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Una nueva etapa en el blog

¡Hola de nuevo!

'CCTV Camera', fotografía de Ian Britton

'CCTV Camera', fotografía de Ian Britton

Qué raro se me hace empezar de cero; o, mejor dicho, continuar por otro camino una aventura que empezó el 11 de mayo de 2010.

Mi vida en cámara oculta nació como un blog integrado en Gaceta Joven, pero después de todo este tiempo, y por motivos ajenos a mi voluntad, tiene que abrirse paso lejos del mencionado portal. Como se puede apreciar, este nuevo diseño tiene poco que ver con el original, porque me apetecía darle un nuevo aire al proyecto.

Tardaré un tiempo en transferir todo el contenido de un sitio a otro. De momento (este post está publicado el 21 de febrero de 2012), el contenido sigue disponible en la dirección anterior. Dentro de poco, los posts se borrarán de ahí y aparecerán aquí, con las mismas fechas y la misma información.

Tengo muchas ganas de empezar esta nueva etapa en mi loco diario de aventuras absurdas y anécdotas divertidas. Espero poder actualizarlo, como siempre, dos veces a la semana.

¡Gracias por estar aquí!

 
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Publicado por en 21/02/2012 in ¡Bienvenidos!

 

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Casarse intelectualmente… y otros malentendidos

Mi historia de hoy trata de bromas, de ese tipo de bromas que comienzan un día cualquiera y que se convierten en parte de nuestro día a día. No sería la primera vez que soltamos un comentario extraño y nadie nos comprende. Cuando nos preguntan, contestamos: “nada, es una coña que tengo con mis amigos”.

Por poneros un ejemplo, tengo un amigo al que le propuse una vez un plan poco apetecible, y me contestó “no voy a ir, pero te apoyo con toda mi alma; yo te apoyo intelectualmente”. Con cada día que pasaba, la broma iba a más: “yo sabes que te quiero, pero solo intelectualmente”, “yo creo que deberíamos casarnos intelectualmente”, etc. Así que nada, ya estoy casada intelectualmente.

Lo “gracioso” (y también, problemático) de todas estas bromas ocurre cuando personas ajenas al círculo de amigos (como por ejemplo, tus padres) te escuchan decir comentarios de este tipo sin saber el contexto o el verdadero significado.

'Wedding rings', en CAPL

Hace tres años, durante una tarde de verano, estaba esperando, junto con un compañero, a una amiga con la que habíamos quedado. Cuando por fin llegó, mi compañero empezó a hacer comentarios sarcásticos del tipo “sí que has tardado; un poco más y no llego a la comunión de mis hijos”, etc. Todo aquello acabó con la historia de que, durante los años que estuvimos esperándola (sí, mi amigo es un poquito exagerado), habíamos decidido iniciar una vida en común y yo estaba esperando un hijo.

Pues bien, la historia fue tomando forma y pasé a llamarme Bea. Mi amigo puso en su estado del Messenger: “Bea, ¿cómo vamos a llamar a nuestro hijo?”…

Nunca, nunca dejéis que vuestros padres miren la pantalla del ordenador si se van a encontrar con cosas como esta. La madre de mi amigo lo vio por casualidad y le echó una bronca espectacular, pensando que su hijo era un adolescente pervertido que iba dejando embarazadas a las chicas por ahí…

A pesar de que mi amigo hizo todo lo posible por aclarar el malentendido y le explicó que detrás del pseudónimo “Bea” estaba yo, su madre no atendió a razones, y finalmente intervino el padre para tranquilizarla: “Pero mujer, que te está diciendo que es una broma con una amiga. ¿Cómo iba a dejar embarazada a una chica? Él no es un irresponsable”, etc.

Después de que todo se aclarara, mi amigo empezó a tener más cuidado con lo que escribe en el Messenger, y yo no he vuelto a sentirme cómoda en presencia de su madre. Creo que me guarda rencor…

 
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Publicado por en 28/05/2010 in Pilladas

 

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¿Un café en el aeropuerto?

