Réquiem por un cloroplasto

Cloroplasto

‘Transpirando la camiseta’, por Según de donde lo mires

A pesar del título del post, no resulta imprescindible entender bien qué es un cloroplasto para que encontréis divertida la anécdota que voy a contaros. No obstante, os explico brevemente que un cloroplasto es un orgánulo o “compartimento” de las células de las plantas, que contiene clorofila y que se encarga de hacer la fotosíntesis (es decir, de utilizar la energía de la luz solar para fabricar las sustancias necesarias para la planta).

Lo que voy a contaros tuvo lugar en el transcurso de 2.º de Bachillerato, en mi clase. Por si quedaba alguna duda, tengo que decir que yo estaba en el itinerario de Ciencias de la Salud, y muchos sentíamos (y seguimos sintiendo) auténtica pasión por la biología.

Más o menos hacia la mitad del curso, estábamos aprendiendo en profundidad los elementos, las características y las funciones de todos las partes de las células, y a menudo era necesario estudiar haciendo dibujos y esquemas. También era común en esa época que muchos solucionaran dudas sobre las asignaturas consultando a compañeros que se ofrecían amablemente a escribir (o dibujar) en la pizarra en los intercambios de clase.

El caso es que, un día, varios de mis compañeros dibujaron un enorme cloroplasto en la pizarra, con mucho detalle y con todos sus elementos perfectamente señalados. Tan orgullosos estábamos del resultado que incluso alguien dibujó un bocadillo en el que escribió “¡Hola!”… Y claro, teniendo un cloroplasto parlante de tiza, es comprensible que los alumnos de otros itinerarios nos llamaran “frikis de la biología”, ¿no os parece?

Continúo la historia para decir que el cloroplasto sobrevivió a un par de horas de clase, pero le llegó su fin al comenzar Química.

Una de las principales dibujantes de tal obra maestra había salido al baño en el intercambio de clase y regresó en el preciso momento en el que el profesor de Química (que además era nuestro tutor) terminaba de borrar los últimos trazos del dibujo.

Por increíble que parezca, en ese mismo instante, la susodicha compañera gritó dramáticamente “¡NOOOOO, EL CLOROPLASTOOOOO!” para, acto seguido, tomar conciencia de lo que había dicho. Se puso roja como un tomate, se tapó la boca y fue corriendo a su mesa mientras toda la clase se sumergía en una carcajada general que contagió también al profesor.

Durante aproximadamente un minuto, nadie fue capaz de articular palabra, y el primero en serenarse fue el profesor, que dijo amablemente: “Pero mujer, no te preocupes… Si quieres, yo te dibujo una mitocondria. Donde esté una mitocondria… ¡que se quite el cloroplasto!”, a lo que ella respondió, de broma: “Yaaa, pero es que el cloroplasto hablaba”… Y claro, carcajada general de nuevo.

Cuando por fin se calmó la situación, el profesor añadió “Lo que más gracia me ha hecho, es que te ha salido del fondo del alma eso de ¡Nooo, el cloroplastooo!”, y todos volvimos a reírnos una vez más.

En el examen de Biología de Selectividad, una de las opciones incluía dibujar un cloroplasto señalando todas las partes. Estoy segura de que todos los de clase la contestaron a la perfección, pero no sé si alguien recordó esa anécdota, como hice yo, que no pude evitar esbozar una sonrisa de oreja a oreja a pesar de la situación de máxima tensión en la que nos encontrábamos.

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