Casarse intelectualmente… y otros malentendidos

Casarse intelectualme

‘Wedding rings’, en CAPL

Mi historia de hoy trata de bromas, de ese tipo de bromas que comienzan un día cualquiera y que se convierten en parte de nuestro día a día. No sería la primera vez que soltamos un comentario extraño y nadie nos comprende. Cuando nos preguntan, contestamos: “nada, es una coña que tengo con mis amigos”.

Por poneros un ejemplo, tengo un amigo al que le propuse una vez un plan poco apetecible, y me contestó “no voy a ir, pero te apoyo con toda mi alma; yo te apoyo intelectualmente”. Con cada día que pasaba, la broma iba a más: “yo sabes que te quiero, pero solo intelectualmente”, “yo creo que deberíamos casarnos intelectualmente”, etc. Así que nada, ya estoy casada intelectualmente.

Lo “gracioso” (y también, problemático) de todas estas bromas ocurre cuando personas ajenas al círculo de amigos (como por ejemplo, tus padres) te escuchan decir comentarios de este tipo sin saber el contexto o el verdadero significado.

Hace tres años, durante una tarde de verano, estaba esperando, junto con un compañero, a una amiga con la que habíamos quedado. Cuando por fin llegó, mi compañero empezó a hacer comentarios sarcásticos del tipo “sí que has tardado; un poco más y no llego a la comunión de mis hijos”, etc. Todo aquello acabó con la historia de que, durante los años que estuvimos esperándola (sí, mi amigo es un poquito exagerado), habíamos decidido iniciar una vida en común y yo estaba esperando un hijo.

Pues bien, la historia fue tomando forma y pasé a llamarme Bea. Mi amigo puso en su estado del Messenger: “Bea, ¿cómo vamos a llamar a nuestro hijo?”…

Nunca, nunca dejéis que vuestros padres miren la pantalla del ordenador si se van a encontrar con cosas como esta. La madre de mi amigo lo vio por casualidad y le echó una bronca espectacular, pensando que su hijo era un adolescente pervertido que iba dejando embarazadas a las chicas por ahí…

A pesar de que mi amigo hizo todo lo posible por aclarar el malentendido y le explicó que detrás del pseudónimo “Bea” estaba yo, su madre no atendió a razones, y finalmente intervino el padre para tranquilizarla: “Pero mujer, que te está diciendo que es una broma con una amiga. ¿Cómo iba a dejar embarazada a una chica? Él no es un irresponsable”, etc.

Después de que todo se aclarara, mi amigo empezó a tener más cuidado con lo que escribe en el Messenger, y yo no he vuelto a sentirme cómoda en presencia de su madre. Creo que me guarda rencor…

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