'Cup of Coffee', fotografía de Ian Britton en Free Foto

Muchos habréis pensado, en más de una ocasión, que las historias del tipo “chico conoce chica” en las películas son demasiado fantasiosas. Es difícil esperar que alguna de esas situaciones se den en la vida real: simplemente hay que plantearse si hablaríamos con un completo desconocido en la calle, en el autobús o en el metro para pedirle su teléfono o invitarle a un café.

Quería contaros una anécdota divertida que me ocurrió en el metro de Madrid hace unas semanas, y espero convenceros de que la realidad supera a la ficción (nunca me había pasado nada parecido).

Era una tarde normal y corriente, pero había ido a la peluquería y, como me hicieron esperar mucho, tenía el tiempo muy justo para llegar a tiempo a mi clase en el gimnasio. Tuve suerte de entrar corriendo en el vagón del metro para volver a casa. Aunque un poco agobiada por las prisas y por la pequeña carrera, reparé en que un chico moreno y de pelo rizado que llevaba una maleta se fijó en mí. Si no recuerdo mal, sostuve su mirada durante unos instantes para luego enfrascarme en la lectura de mi libro (eterno compañero de viajes en el transporte público madrileño). Al fin y al cabo, ¿con cuántas miradas nos cruzamos a lo largo del día?

En cuanto llegué a mi estación, bajé del tren y me apresuré a subir las escaleras hacia el vestíbulo, pero escuché una voz que decía “Excuse me”… Me detuve, giré la cabeza y… Ahí estaba él, con su maleta, fuera del vagón y mirándome. Sí, las palabras en inglés eran para mí. Me preguntó amablemente cuál era el mejor trasbordo para ir al aeropuerto, así que decidí acompañarle por algunos de los pasillos (a veces el metro puede ser horriblemente enrevesado) y le expliqué muy detalladamente a qué andén tenía que ir.

Me agradeció la información, pero la cosa no quedó ahí. Me preguntó qué estudiaba y en qué universidad. Curiosamente, acabamos hablando del plan de estudios de España y de los tipos de carrera que se estudiaba en cada universidad de Madrid. Me contó que era alemán (de Berlín), me dijo su nombre y me explicó que estudiaba Ingeniería de Telecomunicaciones, y que había venido a Madrid para participar en un congreso sobre ingeniería de satélites en la Universidad Politécnica (toda esta información la pude comprobar porque me enseñó su credencial para acceder al congreso).

'South Terminal Airport', fotografía de Pam Brophy.

Después de un agradable rato, debió de detectar mi inquietud, porque me preguntó “¿tienes prisa, tienes clase ahora?”. Le contesté que tenía prisa porque me iba al gimnasio, a lo que añadió “¡Ah, al gimnasio! ¡Por eso se te ve tan sana y fuerte!”… (yo pensaba “Oh, Dios, qué forma tan sutil de tirar los tejos”). Añadió “Jo, qué pena. Pensaba pedirte que me acompañaras e invitarte a un café en el aeropuerto antes de irme”.

Aunque no os lo creáis, rechacé amablemente la oferta y me pidió mi mail para escribirme. Imaginaos la gran anécdota que le conté a mi monitor para excusar mi retraso en el gimnasio, jejejeje.

Voy a terminar mi post con una moraleja: estudiad inglés, que os servirá para ligar con ingenieros extranjeros y para tomar cafés en los aeropuertos…

 
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Publicado por en 23/05/2010 in ¡De película!

 

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Réquiem por un cloroplasto

A pesar del título del post, no resulta imprescindible entender bien qué es un cloroplasto para que encontréis divertida la anécdota que voy a contaros. No obstante, os explico brevemente que un cloroplasto es un orgánulo o “compartimento” de las células de las plantas, que contiene clorofila y que se encarga de hacer la fotosíntesis (es decir, de utilizar la energía de la luz solar para fabricar las sustancias necesarias para la planta).

