Ventanas voladoras

Ventanas voladoras

‘Window’, fotografía de Simon Tong

Nunca en la vida me había planteado los riesgos que conlleva tener una ventana en tu habitación.

No me refiero solamente a los vecinos desesperados que cotillean desde lejos intentando ver a alguien desnudo, ni a las señoras “radio-patio” que tan bien retrataba la serie Aquí no hay quien viva.

Resulta que, hace unos días, una amiga mía se cambió de piso porque no podía pagar un alquiler tan alto. Su “nuevo hogar” tiene menos metros cuadrados, pero gracias a ello es más barato.

Pues bien: el otro día quedé con algunos amigos para dar una vuelta, y el novio de la susodicha intentó contarme, sin poder contener la risa, que a mi amiga se le había caído la ventana por la ventana.

Evidentemente, mi cara parecía un poema mientras me relataba todo. ¿Desde cuándo una ventana se cae por la ventana?

Cuando por fin entendí la situación, no pude evitar unirme a las carcajadas generales: resulta que mi amiga había intentado abrir una ventana que se atascaba siempre, y, al hacer fuerza con la palanca, el marco se despegó de la pared [What the f*?] y se cayó, con cristal incluido, desde una altura de cinco pisos.

Evidentemente, cuando “la ventana” llegó al suelo del patio interior, se hizo añicos.

Mi amiga se quedó con el corazón en un puño, mirando hacia abajo y dando gracias a todas las fuerzas del universo y a todos los dioses de todas las religiones, porque en ese momento no había nadie en el patio.

Su novio estaba en otra habitación ayudándola con la mudanza y pensó que mi amiga “había roto algo”, pero los ojos se le abrieron como platos cuando vio el gigantesco agujero que había en la pared y la cara pálida de su novia, que parecía respirar con dificultad.

Él, como buen caballero, se acercó a ella para tranquilizarla, sin apenas contener la risa. Ella lo miraba inquisitivamente y le decía “no te rías, que me he llevado un buen susto”.

Para colmo, ocurrió algo propio de una película: él se acercó para tranquilizarla y darle un abrazo, y en ese mismo instante ella se desmayó “en brazos de su amado”. No recuperó la conciencia hasta un minuto después, cuando se despertó tumbada en su cama, con su novio sentado al lado y mirándola tiernamente mientras hacía verdaderos esfuerzos por no partirse de la risa otra vez.

En fin… Me habría gustado verlo.

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Un comentario en “Ventanas voladoras

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