¿Un café en el aeropuerto?

Café en el aeropuerto

‘Cup of Coffee’, fotografía de Ian Britton en Free Foto

Muchos habréis pensado, en más de una ocasión, que las historias del tipo “chico conoce chica” en las películas son demasiado fantasiosas. Es difícil esperar que alguna de esas situaciones se den en la vida real: simplemente hay que plantearse si hablaríamos con un completo desconocido en la calle, en el autobús o en el metro para pedirle su teléfono o invitarle a un café.

Quería contaros una anécdota divertida que me ocurrió en el metro de Madrid hace unas semanas, y espero convenceros de que la realidad supera a la ficción (nunca me había pasado nada parecido).

Era una tarde normal y corriente, pero había ido a la peluquería y, como me hicieron esperar mucho, tenía el tiempo muy justo para llegar a tiempo a mi clase en el gimnasio. Tuve suerte de entrar corriendo en el vagón del metro para volver a casa. Aunque un poco agobiada por las prisas y por la pequeña carrera, reparé en que un chico moreno y de pelo rizado que llevaba una maleta se fijó en mí. Si no recuerdo mal, sostuve su mirada durante unos instantes para luego enfrascarme en la lectura de mi libro (eterno compañero de viajes en el transporte público madrileño). Al fin y al cabo, ¿con cuántas miradas nos cruzamos a lo largo del día?

En cuanto llegué a mi estación, bajé del tren y me apresuré a subir las escaleras hacia el vestíbulo, pero escuché una voz que decía “Excuse me”… Me detuve, giré la cabeza y… Ahí estaba él, con su maleta, fuera del vagón y mirándome. Sí, las palabras en inglés eran para mí. Me preguntó amablemente cuál era el mejor trasbordo para ir al aeropuerto, así que decidí acompañarle por algunos de los pasillos (a veces el metro puede ser horriblemente enrevesado) y le expliqué muy detalladamente a qué andén tenía que ir.

Me agradeció la información, pero la cosa no quedó ahí. Me preguntó qué estudiaba y en qué universidad. Curiosamente, acabamos hablando del plan de estudios de España y de los tipos de carrera que se estudiaba en cada universidad de Madrid. Me contó que era alemán (de Berlín), me dijo su nombre y me explicó que estudiaba Ingeniería de Telecomunicaciones, y que había venido a Madrid para participar en un congreso sobre ingeniería de satélites en la Universidad Politécnica (toda esta información la pude comprobar porque me enseñó su credencial para acceder al congreso).

Después de un agradable rato, debió de detectar mi inquietud, porque me preguntó “¿tienes prisa, tienes clase ahora?”. Le contesté que tenía prisa porque me iba al gimnasio, a lo que añadió “¡Ah, al gimnasio! ¡Por eso se te ve tan sana y fuerte!”… (yo pensaba “Oh, Dios, qué forma tan sutil de tirar los tejos”). Añadió “Jo, qué pena. Pensaba pedirte que me acompañaras e invitarte a un café en el aeropuerto antes de irme”.

Aunque no os lo creáis, rechacé amablemente la oferta y me pidió mi mail para escribirme. Imaginaos la gran anécdota que le conté a mi monitor para excusar mi retraso en el gimnasio, jejejeje.

Voy a terminar mi post con una moraleja: estudiad inglés, que os servirá para ligar con ingenieros extranjeros y para tomar cafés en los aeropuertos…

Café en el aeropuerto

‘South Terminal Airport’, fotografía de Pam Brophy.

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