosas y divertidas de mi vida. Todo ocurrió hace dos años cuando, en una visita al Aquópolis con dos amigas, decidieron comprarme un pequeño pingüino hinchable (el pingüino es uno de mis animales favoritos).

Esa tarde jugamos con él en la piscina de olas, y en cuanto decidimos que preferíamos volver a alguno de los múltiples toboganes, deshinchamos a mi querido pingüino, y ya no salió de la mochila hasta que llegué a casa, donde lo lavé y decidí que ocupara un cómico lugar protagonista en mis estanterías de la habitación (todo el que entra en mi cuarto se ríe cuando lo ve).

En septiembre, una de mis amigas nos invitó a la piscina de su urbanización a pasar el día. Como la susodicha vive un poquito lejos, es inevitable coger el autobús para ir, y me ofrecí para pagar el viaje a un amigo que, en el último momento, se dio cuenta de que se había dejado el abono de transportes en casa.

El pingüino hinchable se vino con nosotros, pero a la ida permaneció desinflado y doblado dentro de mi bolsa. En la piscina, fue el hazmerreír del socorrista, que tenía en la cara esa expresión de “lo que hay que aguantar, con lo mayorcitos que sois…”.

Sin duda, lo más divertido de la tarde fue el regreso. Al subir al autobús, yo llevaba en la mano a nuestro querido pingüinito, y el conductor se quedó alucinando porque, nada más entrar, piqué dos veces el billete (recordad que tenía que pagar el viaje del amigo olvidadizo, que había entrado al autobús justo detrás de mí).

Como ya digo, el conductor puso una cara de no haber visto nada tan extraño en su vida, y me dijo “Pero tranquila, que el pingüino no paga”.

Todos mis amigos (por supuesto, yo incluida) se echaron a reír a carcajadas, y me costó bastante explicarle que en realidad había usado el billete para el viaje de mi amigo…

Creo que al pobre hombre le costó concentrarse para conducir durante el resto del trayecto. También supongo que nuestras risas no ayudaban.

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