Lo que voy a contaros tuvo lugar en el transcurso de 2.º de Bachillerato, en mi clase. Por si quedaba alguna duda, tengo que decir que yo estaba en el itinerario de Ciencias de la Salud, y muchos sentíamos (y seguimos sintiendo) auténtica pasión por la biología.

Más o menos hacia la mitad del curso, estábamos aprendiendo en profundidad los elementos, las características y las funciones de todos las partes de las células, y a menudo era necesario estudiar haciendo dibujos y esquemas. También era común en esa época que muchos solucionaran dudas sobre las asignaturas consultando a compañeros que se ofrecían amablemente a escribir (o dibujar) en la pizarra en los intercambios de clase.

'Transpirando la camiseta', por Según de donde lo mires

El caso es que, un día, varios de mis compañeros dibujaron un enorme cloroplasto en la pizarra, con mucho detalle y con todos sus elementos perfectamente señalados. Tan orgullosos estábamos del resultado que incluso alguien dibujó un bocadillo en el que escribió “¡Hola!”… Y claro, teniendo un cloroplasto parlante de tiza, es comprensible que los alumnos de otros itinerarios nos llamaran “frikis de la biología”, ¿no os parece?

Continúo la historia para decir que el cloroplasto sobrevivió a un par de horas de clase, pero le llegó su fin al comenzar Química.

Una de las principales dibujantes de tal obra maestra había salido al baño en el intercambio de clase y regresó en el preciso momento en el que el profesor de Química (que además era nuestro tutor) terminaba de borrar los últimos trazos del dibujo.

Por increíble que parezca, en ese mismo instante, la susodicha compañera gritó dramáticamente “¡NOOOOO, EL CLOROPLASTOOOOO!” para, acto seguido, tomar conciencia de lo que había dicho. Se puso roja como un tomate, se tapó la boca y fue corriendo a su mesa mientras toda la clase se sumergía en una carcajada general que contagió también al profesor.

Durante aproximadamente un minuto, nadie fue capaz de articular palabra, y el primero en serenarse fue el profesor, que dijo amablemente: “Pero mujer, no te preocupes… Si quieres, yo te dibujo una mitocondria. Donde esté una mitocondria… ¡que se quite el cloroplasto!”, a lo que ella respondió, de broma: “Yaaa, pero es que el cloroplasto hablaba”… Y claro, carcajada general de nuevo.

Cuando por fin se calmó la situación, el profesor añadió “Lo que más gracia me ha hecho, es que te ha salido del fondo del alma eso de ¡Nooo, el cloroplastooo!”, y todos volvimos a reírnos una vez más.

En el examen de Biología de Selectividad, una de las opciones incluía dibujar un cloroplasto señalando todas las partes. Estoy segura de que todos los de clase la contestaron a la perfección, pero no sé si alguien recordó esa anécdota, como hice yo, que no pude evitar esbozar una sonrisa de oreja a oreja a pesar de la situación de máxima tensión en la que nos encontrábamos.

 
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Publicado por en 20/05/2010 in ¡Tierra, trágame!

 

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Ventanas voladoras

'Window', fotografía de Simon Tong

Nunca en la vida me había planteado los riesgos que conlleva tener una ventana en tu habitación.

No me refiero solamente a los vecinos desesperados que cotillean desde lejos intentando ver a alguien desnudo, ni a las señoras “radio-patio” que tan bien retrataba la serie Aquí no hay quien viva.

Resulta que, hace unos días, una amiga mía se cambió de piso porque no podía pagar un alquiler tan alto. Su “nuevo hogar” tiene menos metros cuadrados, pero gracias a ello es más barato.

Pues bien: el otro día quedé con algunos amigos para dar una vuelta, y el novio de la susodicha intentó contarme, sin poder contener la risa, que a mi amiga se le había caído la ventana por la ventana.

Evidentemente, mi cara parecía un poema mientras me relataba todo. ¿Desde cuándo una ventana se cae por la ventana?

Cuando por fin entendí la situación, no pude evitar unirme a las carcajadas generales: resulta que mi amiga había intentado abrir una ventana que se atascaba siempre, y, al hacer fuerza con la palanca, el marco se despegó de la pared [What the f*?] y se cayó, con cristal incluido, desde una altura de cinco pisos.

Evidentemente, cuando “la ventana” llegó al suelo del patio interior, se hizo añicos.

Mi amiga se quedó con el corazón en un puño, mirando hacia abajo y dando gracias a todas las fuerzas del universo y a todos los dioses de todas las religiones, porque en ese momento no había nadie en el patio.

Su novio estaba en otra habitación ayudándola con la mudanza y pensó que mi amiga “había roto algo”, pero los ojos se le abrieron como platos cuando vio el gigantesco agujero que había en la pared y la cara pálida de su novia, que parecía respirar con dificultad.

Él, como buen caballero, se acercó a ella para tranquilizarla, sin apenas contener la risa. Ella lo miraba inquisitivamente y le decía “no te rías, que me he llevado un buen susto”.

Para colmo, ocurrió algo propio de una película: él se acercó para tranquilizarla y darle un abrazo, y en ese mismo instante ella se desmayó “en brazos de su amado”. No recuperó la conciencia hasta un minuto después, cuando se despertó tumbada en su cama, con su novio sentado al lado y mirándola tiernamente mientras hacía verdaderos esfuerzos por no partirse de la risa otra vez.

En fin… Me habría gustado verlo.

 
 

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¡BIENVENIDOS A “MI VIDA EN CÁMARA OCULTA”!

'Welcome', imagen extraída de Chrome Blog.

He tenido encuentros totalmente inesperados.

He pensado “tengo que llamar a alguien” y dos segundos más tarde me ha llamado esa persona.

He conocido un caso de una ventana que se cayó por la ventana.

He estado en un festival de música en el que olía a mierda porque habían echado abono en el suelo (para colmo, los de Coldplay vacilaban al público).

Me he bañado en el Mar Cantábrico en una playa orientada al sur.

Y sí, me identifico con muchas de las situaciones extrañas que definen los grupos del Facebook.

Seguro que muchos de vosotros habéis pensado alguna vez eso de “Lo que no me pase a mí… ¡no le pasa a nadie!”. Pues bien: os equivocáis. Estoy segura de que esa aventura increíble le ha ocurrido a mucha gente.

Las anécdotas más divertidas nos ocurren en el día a día, cuando menos lo esperamos. Y no solo nos sorprenden, sino que nos encanta contárselas a todo el mundo. A menudo nos da rabia que no hubiera nadie grabando en ese momento, pero… ¡Para eso estoy yo, vuestra nueva Cámara Oculta!

En este blog voy a compartir con todos vosotros (adolescentes, jóvenes y no tan jóvenes), situaciones absurdas que me ocurran al intentar llevar una vida más o menos normal.

Quizá quiera escribiros de un estreno de cine y me sorprendan las ofertas que encuentre para el precio de la entrada, pero puede que me detenga  más en contaros curiosidades de la vida del director o en narrar el increíble batacazo de mi amigo en las escaleras de la entrada de la sala.

También pueden pasar muchas cosas inesperadas a lo largo de un día o de una semana, y las compartiré con vosotros para intentar (y, espero, conseguir) arrancaros alguna carcajada.

En este extraño y apasionante viaje por mi rutina (el día a día de una estudiante universitaria un poquito hiperactiva), espero vuestras sugerencias y vuestras aportaciones. Comentad en los posts si os sentís identificados con lo que cuento, y escribidme si os apetece que publique alguna de vuestras anécdotas más divertidas.

Bienvenidos a bordo.

 
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Publicado por en 11/05/2010 in ¡Bienvenidos!

 

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